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Ni superiores, ni inferiores. Personas sensatas

Suponer que se es perfecto y vivir socialmente desde una perspectiva superior hacia los demás son síntomas de una falsa autoestima. Una actitud errónea que fue moldeada en casa, con el consentimiento y la aprobación de papá y mamá

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Yo inventé el juego y yo pongo las reglas", advierte con firmeza María José a sus dos amiguitas. Vanessa y Adriana se miran una a la otra. Todas querían jugar, pero todas deseaban hacerlo sin imposiciones. Al final, María José observó con frustración como sus dos compañeras de juego terminaban por hacer lo que deseaban hacer e ignoraban sus mandatos. Y a sus escasos 4 años, menospreció a sus vecinitas y decidió volver a casa donde sí respetaban sus decisiones.

Gabriela, maestra de kindergarten por más de 10 años, recuerda con especial atención a Luisito, un pequeño de 5 que con sus actitudes arrogantes logró alejar a todos sus compañeros de clase. "Su conversación era muy diferente a la de los demás. Era un alumno bastante avanzado y lo hacía todo bastante bien, era muy desenvuelto", detalla.

Sin embargo, a la hora de relacionarse con los demás en el salón de clases o el área de juegos sus deficiencias afloraban. "...Ahí venía el problema. Siempre tenía para los demás frases como 'yo puedo más que tú', 'yo hago eso mejor que tú', 'es que tú no puedes' y complicaba a la maestra", rememoró.

Rosario, una joven estudiante de 14 años, ya dejó entrar en su mente la idea del suicidio en más de una ocasión. Sor Clementina, su coordinadora de grado, lo intuyó y comenzó a observarla y a conversar con ella para encontrar la raíz de sus inseguridades. No le costó mucho hallar esas causas. Todas las alumnas del octavo grado dieron su testimonio. Rosario era víctima de Carmen, una joven arrogante, egoísta y altanera que encontró en ella un sujeto fácilmente moldeable a sus caprichos. Con astucia, descubrió los complejos de Rosario y su ferviente deseo de ser aceptada por el grupo. Y que mejor compañía que la chica popular del salón.

Con paciencia y dedicación, Sor Clementina logró orientar a ambas jóvenes y evitó una tragedia que a Carmen poco lo hubiese importado. Pero reflexionar sobre la situación con los padres de ambas protagonistas resultó ser una labor más complicada.

"Todo viene de casa realmente", expresa la Lic. Martha Carcach, psicóloga clínica y educativa. Para esta profesional de la salud mental, hoy en día resulta primordial orientar a los padres en temas como la falsa autoestima, para contrarrestar los casos de personas egocéntricas que carecen de una perspectiva social tolerante y solidaria.

Cuando los pequeñitos presentan actitudes de egoísmo, intolerancia y narcisismo es el momento justo de actuar. Al margen de la falsa idea de muchos padres de familia que visualizan a su hijo como el chico popular es más sano reflexionar en la importancia de forjar en los hijos una alta autoestima, sana y encaminada al bienestar común.

Sí, la pieza clave en todo esto son los padres, la familia. "De hecho, cuando nacemos carecemos de ego. Es el medio ambiente en el que nos desarrollamos y principalmente los padres los que influyen en el desarrollo de nuestra identidad, de nuestra autoestima", enfatiza Carcach.

Pero ¿qué ocurre si papá y mamá no quieren cooperar o la familia está desintegrada?

Falsa autoestima

María José es hija única. Tanto su padre como su madre trabajan y son sus abuelos los que se dedican tarde a tarde a convivir con ella y compartir su mundo. Por lo general, papá llega a casa cansado y quiere dormir. Rara vez se le ve atendiendo los juegos de su hija y el tipo de compañías que posee. Su madre, por el contrario, se ha propuesto dar calidad de tiempo y ha notado que su "tesorito" tiende a imponerse y a maltratar a sus amiguitos si ellos no obedecen. Si bien reconoce que posee aptitudes de liderazgo está convencida que debe ayudar a María José a ser más sociable, tolerante y menos egocéntrica.

Gabriela, por su parte, aún lamenta que los padres de Luisito se negaran a reconocer que su hijo estaba mal orientado.

"Se les hablaba sobre las buenas actitudes y los tropiezos del alumno, pero ellos siempre tenían una justificación a favor del niño. 'Eso es imposible porque él es un niño muy prudente', 'los otros son los que lo molestan'... Creo que porque él era hijo único y de hecho les costó concebirlo y a una edad madura, ellos creían que era la manera correcta de orientarlo", añade la docente.

Incluso ignoraron sus problemas de adaptación al momento de examinarlo en un colegio formal que da mucha importancia al desarrollo psicológico de sus alumnos.

"El niño no quedó y fue una frustración para ellos, pues no lograban concebir que su hijo tan inteligente hubiese sido rechazado. Otro de los compañeritos de Luisito si logró entrar a ese centro de estudios y los papás de Luisito simplemente lo vieron de menos", recordó.

Por otro lado, Sor Clementina descubrió que Carmen creció en un hogar desintegrado, en el que vivía solo mamá, una mamá entregada a las superficialidades de la vida y más preocupada en lucir bien que en los temores y deseos de sus tres hijos.

Ella era la mayor, hija del primer matrimonio, y si bien su padre aparentaba estar atento a sus necesidades la carencia de amor y tiempo fue significativa. En el colegio trataron de ayudarle, pero muchas veces lo que los docentes logran, la familia lo destruye.

"Ellos tienen que ponerse en el lugar de su hijo", enfatiza la Lic. Carcach.

Los padres y los maestros deben trabajar como un equipo, sin descargar responsabilidades de unos a otros. Para la psicóloga, en los centros educativos, los docentes deben hacer ver a los papás que hay actitudes que no son sinónimos de autoestima sana o alta autoestima.

"Una autoestima sana, alta, óptima para el desarrollo de un pequeño va desde reconocer sus propias habilidades y las de los demás, hasta aceptar las propias limitaciones y no por eso verse de menos, ni ver de menos a los demás", explica la especialista.

Los educadores deben inculcar en los niños valores como la solidaridad, el respeto, la aceptación de lo diferente para crear ciudadanos tolerantes que sepan vivir en comunidad.

Pero si los pequeños lo que ven es la costumbre de criticar, menospreciar y burlarse de los demás, ellos crecerán con una falsa autoestima que los volverá seres despreciables e inadaptados con problemas para relacionarse en sociedad y vivir en familia.

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