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Correa pierde poder tras elecciones municipales

Analistas culpan al gobernante ecuatoriano de la derrota de su partido

El gobernante ecuatoriano, Rafael Correa; el alcalde de Quito, Augusto Barrera (i); y el vicepresidente, Jorge David Glas (d). foto edh /efe

El gobernante ecuatoriano, Rafael Correa; el alcalde de Quito, Augusto Barrera (i); y el vicepresidente, Jorge David Glas (d). foto edh /efe

El gobernante ecuatoriano, Rafael Correa; el alcalde de Quito, Augusto Barrera (i); y el vicepresidente, Jorge David Glas (d). foto edh /efe

ECUADOR. El gobernante Rafael Correa aún intenta digerir la derrota que el domingo pasado le propinó la oposición, que le arrancó las alcaldías de las principales ciudades del país.

Los opositores hablan de la derrota del oficialismo y de la pérdida del liderazgo de Correa. Los gobiernistas, por su parte, hablan de errores de campaña y rectificaciones, pero no aceptan una derrota.

Lo cierto es que las alcaldías de cuatro de las más importantes ciudades del país: Quito, Cuenca (considerada un bastión del oficialismo), Santo Domingo y Manta le fueron arrebatadas por la oposición al movimiento gobiernista Alianza País (AP), y en otras como Guayaquil y Machala, el discurso oficial no caló y la derecha siguió al frente.

Vale aclarar que las ciudades que perdió el oficialismo representan una buena cantidad de habitantes que pueden influir en cualquier votación: Quito, con 2.2 millones de habitantes; Guayaquil, 2.3 millones de habitantes; Cuenca (la tercera ciudad de Ecuador) con 712 mil.

Para Correa, perder Quito es una dura derrota, tomando en cuenta su implicación en la campaña. De hecho pidió licencia a la Asamblea Nacional en hasta cuatro ocasiones para acompañar a los candidatos de su partido.

De las 10 ciudades con mayor población del país según el último censo, las fuerzas gobiernistas solo lograron ganar en una: Durán.

Los analistas coinciden en que este retroceso de Alianza País ha influido el hecho de que la campaña del Gobierno dejó de lado las particularidades de lo local para enfocarse en lo nacional. Al ser Correa la imagen de la campaña, los candidatos locales de su partido perdieron identidad local y, con ello, la simpatía de sus conciudadanos. "Correa anuló la imagen de los candidatos", sostiene Sebastián Mantilla.

Pero para Correa es equivocado considerar que estas elecciones seccionales reflejan un voto en contra del gobierno. "Una cosa es lo local, otra cosa es lo nacional. Es una lógica totalmente distinta", sostuvo el mandatario, al asegurar que "el proyecto nacional tiene un inmenso apoyo".

Errores

Sin embargo, varios analistas coinciden en que fue el propio Correa quien durante la campaña electoral vinculó las elecciones seccionales con el futuro de su llamada "revolución ciudadana" (el plan socialista que encabeza), al reiterar que un resultado negativo, especialmente en Quito, podría poner "en peligro el proyecto" político.

Julio Echeverría, catedrático de la Universidad Central del Ecuador, dice a BBC Mundo que si bien lo nacional y lo local representan dimensiones distintas de la política, el gobernante se contradice frente a lo que fue su "presencia avasallante" en la campaña para el gobierno local.

"La política nacional intentó sobreponerse sobre la especificidad de la política local -en este caso de Quito- y eso enervó los sentimientos de autonomía que ha venido caracterizando siempre a la capital respecto del gobierno central", señala el analista político.

El analista político Jorge León afirma que el domingo se produjo en Ecuador una "doble derrota" para el oficialismo: "Es una derrota para Alianza País, pero también para el primer promotor de la campaña: Rafael Correa".

León sostiene que incluso el triunfo en Quito del candidato a la alcaldía por la alianza Suma-Vive, Mauricio Rodas, tiene en gran parte que ver con "un voto de rechazo y contestatario a Correa y a Alianza País, más que una adhesión total a Rodas".

El politólogo Vladimir Serrano afirma que "las actitudes autoritarias que intentaron callar a la prensa", es uno de los factores que llevaron al proyecto oficialista a perder.

El académico Teodoro Bustamante dijo al diario español ABC que "el aparato del Gobierno se quedó sin gasolina y se paró". En realidad, si se considera que recién, un año atrás, Correa ganó ampliamente las elecciones presidenciales, para el período 2013-2017, copando con mayoría absoluta la Asamblea Nacional, los resultados del domingo son una "gran derrota".

La lista de errores sigue, dicen los observadores y sostienen que la pérdida es producto de un año de decisiones erradas y de acciones al filo de la ley. Enumeran los juicios contra los luchadores sociales, que fueron procesados; la Ley de Comunicación que restringe la libertad de expresión; la decisión de explotar el petróleo del Yasuní, reserva de la biosfera y residuo del Pleistoceno; una larga disputa con los médicos por artículos de un Código Integral Penal castigador; la sanción a un caricaturista e, incluso, el lenguaje agresivo de Correa en sus informes semanales de los sábados.

La interrogante de cómo será la relación con las autoridades de la oposición elegidas es lo que se plantea ahora. Mauricio Rodas que logró la alcaldía de Quito, indicó estar dispuesto a trabajar con el presidente y con todas las autoridades. Pero Correa reveló no conocer a Rodas, aunque sí al equipo que está detrás de él que, afirmó "tiene relación con el fascismo de Venezuela".

Del triunfo de Jaime Nebot, su mayor rival, como alcalde de Guayaquil, Correa se abstuvo de mencionar algo. Respecto al de Cuenca y del alcalde elegido, Marcelo Cabrera, de una alianza local, lo reconoció como su "amigo" y reveló que, incluso, alguna vez quiso que integrara su Gobierno.

Con este panorama, la oposición, que disfruta de haberle quitado la hegemonía en los municipios de buena parte del país, deberá sopesar su relación con el poder central, pues, aunque se trate de gobiernos autónomos, son económicamente dependientes.

—AGENCIAS.

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