Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Chile elige presidenta socialista o de derecha

Sobre el aborto y homosexuales las ideas de ambas son antagónicas

Las candidatas presidenciales cerraron sus campañas el jueves. Ayer inició el silencio electoral para reflexionar el voto de mañana. foto edh /Reuters/AP

Las candidatas presidenciales cerraron sus campañas el jueves. Ayer inició el silencio electoral para reflexionar el voto de mañana. foto edh /Reuters/AP

Las candidatas presidenciales cerraron sus campañas el jueves. Ayer inició el silencio electoral para reflexionar el voto de mañana. foto edh /Reuters/AP

CHILE. Si las elecciones presidenciales de mañana las gana la socialista Michelle Bachelet como se prevé, deberá sortear enormes presiones para hacer cambios estructurales en el sistema electoral, los impuestos y la educación.

La candidata tendría la histórica oportunidad de cambiar la Constitución chilena que legó Augusto Pinochet para sofocar las presiones populares y estudiantiles que quiere darles participación electoral a partidos minoritarios, aumentar las jubilaciones, gravar con más impuestos a empresas y reformar la educación superior para que sea pública, gratuita y de mejor calidad.

La viabilidad de su programa depende de los votos que negocie en el Congreso y que se sumen a la mayoría parlamentaria que obtuvo en las elecciones parlamentarias de noviembre, pues algunas reformas tienen que superar un umbral de votación de dos tercios de los votos porque la dictadura dejó amarrados los cambios constitucionales a esas altas votaciones.

La casi certeza del triunfo de la exmandataria proviene del 47% de sufragios que obtuvo en la primera vuelta electoral de noviembre frente al 25% de su rival oficialista, Évelyn Matthei, que en su acto de cierre de campaña reconoció que si gana "va a ser un milagro".

La coalición de centroizquierda de Bachelet obtuvo 21 de 38 senadores y 68 de 120 diputados.

Ahora es la líder del "bacheletismo" y logró ampliar su coalición al incluir al Partido Comunista.

Matthei, rival conservadora de Bachelet, se opone a las reformas que ha prometido su contrincante. Dice que la educación gratuita para el 10% más rico de la población implicará un derroche de $3,500 millones anuales y que los cambios tributarios afectarán a pequeñas y medianas empresas.

Otras políticas que separan diametralmente a las candidatas es el aborto. Mientras Bachelet es partidaria de legalizarlo cuando la vida de la mujer corra peligro, o el feto no sobreviva o cuando el embarazo sea producto de una violación, Matthei se opone.

El matrimonio homosexual no es rechazado por Bachelet pero si por Matthei, que apoya legalizar y regular las uniones de personas no casadas, sean homosexuales o heterosexuales. Bachelet dice que someterá el tema a una consulta popular. Según los resultados, presentaría un proyecto de ley.

"Se equivocan quienes creen que yo no quiero cambios, yo quiero cambios revolucionarios en la vida diaria de las personas", dijo en un debate televisado el martes. Agregó que no quiere que el Congreso pierda el tiempo discutiendo reformas constitucionales.

El primer gobierno de Bachelet, pediatra, agnóstica, separada y con tres hijos, se caracterizó por ampliar los beneficios sociales al dar salud gratuita a mayores de 60 años, aumentar las pensiones y ofrecer una jubilación a las amas de casa.

Pero también enfrentó protestas de los estudiantes de secundaria cuyas demandas no resolvió porque desmovilizó el movimiento creando un comité que no satisfizo las demandas de aquella época.

También enfrentó la ira de la Iglesia católica por permitir la distribución de la píldora del día después.

Pero las críticas no afectaron la votación de Bachelet en un país de 17 millones de personas, cada vez más secular, antes considerado el más conservador de América Latina. —AGENCIAS.

Lea además
Abrimos este espacio para el fomento de la libre expresión, que contribuya al debate y a la crítica constructiva. Te invitamos a hacer buen uso y a leer las normas de participación