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Tratan el dolor con la desconexión de nervios

Introducen unas agujas a través de la piel para desconectar los nervios o desinflamarlos

El método que se utiliza no es considerado "invasivo". Los médicos usan agujas de entre 10 y 15 centímetros y luego inyectan una solución salina que "alisa los nervios". Fotos EDH

El método que se utiliza no es considerado "invasivo". Los médicos usan agujas de entre 10 y 15 centímetros y luego inyectan una solución salina que "alisa los...

El método que se utiliza no es considerado \"invasivo\". Los médicos usan agujas de entre 10 y 15 centímetros y luego inyectan una solución salina que \"alisa los nervios\". Fotos EDH

En el Hospital Rosales tratan el dolor, no solo con fármacos, sino con procedimientos que los médicos califican como "de mínima invasión". Por medio de estos se desconectan nervios, plexos y ganglios, que son los que conducen el dolor.

En El Salvador, estos métodos son conocidos como "bloqueos" y se usan desde hace cuatro años, aproximadamente. Se trata de procedimientos percutáneos en los que el paciente es llevado a la sala de operaciones y se le coloca en una mesa especial llamada fluoroscopia.

Agujas especiales, de entre 10 y 15 centímetros de largo, son introducidas en la piel del paciente, generalmente en la espalda. Luego el médico inyecta una solución que alisa los nervios.

El algólogo Juan Carlos Arias, responsable de la Clínica del Dolor, explicó que a través de los nervios y de los ganglios se conduce el dolor.

"Lo que se hace, en términos generales, es ir atacando cada una de esas vías (nervios y ganglios) para disminuir la percepción dolorosa", comentó.

Tras el procedimiento quirúrgico, que dura entre 45 y 60 minutos, las personas mejoran entre un 50 y un 80 por ciento, afirmó. En 24 horas el paciente mejora de forma progresiva.

José Walter Hernández, corredor de maratones, es una de las personas que ha recurrido al procedimiento percutáneo en el Rosales para calmar el dolor que le aqueja desde hace más de un año, aproximadamente.

José comenzó a sentir molestias en la columna a finales de 2012, tras correr por más de 24 años. Dice que no podía estar parado ni sentado por más de dos minutos.

Fue tratado en el Seguro Social, le medicaron relajantes musculares y fármacos para el dolor, pero no funcionaron.

"Pensé que era una molestia pasajera, una mala fuerza que había hecho. Me llegué a poner hasta siete inyecciones de diclofenac al día, pero no me quitaron el dolor", dijo José.

Fue así como lo chequeó un neurocirujano del Rosales. El dolor avanzaba bastante rápido, por lo que fue enviado a la Clínica del Dolor. El primer bloqueo se le hizo en julio del año pasado, en la parte izquierda de la columna. "Con eso mejoré mucho, el dolor de la columna y de los hombros disminuyó en gran parte", añadió el paciente.

A finales de diciembre de 2013 le hicieron otro, esta vez en los glúteos. El medicamento para la cirugía lo compran los pacientes. José sostiene que ya aguanta estar parado, sentado y también puede descansar acostado. Sin embargo, el dolor no ha desaparecido totalmente, por ello en los próximos días será evaluado por el algólogo. En su caso le inyectan esteroides para desinflamar los nervios.

Arias detalló que la algología surgió después de la segunda guerra mundial, pues muchos soldados quedaban amputados; ante lo cual empezaron a fundarse clínicas para tratar el dolor.

En el Rosales, la Clínica del Dolor se creó en 2009, pero fue hasta después que se instaló el consultorio. El 70 % de los paciente tienen cáncer, pero atienden a personas con dolor crónico oncológico, igual que a los que padecen del no oncológico. El algólogo indicó que en la clínica se lleva el control de las personas con cáncer en sus etapas finales, para que mejoren su calidad de vida.

Arias expresó que hay un 15 % de pacientes con tumores que siguen con el dolor pese a tomar los medicamentos. Estos casos son conocidos como "dolor refractario por cáncer".

En estos se ocupa el bloqueo para reducir el dolor. En algunos casos desaparece del todo y en otros mejoran bastante.

Arias dijo que todos los pacientes con dolor pueden ser tratados, pero las estrategias son diferentes.

Una de las limitantes que tienen es la disponibilidad de fármacos, porque son de alto costo. Cuando el tratamiento con medicina no funciona, se recurre a los procedimientos de mínima invasión.

Todos los viernes, en el consultorio son atendidos entre 10 y 18 pacientes, el mayor porcentaje son mayores de 50 años. "Tener dolor limita de manera importante la calidad de vida en las etapas finales, uno de los grandes beneficios es que esta gente (con cáncer) tiene calidad de vida al final", comentó el algólogo.

En el Rosales, hasta finales del año pasado solo disponían de fármacos de menor potencia, pero en la primera semana de diciembre de 2013, la viceministra de Salud, Violeta Menjívar, se comprometió a que no faltarían los productos para tratar estas dolencias.

"Hay un compromiso que sale desde el Ministerio de Salud: que no vayan a faltarlos fármacos, sobre todo morfina que se usa mucho en estos casos", dijo la viceministra.

Las declaraciones las dio en el marco del anuncio de la creación de seis clínicas para manejar el dolor en los hospitales nacionales: Rosales, Bloom, Maternidad, San Rafael, San Juan de Dios de Santa Ana y de San Miguel.

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