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Brasil era una olla de presión que explotó

Diversos análisis apuntan a que se generó resentimiento y no hubo espacio para dialogar

Miles salieron a protestar esta semana en Belo Horizonte por los malos servicios públicos de transporte, la educación y la salud en Brasil. foto edh / archivo

Miles salieron a protestar esta semana en Belo Horizonte por los malos servicios públicos de transporte, la educación y la salud en Brasil. foto edh / archivo

Miles salieron a protestar esta semana en Belo Horizonte por los malos servicios públicos de transporte, la educación y la salud en Brasil. foto edh / archivo

SAO PAULO. Desde mediados de los años 80, en Brasil no se habían visto protestas como las que están aconteciendo, pero durante ese lapso el país se convirtió en una olla de presión que explotó.

Las jornadas en las que se han contabilizado ya millones de brasileños han salido a las calles a protestar por las alzas al transporte publico, por la deficiente infraestructura educativa y la mala calidad de la educación, por los paupérrimos servicios públicos de salud y por la corrupción, indica un artículo de la Agencia mexicana de información y análisis Quadratin.

Otro análisis de la BBC plantea que la convulsión que vive el país carioca va más allá del descontento por el al aumento del precio de autobús, metro y tren, dispuesto a inicios de junio, de tres reales ($1.40) a 3.20 ($1.50). Eso sólo fue la chispa que desató la ira de los brasileños.

Pero a medida que se desarrollaron las protestas, un nuevo incentivo surgió para que muchos brasileños salieran a las calles: las tácticas policiales para frenarlas.

Según analistas consultados por BBC, los enfrentamientos muestran un desconcierto de las autoridades brasileñas para lidiar con protestas callejeras atípicas en este país y exponen una herencia que la policía arrastra del gobierno militar (1964-1985).

En sus interpretaciones de las causas de las protestas, los sociólogos y politólogos destacan la insatisfacción de los jóvenes con el gobierno y con las condiciones de vida en las grandes ciudades.

"Hay una especie de malestar generalizado, sin un enfoque claro. Hay una especie de resentimiento y frustración de orden social, alimentada por un estilo de gestión que no ofrece un diálogo público", le dijo a BBC Brasil el sociólogo Gabriel Cohn.

Es así como al aumento del transporte público ahora se suma a una gama de temas que han provocado descontento entre los brasileños.

Uno de ellos es el alto costo de organizar la Copa Confederaciones de Fútbol (en plena celebración) y de la Copa de la FIFA 2014 son cuestionados, pues los manifestantes aseguran que mayores inversiones son necesarias en los sectores de la educación y la salud.

Gary Duffy, editor de la BBC en Brasil, señaló que la corrupción política también está presente en la agenda de los movilizados.

"Algunos políticos son acusados de otorgarse salarios altos y nombrar a familiares en puestos de trabajo inexistentes en la capital", indicó el periodista.

Entre las manifestaciones pacíficas y violentas, lo que parece evidente es la profunda división que hay entre muchos brasileños y los políticos.

Pero ¿quién está detrás de las protestas?

La cuestión de quién organizó inicialmente las protestas intriga a políticos y analistas, ya que se trata de un fenómeno sorpresivo en Brasil.

Lejos de ser algo nuevo, el Movimiento Pase Libre (MPL), que usó las redes sociales para su convocatoria, cobró forma en 2005, primero para reclamar libre acceso al transporte público para estudiantes y luego para todos.

Se define como un grupo autónomo y sin partido político, algo que parece haberlo ayudado en las protestas: una encuesta de Datafolha indicó que 84 % de los 65 mil manifestantes el lunes en Sao Paulo carece de preferencias partidarias.

Sin embargo, el propio MPL ha reconocido que no tiene control completo de las manifestaciones ni de los grupos involucrados, algo que ha quedado en evidencia a medida que las manifestaciones han estado creciendo.

Por otro lado, "¿Copa para quién?" es un movimiento social que protesta por el impacto de las obras del Mundial y los Olímpicos de 2016 en barrios humildes en riesgo de desalojo o ya desplazados.

Lo que sí es nuevo en Brasil es el apoyo masivo que han tenido en las calles estos reclamos, pese a la falta de una única estructura orgánica para canalizarlos.

Aunque Alberto Almeida, experto en opinión pública del Instituto Análise, en Sao Paulo, señala que las protestas son impulsadas por "radicales de izquierda" que buscan explotar políticamente el descontento por los precios del transporte urbano, según el reporte de la BBC.

El descenso de Rousseff

La BBC también indica, según expertos, que el liderazgo político no veía venir el surgimiento de un fenómeno social que cada semana cobra más fuerza.

Y publica que dos encuestas realizadas la semana pasada mostraron caídas en los niveles de aprobación de Rousseff desde que asumió el poder en 2011.

El primer descenso fue de ocho puntos: de 64 % de aprobación en marzo a 57 % en junio, según el sondeo de Datafolha citado por el medio.

Y ABC de España publica que según una encuesta difundida ayer, la presidenta brasileña ha bajado 27 puntos, es decir del 57 % pasó al 30 %, durante la ola de protestas sociales que vive el país desde el pasado 10 de junio.

Además extraña que Brasil esté atravesando por una convulsión como la actual, porque se le considera como una de las principales economías del mundo y es integrante —junto a Rusia, India, China y Sudáfrica— de los BRICS, las naciones emergentes más poderosas del mundo. Y tanto el Mundial de 2014 como las Olimpiadas de 2016 son parte de las banderas que la nación sudamericana enarbola.

Pero para muchos brasileños, el aumento de las expectativas económicas no tiene ninguna relación con los resultados reales, indica BBC.

Pese a las mejoras de infraestructura en algunas ciudades, la delincuencia continúa siendo un grave problema.

Similar análisis hace el periódico El Comercio, de Ecuador en su artículo "¿Qué le pasó a Brasil?"

Allí plantea que el pacífico gigante sudamericano, convertido en modelo de país emergente que había planeado su apoteosis planetaria con la Copa del Mundo 2014 y las Olimpíadas de 2016, vive una explosión de ira de multitudes en sus calles, que estigmatizan a sus políticos por ineficiencia y corrupción.

Y que por eso es que las manifestaciones cuestionan la imagen de un país que reducía la pobreza, crecía y que había ganado una destacada proyección internacional, fruto de una euforia alimentada por los éxitos que Brasil cosechó tras el ascenso al poder del popular obrero metalúrgico, Luiz Inacio Lula da Silva en 2003.

También destaca que los años de escándalos de corrupción que afectaron a casi todo el espectro políticos y partidos, incluído el gobernante Partido de los Trabajadores (PT) , se mezclaron con la falta de servicios y crearon " un abismo entre la sociedad civil y la política", según evaluó a la AFP Chico Alencar, diputado del partido Socialismo y Libertad que se escindió del PT.

Y El Mundo de España indica que la protesta en Brasil es diferente a las de otras regiones porque se han juntado empresarios de corbata con gente de favela; no tienen una meta fija, sino que hay diversas exigencias acumuladas.

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