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Arte escénico

Moby Dick Teatro, quince años contra la corriente

Llevan el nombre de una novela de Hermna Melville. El grupo de artistas surgió en el año 2000 y hasta el momento ha llevado a las tablas 13 obras. 

Grupo de teatro Moby Dick

Víctor Suncín junto a las actrices del grupo de teatro.  | Foto por Cortesía

Llevan el nombre de una novela de Herman Melville. El grupo nació en 2000, hasta el momento han montado 13 obras. Hablar de Moby Dick Teatro es hablar de tres actrices y un director que han tenido las agallas de decirle a El Salvador: mírennos, después de quince años seguimos haciendo lo que nos gusta.

Su nombre, basado en la novela del estadounidense Herman Melville, también se ha convertido en un simbolismo de lo que ha significado su trabajo durante este tiempo, una ballena que lucha por no rendirse, a pesar de las adversidades. 

En el año 2000, tiempo después que el español Santiago Nogales y la salvadoreña Rosario Ríos –hoy esposos- vuelven de España y México, respectivamente, después de haberse formado académicamente como actores, deciden crear un grupo de teatro, que según comenta Ríos a manera de broma, uno de los nombres que tenían en mente era El Teatro del Aguinaldo, ya que el proyecto nació con el aguinaldo de los dos. 

Ellos se encargaron de contactar a las actrices Rubidia Contreras, Dinora Cañenguez y Mercy Flores para que fueran parte del elenco. De las tres solo han permanecido las últimas dos. “Pensar que vamos a vivir del teatro es casi imposible, pues en aquella época todavía más imposible, lo que sí teníamos claro y seguimos teniendo claro, es que queremos trabajar siempre con gente que nos apetezca, que creemos que tenemos los mismos gustos y afinidades, que además buscamos siempre un mismo objetivo a través del teatro”, menciona Ríos. 

La primera propuesta pusieron en escena fue “Hombres”, de Te de Teatre, en 2001, en medio del caos del terremoto de ese año había dejado paralizado al país y al grupo sin la oportunidad de pisar las tablas del Teatro Nacional de San Salvador, por lo que buscaron espacios alternativos para presentarla . Su debut fue en Patronato Cultural, ubicado en el pasaje Celda Florida, contiguo al Banco Hipotecario que se encuentra cerca del Salvador del Mundo. 

“Nos da un poco de gracia porque en la época de los 50, no doy fe,  pero ahí estaba un burdel que se llamaba ‘El Faro’ o ‘El Punta del Este’, algo así se llamaba”, recuerda Mercy Flores. 

Luego de su primera presentación, el grupo llegó a  un espacio del Museo Nacional de Antropología David J. Guzmán (Muna), pero suspendieron su muestra ahí cuando los diputados fueron trasladados a ese lugar, porque la Asamblea Legislativa había quedado dañada a causa del terremoto. 

Flores destaca que después de 15 años de haber estrenado “Hombres”, las personas siguen pidiéndola en escena. “Yo creo que impactó, impactó porque la forma de trabajo es muy ágil, muy fresca. Se vio el esfuerzo colectivo”, agrega Flores. 

Los obstáculos de ese año no detuvieron al equipo para que a finales de 2001 también estrenara “Bernalda”, su versión de la obra de Federico García Lorca. Este estreno se realizó en la Universidad Centroamericana José Simeón Caña (UCA). Aunque algunas de sus integrantes no recuerdan el ritmo de trabajo que tuvieron ese tiempo, imaginan que fue “vertiginoso”, una, por los problemas que habían tenido para presentarse, y dos, por ser un nuevo grupo. 

El siguiente montaje fue “Matando Horas”, de Rodrigo García, en 2003, con él llegaron al Teatro Luis Poma. En 2004 presentaron “Divorciadas, evangélicas y vegetarianas”, de Gustavo Ott. Por esta obra las actrices recuerdan que  a su director, Santiago Nogales, algunas personas le dijeron que en su casa iba a llover fuego, porque dejaba ha descubierto mucha de las “charlatanería” que hay en las iglesias. 

Además, la propuesta escénica rompió taquilla en el Teatro Luis Poma, dice Flores, porque los asistentes hasta iban preparados con cojines  para sentarse en el suelo por falta de asientos en las funciones. 

