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ENTREVISTA

El Salvador no debe abandonar la competitividad ni la globalización

Un maestro de la Universidad Georgetown señala que el país debe buscar más acuerdos comerciales para aumentar sus mercados.

Ricardo Ernst, profesor de la Universidad Georgetown y director de Latin American Board, visitó el país la semana pasada.

Ricardo Ernst, profesor de la Universidad Georgetown y director de Latin American Board, visitó el país la semana pasada. | Foto por Jorge Reyes

Ricardo Ernst, profesor de la Universidad Georgetown y director de Latin American Board, visitó el país la semana pasada.

Para Ricardo Ernst, profesor de la Universidad Georgetown y director de Latin American Board, la receta para que un país sea competitivo frente al mundo es entender los requerimientos de la globalización.

En el caso de Latinoamérica, y específicamente de El Salvador, el académico sugiere no aislarse, sino verse como región. Los tratados comerciales firmados en bloque forman parte de las estrategias a las que el país debe seguirle apostando para conquistar cada vez más y nuevos mercados en el mundo, sostiene. 

La semana pasada, el profesor Ernst, visitó El Salvador para promover programas de entrenamientos para futuros líderes y gestores de gobierno. “Mi intención con estos programas es ayudar al desarrollo de Latinoamérica, utilizando la plataforma de Georgetown, que es la universidad jesuita más antigua de Estados Unidos”, comentó a Expansión. 

¿Cuál es su recomendación para que El Salvador pueda ser competitivo?
El Salvador tiene que reconocer la importancia de pertenecer a la región y entender cuáles son las exigencias que hoy día impone la globalización. 

¿Cuáles son ese tipo de exigencias?
Por ejemplo, tener normas estandarizadas de acuerdo a patrones globales y no individuales. No hay que olvidar que uno de los problemas de la globalización es que no subsidia la ineficiencia, por lo cual es un sueño pretender que un inversionista vendrá a El Salvador si no ofrece productos o servicios que estén a la altura de lo que el mundo global requiere.

¿Y entonces, cuál es la clave para ser exitoso en este mundo globalizado?
La respuesta es ser competitivo, precisamente ese es el requisito indispensable para que un país pueda salir adelante y engranarse (aprovechar) en los beneficios que la globalización ofrece. 

Usted dice que la globalización no subsidia la ineficiencia, ¿cuál es su mensaje a los empresarios para ser eficientes?
Deben entender cuáles son los patrones de referencia que responden a las necesidades no del mercado salvadoreño, sino del global, es decir, conocer qué es lo que quieren los consumidores, para ofrecerle productos y servicios de alta calidad. Hay que aprender de los países que lo están haciendo bien, como Chile. 

A mí me llama la atención que en El Salvador están todas las empresas multinacionales, como Starbucks, que ha venido a un país productor de café, es decir que es una compañía que responde a los requerimientos máximos y de calidad mundial.

¿Cuáles son los beneficios de los tratados comerciales? 
Soy un fiel creyente de los Tratados de Libre Comercio porque son la oportunidad que tiene un país pequeño como El Salvador de aumentar inmediatamente su tamaño de mercado. Cuando ustedes firmaron un tratado como Cafta, de la noche a la mañana se convirtieron en un mercado de seis millones de personas a uno de 40 millones. La única forma de crecer es vender más, por eso vino Starbucks a El Salvador, para vender más. En el caso del mercado europeo, primero hay que adaptarse, y saber que son resultados a largo plazo, hay que ser pacientes como China, que siempre mira al futuro. 

¿Cómo observa El Salvador en infraestructura logística?
Una dificultad que observo en infraestructura logística, en general en la región latinoamericana, es que es muy cara. Las soluciones que he visto que funcionan muy bien son aquellas que se hacen en alianza con el sector privado, porque ¿quién sabe cómo sacarle dinero a una carretera, un puerto o un aeropuerto?, ¿el gobierno o el sector privado? Por supuesto que el privado. Otro problema es que la inversión en la región en infraestructura es risible, comparado con otras sociedades, por ejemplo, China, porque ellos tienen la paciencia de ver sus proyectos orientados al futuro.

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