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El Papa se pronuncia contra las desigualdades del mundo

A su llegada a una favela, el Pontífice se pronunció contra la corrupción y exhortó a los jóvenes a luchar contra las injusticias

En su visita a la favela Varginha, Francisco compartió de cerca con los más necesitados de Río. Fotos EDH / efe - ap

En su visita a la favela Varginha, Francisco compartió de cerca con los más necesitados de Río. Fotos EDH / efe - ap

En su visita a la favela Varginha, Francisco compartió de cerca con los más necesitados de Río. Fotos EDH / efe - ap

"Queridos jóvenes, ustedes tienen una especial sensibilidad ante la injusticia, pero a menudo se sienten defraudados por los casos de corrupción, por las personas que, en lugar de buscar el bien común persiguen su propio interés", dijo ayer el Papa al hablar desde la favela Varginha, al norte de Río de Janeiro.

A todos "les repito: nunca se desanimen, no pierdan la confianza, no dejen que la esperanza se apague. La realidad puede cambiar, el hombre puede cambiar".

Se trató de un mensaje de esperanza para los residentes de la barriada, a quienes pidió que no se desanimaran. "Sean los primeros en tratar de hacer el bien, de no habituarse al mal, sino a vencerlo", apuntó el Santo Padre.

Además, pidió a los poderes públicos que trabajen por un mundo más justo y solidario, y exhortó a los jóvenes a no perder la esperanza.

"Me gustaría hacer un llamamiento a quienes tienen más recursos, a los poderes públicos y a todos los hombres de buena voluntad comprometidos en la justicia social: que no se cansen de trabajar por un mundo más justo y más solidario. Nadie puede permanecer indiferente ante las desigualdades que aún existen en el mundo", afirmó el Papa Bergoglio.

Además, en su visita el complejo de favelas de Manguinhos, en la zona norte de Río de Janeiro, donde viven unas 2 mil personas en casas hechas con cartón y materiales de derribo, pidió a los poderes públicos que trabajen por un mundo más justo y solidario y a los jóvenes que luchen contra la corrupción y la injusticia.

El Papa, que llegó en un pequeño vehículo "Fiat", que después cambió por el papamóvil, caminó por las calles de la favela bajo la lluvia y seguido por cientos de personas entró en una casa para saludar a sus habitantes y después se reunió con la comunidad en un campo de fútbol.

También entró en la pequeña iglesia levantada en la favela, donde bendijo el altar mayor y regaló un cáliz.

El primer Papa latinoamericano, nacido en Argentina, exhortó a todos, "según sus posibilidades y responsabilidades", a contribuir para poner fin a las injusticias sociales.

"No es la cultura del egoísmo, del individualismo, que muchas veces regula nuestra sociedad, la que construye y lleva a un mundo más habitable, sino la cultura de la solidaridad; no ver en el otro un competidor o un número, sino un hermano, subrayó.

Francisco destacó los esfuerzos que la sociedad brasileña está haciendo para integrar a los que más sufren o están necesitados, pero precisó que "ningún esfuerzo de pacificación será duradero, ni habrá armonía y felicidad para una sociedad que ignora, que margina y abandona en la periferia una parte de sí misma".

El Papa defendió la vida, que dijo es "un don de Dios, un valor que siempre se ha de tutelar y promover; la familia, "fundamento de la convivencia y remedio contra la desintegración social" y la educación integral, "que no se reduce a una simple transmisión de información con el objetivo de producir ganancias".

Antes de visitar la favela el Papa recibió las llaves de la ciudad en el Palacio de Gobierno de Río de Janeiro de manos del alcalde Eduardo Paes.

Luego de la ceremonia, celebrada en el ayuntamiento de la ciudad, el Papa bendijo la bandera olímpica y paralímpica Río de Janeiro 2016 desde el balcón del edificio, acto al que asistieron numerosos atletas brasileños.

Las banderas fueron presentadas al Papa por dos atletas colocados a ambos lados del balcón que da al jardín del ayuntamiento.

Tras un breve rezo, el Papa esparció agua bendita, tras lo cual los presentes, entre ellos atletas paralímpicos en silla de ruedas, aplaudieron.

"No licúen su fe"

En su visita a la Catedral Metropolitana de Río de Janeiro se reunió con jóvenes argentinos que acudieron a darle la bienvenida durante la Jornada Mundial de la Juventud.

En un breve e intenso discurso improvisado ante miles de argentinos reunidos en la Catedral San Sebastián de Río, el Papa Francisco ofreció a los jóvenes un programa de vida basado en las Bienaventuranzas y les pidió que "no licúen la fe en Jesucristo".

"Por favor, ¡no licúen la fe en Jesucristo!, hay licuado de naranja, hay licuado de manzana, hay licuado de banana pero, por favor, ¡no tomen licuado de fe! ¡La fe es entera, no se licúa, es la fe en Jesús!, es la fe en el hijo de Dios hecho hombre que me amó y murió por mí", afirmó.

"Los jóvenes tiene que salir, tienen que hacerse valer, los jóvenes tienen que salir a luchar por los valores y los viejos abran la boca, los ancianos abran la boca y enséñennos, transmítannos la sabiduría de los pueblos", dijo en Pontífice ante miles de compatriotas que llegaron a Río.

"Pienso que en este momento esta civilización mundial se pasó de 'rosca' porque es tal el culto que ha hecho al dios dinero que estamos presenciando una filosofía y una praxis de exclusión de los dos polos de la vida que son las promesas de los pueblos", denunció en alusión a los problemas que enfrentan los jóvenes.

Este día tendrá un breve encuentro con algunos reclusos en el palacio arzobispal, por la tarde regresará al paseo marítimo de Copacabana para dirigir un Vía Crucis con los peregrinos.

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