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Tres emprendedores que apuestan por sus sueños

Son tres salvadoreños que han transformado los obstáculos en oportunidades para crecer

La creatividad de Jessi Molina, de Lilu Jabones, no tiene límites, todos los días crea algo nuevo. Foto EDH / Mauricio CÁceres

La creatividad de Jessi Molina, de Lilu Jabones, no tiene límites, todos los días crea algo nuevo. Foto EDH / Mauricio CÁceres

La creatividad de Jessi Molina, de Lilu Jabones, no tiene límites, todos los días crea algo nuevo. Foto EDH / Mauricio CÁceres

Miguel, Jessi y Pablo no se conocen; pero tienen varias cosas en común. Son profesionales y además microempresarios, comenzaron con un capital casi nulo —ninguno invirtió más de $50 al inicio— y en rubros casi desconocidos y ahora ven los frutos de un esfuerzo que costó desvelos, interminables horas de trabajo, pérdidas de dinero y muchos obstáculos que vencer.

Lo común entre ellos es su lucha por abrirse campo en áreas arriesgadas, con mucho viento en contra, pero con la convicción de alcanzar el éxito empresarial.

Ayudando a otros a crecer

A sus 24 años, Pablo Alas ha montado la empresa "Alas &Córdova", que enseña a otros a convertirse en empresarios.

Así de simple, su rubro es la enseñanza de cursos de montajes de eventos con flores, dulces, globos y más. Ya ha graduado a unas 200 personas, de las que al menos una cuarta parte ahora es dueña de sus propios negocios.

Su madre, con más de 15 años en el área de montaje de eventos y dueña de la empresa Corpamisa, le enseñó desde niño que ser su propio jefe era la mejor y más conveniente forma de ser feliz. "No de hacerme rico", aclara, "pero sí de gozar lo que hago".

Graduado en Comunicaciones, comenzó a los 19 años a enseñar a otros a hacer figuras con globos, tarea que aprendió mientras ayudaba a su mamá.

Al primer curso solo llegaron cuatro alumnos, ahora renta un local, porque la cifra supera siempre los 30 aprendices.

Son gente de todo tipo, cuenta. Profesionales, desempleados, gente de la tercera edad y hasta adolescentes que quieren convertirse en empresarios.

De lo que se trata, dice, es de tomar decisiones, de ser positivo y de perseverar, sin importar los primeros tropiezos

Para él es fundamental "la fe en Dios. Él es el centro de todo, si yo me mantengo con fe, lograré lo que sea", asegura.

Cuando comenzó, pidió dinero prestado a una amiga, fue una cantidad simbólica, asegura, con la que compró algunos globos y pagó un anuncio en el periódico, para atraer sus primeros alumnos y, de ahí, no paró.

"Mi visión empresarial no es hacerme rico, mi visión es ayudar a las personas a crecer. He graduado a personas que son ingenieros, licenciados.. . y, ahora, empresarios", explica.

Pablo dice que todavía le hace falta mucho para crecer; por ejemplo, necesita un vehículo propio para movilizarse.

Este joven se describe como un hombre optimista, su sonrisa permanente dan idea de un hombre que no tiene miedo y que lo único que anhela es cumplir todas sus metas. Lo puede hallar en facebook como "Alas & Córdoba".

Una empresaria apasionada

Cuando decidió convertise en empresaria de jabonería cosmética artesanal, Jessi Molina se tomó literalmente la casa de su madre. Poco a poco la materia prima de sus jabones, las fragancias, las esencias, los empaques y los colorantes fueron inundando la vivienda de su mamá.

Graduada de química farmacéutica, Jessi había trabajado como visitadora médica, pero descubrió que los ingresos no eran suficientes y el trabajo en cambio, extenuante.

Ya para ese entonces, y con el arte como una de sus habilidades, había aprendido a elaborar jabones artesanales como un pasatiempo.

Cuando inició, hace 12 años, no había nadie más que apostara por este rubro y, en lugar de una ventaja, fue un reto.

