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Entre nubes y nebulosas en la empresa

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Entre nubes y nebulosas en la empresa

Entre nubes y nebulosas en la empresa

Comparto una curiosa experiencia personal durante una intensa gira por tierras bolivianas esta semana: Santa Cruz, Cochabamba. Potosí, La Paz y Lago Titicaca. Seguramente usted ha tenido vivencias similares.

¿Hay nubes, nebulosas o cielos despejados en su empresa?

Potosí, Bolivia. ¿No es paradójico que podamos atravesar nubes creadas por la madre naturaleza, pero que a veces nos sintamos casi impotentes de lograrlo ante nebulosas mentales que algunas personas crean por antojo en las organizaciones?

Luego de sobrevolar la ciudad de mi destino por más de una hora, el piloto informó que debido a una densa capa de nubes era imposible aterrizar, por lo que iríamos a esperar a otro aeropuerto. Tres horas después, logramos por fin tocar tierra en el lugar objetivo, ya eran las 5:20 de la madrugada. Pensé que allí terminaba el contratiempo de mi viaje, pero este apenas comenzaba.

Curiosamente, mientras descendía del avión, reflexionaba sobre el poder de algo tan tenue como las nubes. No se sienten al tocarlas, pero son capaces de obstaculizar el rumbo de una gran aeronave. De igual modo, hay situaciones imperceptibles en las empresas que poseen una fuerza que obnubila su fluidez: prejuicios, rigidez mental, miedos infundados y tradiciones obsoletas, entre otras. Recargar combustibles, asumir riesgos calculados y tener el coraje de atreverse a cruzar esas nubes permitirá arribar al destino esperado.

Al realizar mi trámite migratorio, entré en una nebulosa de procedimientos, requisitos e incertidumbre que me obligaron a esperar dos horas más para superarlo. Pese a ser el primero en una fila de casi 300 personas, fui el último en salir de las oficinas de migración. Todo porque el trámite de mi visa era ligeramente diferente al de los demás. La inflexibilidad humana, la escasa vocación de servicio y la desconsideración, son más graves que las "nubes" de la naturaleza.

Sin embargo, al llegar a las alturas de Potosí, a 3,900 m.s.n.m y hacer docencia en un seminario para proveedores de la ejemplar Minera San Cristóbal, encontré dentro del aula un crisol de personas: líderes comunitarios de la zona, profesionales, emprendedores de pequeñas y medianas empresas, supervisores de pequeños y grandes equipos, unos letrados y dos analfabetas. Era evidente la diferencia entre los jóvenes y tres abuelas de la zona que lucían ropa tradicional, por ejemplo. La diversidad era visible; sin embargo, no había nubes entre esas personas. ¿Por qué? Han transcendido y pensado en grande para no dejarse detener por tenues barreras; no caen en la trampa de crear nebulosas entre ellas que obstaculicen el desarrollo regional. Son personas que inspiran sencillez, humildad, trabajo duro, dejándose permear por el conocimiento y disipando obstáculos mentales y hasta históricos.

El piloto respetó y evaluó con inteligencia las restricciones del entorno, recargó su aeronave, regresó y esperó cambios. Cuando mejoró la visibilidad la aprovechó y aterrizó con seguridad. Imagino que también asumió pequeños riesgos. Nunca renunció al objetivo, se adaptó a los cambios; hubo atraso, pero no retroceso.

Los funcionarios, en el aeropuerto, actuaron creyendo que hacían lo correcto, sin embargo estaban atrapados en un enjambre de procedimientos que rivalizaban contra la eficiencia. Caería bien que experimentaran y vivieran sus procesos como ellos si fueran los propios clientes. Las personas del seminario, en cambio, decidieron volar alto, por encima de las nubes, aspirando a tender puentes entre su situación y el aprendizaje, para no quedarse en medio de nebulosas. Seguramente usted también sería un buen miembro de este equipo tan visionario. ¿Cierto?

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