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"Yo le pido a Dios que me dé fuerzas, porque es un dolor intenso"

En 2011, Candelaria González, una mujer de 66 años fue desahuciada.

Los médicos le dijeron que no había nada más que hacer. A ella le detectaron un cáncer en la garganta con metástasis en los pulmones. Su problema comenzó en 2003, en el hospital de Santa Ana la operaron y le quitaron la glándula salival. Los siguientes años, aseguró, los vivió sin problemas. Pero hace aproximadamente cuatro años, comenzó a sentir malestar: el cáncer volvió.

Nuevamente fue chequeada en el hospital de Santa Ana, pero la refirieron al Rosales para que le hicieran una cirugía. Le encontraron un tumor de 8.6 centímetros en la garganta, relató.

Tras una conferencia con 10 médicos se determinó que no se podía operar y la mandaron a la Clínica del Dolor para que le dieran los cuidados paliativos. El dolor que siente, en palabras de Candelaria "es más fuerte que el de tener a un hijo". "Me duele, no se imagina cuánto, no puedo masticar, no puedo tragar, solo cosas líquidas estoy consumiendo", comentó la santaneca.

El tumor está bajo la lengua y se ha incrustado en los ejes mayores. Por eso los médicos no pudieron extirpárselo, comentó. Desde diciembre de 2011, cada mes es tratada por el algólogo. La señora afirmó que toma tres tipos de fármacos para controlar el dolor que la aqueja día y noche. "Yo le pido a Dios que me dé fuerzas, porque es un dolor intenso", añadió Candelaria.

La mujer lamenta que en este momento ya no puede trabajar, pues se dedicaba "a lavar y planchar ajeno". Hoy, reconoció, se cansa hasta cuando barre.

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