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Obed Osorio, el Dalí salvadoreño

Obed Osorio, de 25 años, originario de Coatepeque, Santa Ana, proviene de familia de agricultores, trabaja en una fábrica de textiles y su sueño es dedicase a la pintura

Obed Osorio, el Dalí salvadoreño

Obed Osorio, de 25 años, originario de Coatepeque, Santa Ana, proviene de familia de agricultores, trabaja en una fábrica de textiles y su sueño es dedicase a la pintura

Cuando Salvador Dalí pintó la obra más reconocida de su trayectoria, “Los relojes blandos” (1931), trató de reflejar el  frenesí y la compulsión del hombre del siglo XX por el tiempo y el espacio que a la larga lo conducen hacia la muerte.

 En la obra de Dalí, los elefantes, los huevos, las hormigas, el caracol y las langostas representaban los peores defectos humanos. Incluso, en “Los relojes blandos”, todos marcan las seis, “la hora del surrealismo”, cita el libro “La vida secreta de Salvador Dalí”.

Han transcurrido 84 años de este cuadro y en El Salvador, Obed Osorio, un operario de la compañía estadounidense, George C. Moore, ha llamado la atención de propios y desconocidos, con una obra que obligada e inesperadamente nos remite a Dalí: el cuadro de la serie “Tiempos”, en la que el autor quiere reflejar en cada pieza las fases vitales de la existencia humana, sus sentimientos y espíritu. Sin darse cuenta, el  pintor ha marcado en sus relojes las seis “la hora del surrealismo”, como Dalí.

Los expertos tendrán su propia opinión, pero, ¿quiere más coincidencias? En esa serie también se encuentra la obra  “Tiempo y espacio”, donde el autor refleja los mismos conceptos de Dalí:  el negativismo humano, donde la esperanza  y los sueños se pierden en el trajín diario. El autor representa los días, en siete relojes que casi marcan las seis.

Ambas pinturas  son óleos sobre lienzos, igual que las de Dalí, pero lo más impresionante es que Obed Osorio, nunca conoció a Dalí, ni por referencia bibliográfica, y tampoco conoce su obra.

Obed Osorio

El descubrimiento

Osorio, de 25 años, originario de Coatepeque, Santa Ana, proviene de familia de agricultores, no pudo terminar su bachillerato y debió comenzar a trabajar en labores de oficios varios y domésticos.

Actualmente, se desempeña como operario en el departamento de acabados finales de George C. Moore, fabricante de fibras elásticas, en la zona franca American Park, donde comenzaron a conocer y apoyar sus dotes de pintor por medio del programa “GCM Inspira”.

Los empleados de la compañía son inspirados por otros a base de testimonios de éxito. Obed Osorio se acercó a los organizadores para hablarles de sus obras y cuando las mostró a estos, los dejó boquiabiertos. Estaban frente a un pintor empírico, cuyas técnicas e inspiraciones les remitían a Dalí.

Sus aspiraciones

Tras el descubrimiento, la compañía le permitió recibir cursos libres de pintura en el Centro Nacional de Artes, y ahora su obra forma parte de las ferias de la industria textil.

Sus creaciones pueden apreciarse en murales de los barrios y escuelas de Santa Ana, donde aprovecha plasmar rostros de niñas con mensajes de conciencia sobre el maltrato  y el abuso infantil.  “Conmociones de la inocencia” es uno de sus cuadros que recoge este grito de protesta en sus series.

En sus obras destacan los rostros del  beato Monseñor Romero y de funcionarios o políticos reconocidos.

“Nunca me he fijado en las obras de Dalí”, comentó a Expansión, cuando le mostró “Los relojes blandos”.

“Mi sueño es dedicarme completamente a la pintura, que la obra haga conciencia en las personas sobre temas sociales (...)  Sueño con ir a Italia o Francia, no sé cuándo, como, ni donde, pero tengo  fe. La idea es enriquecer mis conocimientos, regresar a mi país y transmitirlos. Hay muchos jóvenes que tienen el interés, pero no la oportunidad, hay muchos jóvenes con el sueño perdido”, reveló el Dalí de George C. Moore.

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