"Arrancar fue difícil, con muchas limitaciones. Había un mercado virgen, pero a la vez tenía que educar al cliente con un producto no tradicional y con acabados poco comunes. Me costó tiempo y esfuerzo", recuerda Jessi.

Jessi no se detuvo, cada día fue innovando más, y la casa de su madre se llenó de tanto producto que la promoción se volvió vital. Facebook fue su primer contacto con cientos de clientes que ahora le piden jabones para bodas, bautizos, y cualquier tipo de regalo.

Hoy Lilu Jabones —así es su Fanpage—, ya llegó a países como EE. UU., Canadá, Guatemala, Perú, Colombia, Chile, Argentina, Francia, Praga, Qatar, Australia y otros.

Jessi reconoce que, al principio, no pensó en los jabones como forma de vida, pero al enfrentarse al desempleo, apostó por el rubro y luchó hasta generar ganancias.

Y quiere seguir creciendo, sueña con un local propio, con probadores para los clientes, y que su producto sea conocido en todo el mundo. Otro anhelo es dar clases a niños sobre jabonería artesanal.

¿Las claves de su éxito? "En lo personal, doy fe por mi experiencia, que la perseverancia ha sido clave, así como también el tener claro el camino que se quiere desarrollar. Innovar es vital, es parte de mi visión de trabajo y la constante investigación como aprendizaje", cuenta esta emprendedora.

Otro aspecto importante, afirma, "es la automotivación, pues no todo sale perfecto y uno tiene que poseer un sentido de autoempuje, en el camino, pase lo que pase, ser auténtico y original también", cuenta.

Reconoce que las pérdidas con comunes en quienes se lanzan a sus propios negocios, pero lo fundamental es perseverar.

"Yo he perdido plata y y materiales, al punto de pensar en dejarlo todo, pero hay que tener claro que se cae... pero si uno es optimista, no se pierde más de lo que se aprende y eso ya es ganar", concluye.

Home Doctor

Miguel Ángel Gómez, ingeniero eléctrico de profesión, supo desde niño que siempre sería dueño de su propia compañía. A los diez años ya ganaba dinero para sus gastos haciendo pequeñas reparaciones de electricidad, habilidades que su padre, también electricista, le enseñó.

Antes de cumplir 30, ya tenía montada una empresa que se dedicaba a brindar servicios de mantenimiento eléctrico a varias compañías.

Tuvo clientes pequeños y grandes, de la talla de los mejores centros comerciales del país y la región y llegó a emplear a 75 personas.

Sin embargo, durante la crisis de 2009 su empresa quebró . Pasó varios meses pagando créditos y "rebuscándose" para salir adelante.

Se mantuvo, explica, dando mantenimiento eléctrico a hogares y a amigos que lo apoyaron y, poco a poco , esto fue creciendo, hasta que ideó Home Doctor, una pequeña empresa que ofrece todo tipo de servicios para el mantenimiento y reparación de hogares.

Reconoce que aún hace falta mucho trabajo por hacer, pero ya tiene unos 20 clientes, todos residenciales.

Por ahora Miguel utiliza las redes sociales para promocionarse, lo puede hallar en facebook como "Home Doctor", pero asegura que su mejor publicidad es la de boca a boca. "Ofrecemos reparaciones en electricidad, servicio de fontanería, carpintería, tapicería, albañilería, y cualquiera que sea necesario para que la casa funcione", explica.

Dentro de cinco años, él se ve con una empresa ya montada, con varios especialistas y vehículos para transportar a sus empleados.

"Mi plan de es meterme a las reparaciones automotrices de emergencia y a domicilio. Crecer en servicios, y en zonas", cuenta emocionado. Según el ingeniero Gómez, en el país hay oportunidades, pero hay que usar el ingenio.

Para montar un negocio, dice,es clave que la inversión sea mínima, hay que pensar en grande pero comenzar con algo que se pueda sostener, aconseja.

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