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Enseñan desde la escuela que la figura de hugo Chávez debe ser venerada

Expertos afirman que en los libros de la Colección Bicentenario se tergiversa la historia de Venezuela

Critican que en los textos chavistas hay "omisiones históricas importantes y tergiversaciones dolosas". Foto EDH / archivo

Critican que en los textos chavistas hay "omisiones históricas importantes y tergiversaciones dolosas". Foto EDH / archivo

Critican que en los textos chavistas hay \"omisiones históricas importantes y tergiversaciones dolosas\". Foto EDH / archivo

CARACAS. Según el diario español ABC, en Venezuela, el culto a la memoria de Hugo Chávez ya no se limita a las visitas a su tumba y los souvenires, sino que se ha extendido a escala nacional, emulando a Corea del Norte, propagando su pensamiento, sembrando estatuas y adoctrinando a los venezolanos desde la escuela con textos escolares.

La periodista española Lumila Vinogradoff relata que la propaganda chavista obliga a su poderosa red de estaciones de radios a poner el himno nacional cantado por Chávez a las 6 de la mañana para despertarlos con el "gloria al bravo pueblo" o sorprender con su inconfundible voz a los alcaldes opositores que se reunieron la semana pasada con Nicolás Maduro en el Palacio de Miraflores.

Pero además, el pensamiento único del que tanto gustaba alardear en vida el exgobernante también se expresa en los textos escolares o en los ordenadores, llamados "canaimitas", que el Ministerio de Educación entrega a los niños como un regalo del "comandante supremo" porque todos (unos 8 millones de escolares matriculados) son considerados "hijos de Chávez".

La Colección Bicentenario, una serie de libros escolares que el Estado reparte en las escuelas públicas, reinventa el modo en que niños y jóvenes estudian la historia reciente del país.

Para este año escolar el gobierno venezolano ha regalado 35 millones de libros educativos editados en Cuba y los maestros han denunciado que su contenido es ideologizante y adoctrinador.

En el libro Historia de Venezuela Contemporánea, una asignatura que se imparte en el cuarto año de bachillerato se lee en el primer capítulo de la primera unidad lo siguiente: "Cuando entramos a la segunda mitad del siglo XIX ya podemos ir hablando de una contemporaneidad venezolana, cuyas raíces las hemos encontrado en un estilo americano que llegaba de Estados Unidos de América desde 1824. Avanzamos este dato para que el lector esté pendiente de su reaparición más adelante en el marco de las relaciones comerciales de Venezuela con el exterior".

Según el diario El País, esta sentencia marca el tono del texto de 272 páginas, publicado por primera vez en 2011 y reeditado por tercera vez en 2013. Este libro es uno de los 70 encargados a los autores de la Colección Bicentenario, que abarcan desde la educación inicial hasta el último año de educación media.

No solo Estados Unidos, al que en la página 169 se le compara con el III Reich, se convierte en la gran bestia negra que impidió la consolidación de una república libre. Los gobiernos anteriores al chavismo –el período de 40 años transcurrido entre 1958, cuando cayó la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, y la victoria de Hugo Chávez, en 1998- son a lo largo de la obra los principales responsables de la tragedia nacional, contenida apenas por la aparición del comandante Chávez.

Construida a base de manipulaciones históricas, de protagonistas desconocidos, la relectura de la historia que propone el Gobierno en las escuelas del Estado promueve la adoración del exgobernante y la satanización de todo aquello que no comulgue con sus intereses.

"Una primera observación es que los libros no están adecuados ni al programa del año 1997 de Educación Básica ni al currículum llamado bolivariano. En muchas oportunidades, las lecturas, los ejercicios o los ejemplos son manipulaciones para ensalzar al actual régimen o para hacer culto a la personalidad", afirmó el profesor Mariano Herrera, coordinador del área de Educación de la Mesa de la Unidad, en un artículo publicado por el diario Tal Cual en octubre.

Tulio Ramírez, profesor de la Universidad Central de Venezuela, es el que ha desglosado el contenido chavista en la Colección Bicentenaria de los textos de enseñanza de matemáticas, castellano, ciencias sociales, ciencias naturales e historia contemporánea de Venezuela, desde la primaria hasta la secundaria en los planteles públicos.

