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Divisiones frente a política cubana de Obama en EE.UU.

Luego de más de 50 años sin relaciones diplomáticas, Obama dijo que levantará parcialmente las restricciones económicas y de viajes a la isla y buscará la colaboración del Congreso para poner fin al embargo comercial

Desde la izquierda, los representantes Chris van Hollen, Patrick Leahy, demócratas y Jeff Flake, republicano hablan en conferencia de prensa en Washington

Desde la izquierda, los representantes Chris van Hollen, Patrick Leahy, demócratas y Jeff Flake, republicano hablan en conferencia de prensa en Washington

Desde la izquierda, los representantes Chris van Hollen, Patrick Leahy, demócratas y Jeff Flake, republicano hablan en conferencia de prensa en Washington

Los opositores a la inesperada medida del presidente Barack Obama de avanzar hacia el restablecimiento de las relaciones con Cuba tienen escasas posibilidades de impedir sus esfuerzos en el Congreso.

Su iniciativa enfrenta una oposición enérgica y provocó divisiones en ambos partidos. Las críticas provinieron sobre todo de republicanos, quienes dicen que la medida gratifica las políticas cubanas de represión, abusos de los derechos humanos y agresión, pero también hubo voces disidentes entre demócratas influyentes.

Los opositores hablaron de congelar los fondos necesarios para instalar una embajada en La Habana, bloquear la designación de un embajador y otras medidas similares. Pero si pudieran aprobar una ley en contra de la medida de Obama, el presidente podría vetarla y no habría votos suficientes en el Congreso para anular un veto.

Si bien los republicanos controlarán las dos cámaras a partir del 6 de enero, habrá fuertes presiones de exportadores y el sector agrario -que verán oportunidades para comerciar con Cuba- para que los legisladores no obstaculicen la ampliación de las relaciones.

La Cámara de Comercio invirtió 35 millones de dólares en las elecciones de noviembre para llevar al Congreso a legisladores proempresariales, principalmente republicanos. Su presidente, Thomas J. Donohue, dijo el miércoles que la medida de Obama "serán un gran avance para permitir el florecimiento de la libre empresa".

Luego de 54 años sin relaciones diplomáticas, Obama dijo que levantará parcialmente las restricciones económicas y de viajes a la isla y buscará la colaboración del Congreso para poner fin al embargo comercial. Lo hizo después de un intercambio de prisioneros: el contratista estadounidense Alan Gross y un espía cubano presos en Cuba a cambio de tres espías cubanos presos en Miami.

El senador demócrata Patrick Leahy, uno de los tres legisladores que fueron a Cuba para acompañar el regreso de Gross, elogió la medida de Obama.

Leahy, el demócrata de mayor jerarquía en la comisión que supervisa la ayuda exterior, dijo que durante años ha escuchado al Congreso decirle a los presidentes, "sean inflexibles con Cuba, que los Castro caerán en cualquier momento".

"Se lo dijeron al presidente Kennedy, al presidente Johnson, al presidente Nixon, al presidente Ford, al presidente Carter... ya ven a qué me refiero", dijo Leahy. "El hecho es que siguen ahí. El hecho es que Cuba sigue ahí".

Pero el presidente saliente de la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el también demócrata Bob Menéndez, se opuso a la nueva política hacia Cuba.

Menéndez, hijo de inmigrantes cubanos, dijo que el régimen no va a cambiar simplemente porque Obama cree que si les tiende la mano, los hermanos Castro "abrirán sus puños".

La libertad de Gross "no fue un acto humanitario del régimen de Castro", dijo Menéndez. "Fue el intercambio de espías condenados a cambio de un estadounidense inocente".

También hubo divergencias del lado republicano.

El senador Marco Rubio, cubano-estadounidense y posible aspirante a la candidatura presidencial republicana, dijo que la nueva política ayudaría a la economía cubana, algo que "el régimen de Castro necesita para asegurar su permanencia en Cuba durante las próximas generaciones".

Pero el senador Jeff Flake, quien también fue a Cuba para acompañar el regreso de Gross, dijo que no se debe considerar la medida de Obama como una concesión.

"Tengo la sensación de que la mayoría de mis colegas piensan que ya era hora" de adoptar una posición más moderada hacia Cuba. "La medida sin duda es correcta, y a una medida correcta generalmente sigue una política correcta", dijo Flake.

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