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El microchip es el corazón de los teléfonos inteligentes

El dispositivo donde se procesa el universo de aplicaciones y los datos desde Internet está atravesando una evolución bajo la sombra del mundo de los smartphones, tablets y la tecnología global

Cuando el primer microprocesador surgió después de la fusión de la segunda generación de computadoras y la tecnología de semiconductores y el silicio nadie visualizó un futuro donde este complejo sistema informático estaría en la palma de la mano de sus usuarios dentro de un teléfono inteligente.

Hoy, este presente brinda la posibilidad de que las personas puedan aprovechar al máximo las ventajas de Internet para comunicarse, aumentar su productividad e intercambiar información y conocimiento.

Esto plantea un nuevo escenario: el procesador está migrando de la PC hacia los móviles y las tabletas, dispositivos que podrían ser, a corto plazo, unos "superordenadores de bolsillo".

Para contextualizar, el procesador es el corazón — o el cerebro — del teléfono. Por ello, utiliza el mismo tipo de lógica empleado en la unidad procesadora central (CPU) de una computadora digital y se construye con materiales como silicio, germanio y, recientemente, grafeno o la molibdenita.

¿Pero que diferencia un chip para computadoras con uno de móviles? El principal punto, y el más evidente, es su tamaño. Pero esto no basta: su consumo de energía debe de ser "lo menos posible" porque esto garantiza un equilibrio entre el resto del hardware y el uso del software.

No obstante, obviar el tema de la velocidad de procesamiento sería poco razonable ya que el mercado de chips se mueve bajo esa dinámica donde el usuario exige realizar múltiples procesos.

Por ejemplo Motorola desde hace tres años viene empujando con modelos de móviles con una base de chips de doble núcleo, es decir, con una "segunda capacidad" de procesamiento. Y Apple, en los últimos modelos de iPhone ha creado bajo la arquitectura ARM fabricada por Qualcomm, una plataforma dominante en el mercado de la electrónica móvil.

Pero quien ha llegado tarde a esta carrera es Intel, un viejo conocido en el mundo de las PC que intenta encontrar en Android caldo de cultivo para sus ideas con un procesador de investigación de 48 núcleos que está sirviendo de base para comprender el nuevo mundo móvil, sistemas operativos, gestión del consumo energético y programación.

Enric Herrero, investigador del laboratorio que Intel tiene en Barcelona (España), explicó a la revista especializada Computer World que la gran ventaja de tener un procesador "versátil" es que puede responder en cualquier situación

"Normalmente un procesador con un núcleo lleva a cabo una tarea y después otra. Con múltiples se pueden dividir, repartir entre los núcleos disponibles y ser muchísimo más efectivo", afirmó el especialista.

Lo anterior se explica con el uso de múltiples aplicaciones sin que el teléfono se vuelva lento o automatizar aún más la gestión de plataformas, algo que hoy es posible pero con ciertas limitantes evidentes de rendimiento.

De este modo, la cuestión de núcleos tiene que ver con eficiencia de consumo energético más que con velocidad, según indica la Ley de Moore, una de las premisas básicas de la industria de procesadores que recuerda que cada dos años se duplica el número de transistores en un circuito integrado.

"Al poner tantas cosas dentro de un chip tan diminuto se reduce el número de elementos y su tamaño, y se optimiza su funcionamiento porque los datos no tienen que entrar y salir de distintos componentes", agregó Herrero.

Mientras todo esto evoluciona ya son una realidad los procesadores de hasta ocho núcleos. Por ejemplo, en el último Consumer Electronic Show (CES), el gigante coreano Samsung anunció que el chip Exynos 5 Octa enfocado en smartphones con pantallas 3D.

Este procesa con una arquitectura compuesta de dos clústers (grupos) de cuatro procesadores cada uno, que trabajan en paralelo; ARM Cortex-15 para rendimiento y ARM Cortex A7 para carga normal de trabajo.

No hay que obviar que la nueva tendencia en dispositivos — la tablet — podría cambiar los diseños y podría crear una especie de híbrido entre los X86 y ARM a corto plazo. Todo depende de las nuevas formas de consumo y la integración global del hardware.

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