"El gobierno ha sido coherente en cuanto a que la educación es ideologizante", señaló Ramírez quien, sin embargo, considera que "una cosa es transmitir valores y otra usar la educación de manera perversa para que un sector de la sociedad imponga en otro sector una manera de pensar".

Puso el ejemplo del libro de matemáticas de sexto grado. "Las tortas que se usaban para explicar a los niños las operaciones con fracciones, se cambiaron por cuartos y medios kilos de café que vende Mercal" (mercado público) inaugurado por Chávez. Como método para aprender múltiplos se usaba el número de pastillas que a "la abuela Lola" le regalaron en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) atendido por cubanos.

"En el texto de matemáticas, aparte de tener algunas fallas didácticas, en la contextualización siempre se carga con los logros de la gestión de Chávez. ¿Cuántos metros hay desde tu casa al Mercal más cercano?, por ejemplo", puntualizó el especialista.

El alto contenido ideológico partidista de los libros ha sido denunciado por docentes investigadores que coinciden en que "se está sesgando la Historia. Más que un texto escolar parece un panfleto, un documento doctrinario para formar militantes", sostiene Ramírez al señalar que a partir del quinto grado se enfatiza en la óptica chavista y sus conceptos de resistencia indígena, Escuela Bolivariana, patria, afro descendiente, burguesía y líderes comunales para hablar de quienes integran la comunidad.

Exageraciones y omisiones

En el caso del contenido histórico explica que está lleno de "exageraciones, tergiversaciones y omisiones importantes". Del primer tipo basta con mencionar que nueve periodos presidenciales se trataron en 20 páginas, mientras que el del exgobernante Chávez abarcó 26.

"A esa edad (entre 10 y 12 años) los contenidos se alojan en la conciencia y luego son muy difíciles de desaprender", afirma Ramírez. Eso ineludiblemente deja huella en la sociedad. "Quedan cicatrices. Porque el proceso de descubrir que Chávez no era un héroe sino un corrupto es traumático", dice.

En cuanto al nivel de la educación venezolana, criticó que "el gobierno se ha negado a someterse a pruebas internacionales para ver el estado de la educación en el país". "La solución que ha conseguido el gobierno es promediar las notas, no ven física, química ni matemáticas y se les pone la nota de las materias que sí han visto. Es un promedio mentiroso", concluyó.

Contra críticas

La ministra venezolana de Educación, Maryann Hanson, justifica la impronta del fallecido Chávez en el sistema educativo del país y defiende que en los textos escolares aparezca el "comandante supremo" porque él fue el "autor" de los libros.

"Él mismo revisaba los contenidos, y nos dio la pauta en términos de corrección de imágenes, de revisión de cosas, de datos históricos (...) entonces él es el autor de los libros, por eso aparece, hay que darle los créditos a quien los tiene y él los tiene", dijo Hanson en septiembre pasado.

La ministra salió al paso a críticas que han surgido desde la oposición y sectores académicos que aseguran que los textos tienen contenido que "adoctrina" sobre la llamada "revolución bolivariana" que predicó Chávez, muerto de cáncer el 5 de marzo pasado.

"Ellos se quejan de que aparece Chávez, ellos nos acusan de que nosotros le rendimos culto al comandante supremo y nosotros vamos a decir: 'Si él es la persona que ha recuperado todo el ideario bolivariano ¿por qué nosotros no lo vamos a colocar allí?'", apuntó al reconocer que "yo sí soy fiel a Chávez y, sí, le rindo culto, ¿y qué?, ese es mi problema", dijo retando la ministra.

En una entrevista concedida al diario oficialista Correo del Orinoco el pasado mes de octubre, la profesora América Bracho, coordinadora de los textos de ciencias sociales de la Colección Bicentenario, aseguró en una entrevista que no había nada que temer en los 35 millones de textos que distribuye gratuitamente el Gobierno.

"Con los libros se busca la libertad de pensamiento", asegura. Y más adelante afirma: "Aquí no impone nadie. Los puede usar cualquier niña, niño o adolescente, sea cual sea la posición política de su familia. Acá se dice lo que otros libros omiten: las verdades que no les convienen".

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