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Locura Crónica

Predicciones infalibles del Óscar

Ya verá cómo acierto a todos mis pronósticos de los Óscar de este domingo y, de paso, a las Frambuesas de Oro. Apostemos. Empiezo por decir que, salvo que sea amigo de algún Jack Sparrow de los mares del centro histórico o una especie de "pirata cojo" cibernético y la baje de internet, usted nunca habrá visto en los cines a la ganadora de Mejor Película. Quizás hasta ni le suene. Y no hace falta ser el mago Yin para adivinarlo: Es tan simple como que, la que gane, no habrá venido aún o apenas será una recién nacida en nuestras salas cinematográficas.

Agrego a la predicción que, si no se ha estrenado, esa misma cinta triunfadora aparecerá mágicamente en marzo en cartelera. Pero luego, derrotado, el laureado filme durará en los cines lo que dura limpio de stickers ("Solo nenas" y "Tu castigo es verme") el parabrisas de un bus o una Coaster nueva: Nada.

Y ya para terminar con la categoría, una fácil. Adelanto que la tv local solo transmitirá a la ganadora hasta allá cuando la Fesfut termine de contar las monedas de la multa a Rudy Valencia; o lo que es lo mismo, cuando Funes esté pensando en reelegirse presidente para el 2019. Se vale tocar madera.

Le apuesto —y que me vuelva diputado si fallo esta— que, en cambio, la que gane la Frambuesa de Oro a peor película habrá sido un bombazo de cartelera. ("Desmadre de padre" y la última de "Crepúsculo" están nominadas). Y si es la primera, la de Adam Sandler, anticipo que esta cinta se reproducirá, como los guecos en nuestras casas, por los canales de cable, una y otra vez, al estilo de "50 primera citas". Por cierto, apuesto que hoy la emiten en alguna cadena.

Profetizo, en cambio, que la película que gane Efectos Especiales, Cinta Animada y Maquillaje en los Óscar sí la habremos devorado en cartelera. ¡Tres semanas! ¡Cuatro semanas! ¡Cinco semanas! ¡Incluso más de lo que, por piedad, debería durar al aire "Guan Nite"!

Y por último, anticipo que cuando suba a cantar Adele, impregnados por la sazón del pesimismo, bromearemos: "Si los Óscar fueran en El Salvador, ahorita saliera a escena Isis Gallardo a cantar '¿Y cómo se mata el gusano?'"

Y luego, tras la broma, en silencio, con el gusanito del amor patrio no muerto, pero sí dolorosamente herido, añoraremos con volver a ver a uno de los nuestros ahí en esa gala, como André Guttfreund en el 77. De paso pronostico que muchos creerán haber "descubierto" que un salvadoreño ya ha ganado un Óscar. Apuesto a que no leen.

Y así, poco a poco, irán cayendo en el canasto del acierto mis predicciones. Y no hace falta vivir en Singapur ni amañar resultados para atinar y hacerse millonario, como en el fútbol. Basta con saber que, por desgracia, El Salvador vive en una rueda de tristes caballitos. Y que la exhibición de "oscarizables" —como muchos políticos, la mayoría de buseros, algunos programas locales, los artistas que viven de "covers" y nuestro futbol— sigue siendo lo mismo cada año: una pena.

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