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Paciencia y tiempo palabras clave en sobrevivientes de aneurisma

Mantener vivos el optimismo, la confianza y tener una terapia de rehabilitación adecuada son dos de los elementos necesarios en el proceso de recuperación de los sobreviviente de rupturas de aneurismas cerebrales

El viernes 22 de julio de 2011 Francisco Flores Amaya, de 41 años, se levantó temprano, como de costumbre, para iniciar su faena de panadero. Mientras se disponía a bañarse sintió el dolor de cabeza más insoportable de su vida. El malestar fue tan intenso que hasta le hizo perder la conciencia. Su esposa con ayuda de su hermano, llevó de inmediato a Francisco a un centro asistencial de San Salvador. Después de algunos exámenes se determinó que se trataba de un aneurisma cerebral roto.

Las esperanzas de vida dadas por los doctores fueron muy pocas. Temían que el paciente falleciera de un momento a otro. A pesar de su aparente pesimismo, los galenos le brindaron todas las atenciones necesarias, incluyendo una intervención quirúrgica. Francisco permaneció casi dos meses en el nosocomio; parte de ese tiempo estuvo conectado a un respirador artificial.

Poco a poco, y con la ayuda de neurólogos, fisioterapistas y familiares el paciente comenzó a mostrar signos de recuperación.

"La gente nos decía que Francisco no iba a 'durar", que eran pocas las posibilidades de que él viviera y se recuperara. Pero no fue así. Nunca nos dimos por vencidos. Con la ayuda del personal médico y de la familia él ha mejorado. No es el mismo de antes, pero aún está con nosotros y eso es lo importante", expresa doña Flor Echegoyén de Flores, esposa de Francisco.

El proceso de rehabilitación incluyó sesiones de fisioterapias, pues una parte de su cuerpo quedó rígida; ejercicios para estimular el habla y hasta terapia emocional con una sicóloga.

"Él comenzó de cero. Después de la ruptura del aneurisma quedó en un estado muy deplorable. Ahora ya habla y camina. Es como si hubiera vuelto a nacer. Todos los días le 'inyectamos' ánimos y esperanzas, pues tiende a deprimirse", expresa Flor.

Un largo camino

Los aneurismas encefálicos o aneurismas cerebrales son un tipo de malformaciones de las arterias cerebrales que consisten en una dilatación o ensanchamiento en forma de saco o globo, con paredes anormales y débiles, que pueden romperse y producir una hemorragia cerebral con muy graves consecuencias, catastróficas y a veces fatales.

"Hay dos formas de aneurismas: una que se adquiere desde el nacimiento y otra cuando la capa media de alguna arteria se debilita", expresa el doctor Luis Ernesto González Sánchez, médico neurólogo.

Los aneurismas pueden estallar y sangrar dentro del cerebro, causando complicaciones serias como el accidente cerebrovascular hemorrágico, daño nervioso permanente, o ambos.

Sobrevivir a un aneurisma roto podría resultar una experiencia abrumadora.

La gran mayoría de pacientes que no mueren después del rompimiento del aneurisma suelen tener complicaciones y secuelas importantes producto de la hemorragia y de los procesos asociados a ella (hidrocefalia, espasmo de las arterias, infartos cerebrales y complicaciones generales infecciosas...).

Entre las complicaciones más comunes se encuentran dolor de cabeza crónico, rigidez en algunas partes del cuerpo, ceguera parcial o completa, problemas de procesamiento cognitivo, complicaciones del habla, problemas de percepción, inconsistencias del comportamiento, pérdida de equilibrio y coordinación, disminución de la concentración y fatiga.

La mayoría de estas deficiencias disminuyen con el tiempo con ayuda terapéutica. Muchos pacientes se recuperan y recobran la mayoría de sus funciones. Otros pacientes hemorrágicos graves podrían sufrir efectos más serios, prolongados o permanentes.

Una de las preguntas más frecuentes hechas por sobrevivientes de aneurismas cerebrales es "¿Cuánto tiempo tardaré en mejorarme?" Desafortunadamente, no hay manera de predecir la cantidad de tiempo que se necesita para mejorar o incluso cuánta mejora ocurrirá.