A “Divorciadas, evangélicas y vegetarianas” siguió “Criaturas”, en 2005, también T de Teatre. En 2007 montaron “Gorditas”,  otra obra de Gustavo Ott. Ésta borda el tema de la publicidad y el manejo de la imagen personal como factor de venta. A estas obras le siguió la trilogía del director del grupo, que estaba compuesta por: “Vecinas” (2008), con la temática de la violencia de género; “La última calle poniente” (2009), cuyo tema central es la migración; y “La isla de la pólvora negra” (2010), en donde habla sobre la guerra de El Salvador. 

En estos textos siempre hay una alusión a los elementos marinos, señala Ríos, elementos  presentes en los textos de Nogales, quien de hecho, decidió bautizar a Moby Dick Teatro con ese nombre por el contexto oceánico que refleja Melvill en su obra. 

Fue así como entre ensayos, montajes y presentaciones, Moby Dick cumplió en 2010 su décimo aniversario y tanto su director como sus integrantes decidieron celebrarlo siempre con artes escénicas, para ello prepararon la obra “La melindres de Belisa”, de Lope de Vega, invitando a diferentes actores a participar en ella, entre los cuales se encontraba Frank Borja, Óscar Guardado y Alejandra Nolasco. Para la preparación, Nogales impartió un taller de teatro clásico y contaron con el apoyo financiero del Centro Cultural de España.  

Las artistas dicen que esta experiencia fue enriquecedora, porque aprendieron sobre el uso de la métrica clásica en el teatro y cómo la composición de los versos genera impacto al momento de la actuación.  “Ahí no hay forma de improvisar, ahí tenés que aprendértelo de memoria, porque a menos que improvisaras el verso”, destaca Flores. 

La siguiente obra a preparar fue “Ay, Carmela”, de José Sanchis Sinisterra, en 2012. Hace dos años estrenaron “Butacas trémulas”, escrita por Santiago Nogales, que es un homenaje a la diáspora de los artistas salvadoreños durante la guerra, y a la vez, aborda el tema de la masacre indígena de 1932. 

El 4 de junio de este año, Moby Dick estrenó en el Teatro Luis Poma su propuesta más reciente: “Las partículas de Dios”, escrito por el mexicano de madre salvadoreña –sobrino de Mercy Flores- Luis Ayhllón. Con esta comedia, dedicada al grupo, Ayhllón ganó el premio Sor Juana Inés de la Cruz, edición 2014, y les dio la oportunidad a las artistas para que la estrenara sobre las tablas nacionales. Les hizo la propuesta antes de saber sobre el galardón. 

Con “Las partículas de Dios” los artistas tuvieron dos presentaciones en La Casa Tomada, para la cual contaron con la asistencia del autor del texto, quien no pudo asistir para su debut. Y el 18 de julio, con una cena, realizaron una celebración, pero cuyo regalo más grande fue el estreno de la obra. 

El lenguaje poético

Al hablar de la característica principal del grupo, tanto Mercy, Dinora y Rosario se refieren al lenguaje poético que manejan en cada uno de sus puestas en escena, y donde también los elementos en el escenario tienen una función y no está solo por estar. 

Agregado a ello, uno de sus sellos  es que desde que presentaron “Bernalda”, un músico que acompaña las obras. Este ensaya junto con ellas durante el proceso de montaje y en los ensayos se encarga de crear las melodías. Ha participado en esta tarea los artistas Juan Carlos Berríos, y actualmente, quien las acompaña es Víctor Suncín. 

En agosto del año pasado, el Moby Dick Teatro perdió a su escenógrafo Sarbelio Henríquez, un joven diseñador que este año hubiera cumplido 30 años de edad, y que se unió al equipo en el 2006, sin embargo, ellas resumen su experiencia con Henríquez con la palabra “amor”, mencionando que fue un joven apasionado y talentoso para diseñar sus vestuarios y escenarios, y que supo entender la química de trabajo. 

A 15 años de su fundación, Moby Dick sigue hablando de retos para dedicarse al arte en El Salvador, porque hacer los que les gusta tiene un costo, pero también una satisfacción. Según las actrices, no existe el apoyo necesario de las instituciones de gobierno encargadas de la cultura ni existen muchas iniciativas de la empresa privada para apoyar el talento artístico, al menos algo que sea a largo plazo. Por eso Ríos concluye que “ahí está la ballenita tratando de nadar, no sé cómo no la han cazado y se la han comido en sushi”. 

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