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Victoria de Rousseff hunde los mercados

Los mercados brasileños caen tras el gane del PT. Fitch advierte de una posible baja de calificación. Ministro de Hacienda trata de contrarrestar el pesimismo

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SAO PAULO. La ajustada reelección de Dilma Rousseff como presidenta de Brasil se encontró ayer con la fría recepción de unos mercados financieros que se derrumbaron, ante las dudas de que la mandataria pueda restaurar la confianza en la economía y mantener su apoyo político en un país fuertemente dividido.

Rousseff se sobrepuso al descontento por una economía débil y unos servicios públicos de mala calidad para lograr un segundo mandato por un estrecho margen, acabando con las esperanzas de los inversores y de casi la mitad del electorado, que apoyó a su rival Aécio Neves, más amigable con las empresas y el mercado.

El ministro de Hacienda, Guido Mantega, cuyo eventual reemplazante está siendo objeto de muchas especulaciones, trató de borrar el pesimismo con promesas de controlar la inflación y atajar el déficit fiscal en los próximos cuatro años, pese a que aseguró que la elección mostró un apoyo popular a las políticas económicas de Rousseff.

El real aumentó sus pérdidas tras las palabras de Mantega, cayendo a mínimos de hace casi seis años. Posteriormente, al cierre, anotó la mayor baja diaria desde fines de 2001.

Rousseff enfrenta ahora el reto de cumplir las promesas de campaña de extender los beneficios sociales a los pobres mientras equilibra un presionado presupuesto federal.

Las principales compañías estatales, cuyos beneficios han sufrido con Rousseff, se hundieron en las operaciones del ayer, incluida una caída del 12.33 % en las acciones del gigante Petrobras, afectado por numerosos escándalos de corrupción.

El índice bursátil de referencia Bovespa cayó un 5 % durante la sesión y cerró con baja del 2.72 %, el menor nivel desde el 15 de abril.

Posible baja en calificación

La agencia Fitch Ratings advirtió en una nota que podría rebajar la calificación crediticia de las compañías brasileñas el próximo año por la débil demanda a nivel doméstico, la caída de precios de las materias primas del país y las erradas políticas industriales de Rousseff.

"Para mejorar la confianza empresarial y revivir las inversiones en el segundo mandato, sería importante dar señales más claras de una menor implicación del Estado en el sector privado", dijeron analistas de Fitch liderados por Joe Bormann.

Los inversores esperan la sustitución de Mantega por un nuevo ministro de Hacienda más amistoso con los mercados, que pueda ayudar a restaurar la disciplina fiscal, llevar transparencia al presupuesto federal y conectar mejor con los líderes empresariales.

Algunos creen que la realidad económica obligará a Rousseff a suavizar algunas de sus políticas intervencionistas.

Los asesores presidenciales aseguran que es improbable que haya anuncios sobre los nuevos miembros del gabinete en los próximos días, ya que Rousseff se va a tomar un descanso tras una exigente campaña que terminó con un "foto-finish".

"Ser mejor presidenta"

La noche del domingo, ante una aliviada audiencia de seguidores, Rousseff luchó por alzar su voz mientras reconocía la necesidad de un cambio exigido por muchos votantes, en unas palabras que algunos observadores esperan que sea una señal de un giro al centro.

"Yo sé que soy enviada de nuevo a la presidencia para hacer los grandes cambios que la sociedad brasileña demanda", dijo después de ganar la segunda vuelta electoral con el 51.6 % de los votos. "Quiero ser una presidenta mucho mejor de lo que he sido hasta ahora".

Su leve margen de tres puntos sobre el candidato de centro Aécio Neves se lo debió en gran parte a los avances contra la desigualdad y la pobreza logrados desde que el Partido de los Trabajadores llegó por primera vez al poder en 2003.

Aprovechando los frutos de un auge económico impulsado por las materias primas en la década pasada, el Gobierno de Brasil expandió los programas asistenciales que ayudaron a más de 40 millones de personas a salir de la pobreza a pesar de los actuales problemas económicos.

El "modelo brasileño" ha sido adoptado por partidos de izquierda en varios países de América Latina y el triunfo de Rousseff, pese a ser ajustado, representa un golpe para los conservadores en la región. —Expansión/Reuters.

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