La mayoría de sobrevivientes experimenta la pérdida temporal del control de sus emociones. Esto puede manifestarse con ira, frustración y recriminación contra sí mismo y otros. Sentir confusión sobre el trauma es común, por ello debe comunicarlo. Necesita reconocer sus límites. Esto mejorará mientras se recupera.

"En el proceso de rehabilitación el camino por recorrer es largo. Pero la fortaleza interior, el coraje, la familia, los amigos y los profesionales de cuidados médicos pueden ayudar. Estos elementos son indispensable para llevar una vida sin tanto peso", expresa la licenciada Guadalupe Pacas, sicóloga.

Tiempo y paciencia

Por lo general, los aneurismas suelen ubicarse en determinadas posiciones de las arterias, usualmente en la división de una arteria grande en dos más pequeñas, lo que supone razones asociadas al flujo de la sangre y al grosor de la pared en esos sectores como factores favorecedores de la generación y el crecimiento de los aneurismas.

Cualquier persona puede tener un aneurisma cerebral. Se estima que al menos del 2 % de todas las personas, aunque no tengan ningún síntoma, son portadoras de aneurismas. Por lo tanto, es una condición muy frecuente que raramente se logra detectar sin que dé síntomas graves secundarios a su rotura.

Los síntomas más frecuentes se producen solo cuando el aneurisma se rompe, salvo algunas excepciones. Cuando esto sucede, se está frente a un cuadro de hemorragia cerebral (llamada hemorragia subaracnoídea), que es sangre ubicada alrededor del cerebro y que genera un cuadro de dolor de cabeza muy intenso, con vómitos, irritación de las meninges (rigidez de la nuca) y hasta pérdida de conciencia.

"Cuando hay una ruptura del aneurisma la sangre invade el cerebro provocando un derrame cerebral, también conocido como accidente cerebrovascular", manifiesta el doctor González Sánchez.

El cuadro es tan alarmante que la mayoría de los pacientes con un aneurisma cerebral roto fallece inmediatamente producto de la hemorragia sin siquiera alcanzar a recibir atención médica de urgencia.

Según "The Brain Aneurysm Foundation" (Fundación de Aneurisma Cerebral) el 40 % de los pacientes que sufren la rotura de un aneurisma cerebral fallece por esta causa.

La decisión de reparar un aneurisma cerebral que no ha experimentado ruptura se basa en el tamaño, el lugar donde se localiza, la edad del paciente y en su estado general de salud. Dicha determinación se debe considerar cuidadosamente dado los riesgos inherentes tanto de la operación como de la espera de resultados.

No hay forma de prevenirlos

Las personas que sobreviven una hemorragia subaracnoidea aneurismal (HSA) es muy probable que tengan un tiempo de recuperación más prolongado así como déficits más serios. Los síntomas son proporcionales al grado de severidad de la hemorragia. Los pacientes que caen en estado de coma o semicomatosos suelen tener una recuperación más prolongada y presentar problemas neurocognitivos más graves en comparación con hemorragias menores o aneurismas no rotos. La HSA es causa de seis a ocho por ciento de todos los accidentes cerebrovasculares, y continúa siendo una causa mayor de todos los déficits (problemas físicos, sicológicos o emocionales).

Los aneurismas cerebrales rotos suelen ser mortales. De aquellos que sobreviven, más de la mitad sufre algún tipo de discapacidad permanente.

De acuerdo con The Brain Aneurysm Foundation dos tercios de los que sobreviven sufren algún déficit neurológico permanente. Aunque estos son datos procedentes de estudios realizados sobre la población estadounidense, son extrapolables al resto de países y se aproximan bastante a los datos que figuran en muchas publicaciones científicas.

No hay forma conocida de prevenir la formación de un aneurisma cerebral. Si se descubre a tiempo, el aneurisma que no ha presentado ruptura se puede tratar antes de que genere problemas.

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