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Espiritualidad protege al cerebro de la depresión

El fuerte apego a la fe protegería el cerebro de las personas con alto riesgo de depresión por sus antecedentes familiares

Espiritualidad protege al cerebro de la depresión

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Un estudio sugiere que la espiritualidad protegería de algún modo el cerebro de las personas con alto riesgo de depresión debido a sus antecedentes familiares.

Los autores observaron que la capa externa del cerebro, la corteza, era más gruesa en los participantes de alto riesgo del estudio que le otorgaban más importancia a la religión o a la espiritualidad que en aquellos no tan apegados a la fe.

"Nuestras creencias y estados de ánimo se manifiestan en nuestro cerebro y las nuevas técnicas de estudio por imágenes nos permiten verlas", expresó Myrna Weissman, coautora del estudio y profesora de psiquiatría y epidemiología de Columbia University.

"El cerebro es un órgano extraordinario. No sólo controla, sino también está controlado por nuestros estados de ánimo", agregó Weissman, que también dirige el Departamento de Epidemiología Clínica y Genética del Instituto de Psiquiatría del Estados de Nueva York.

El estudio sugiere una relación entre el grosor del cerebro y la religiosidad o la espiritualidad no prueba que regiones cerebrales más gruesas son las que hacen que la gente sea más religiosa o espiritual, según aclara el equipo de Weissman en JAMA Psychiatry.

Lo que sin embargo si sugeriría es que la religiosidad podría reforzar la resiliencia cerebral contra la depresión de una manera muy física.

Anteriormente los investigadores habían hallado que las personas religiosas o espirituales tenían bajo riesgo de depresión. Y también que las personas con alto riesgo de depresión tenían cortezas más delgadas en comparación con aquellas con bajo riesgo.

La corteza cerebral es la capa más externa del cerebro y está compuesta de materia gris que forma sus pliegues característicos. Algunas áreas son importantes para procesos como la percepción sensorial, el lenguaje y la emoción.

Los autores entrevistaron dos veces a 103 adultos de entre 18 y 54 años sobre la importancia de la religión o la espiritualidad y con qué frecuencia concurrieron a servicios religiosos en un plazo de cinco años.

Además, les realizaron estudios por imágenes del cerebro para determinar el grosor de la corteza cerebral.

Todos los participantes eran hijos o nietos de exparticipantes de un estudio previo sobre la depresión. Algunos tenían antecedentes familiares de depresión, de modo que tenían alto riesgo de padecer ese trastorno, y aquellos sin antecedentes familiares actuaron como grupo control.

El equipo halló que la importancia de la religión o la espiritualidad para el individuo, pero no la concurrencia a la iglesia, estaba asociada con la posibilidad de tener una corteza cerebral más gruesa.

La relación fue más sólida en los participantes con alto riesgo de depresión. "Ahora, estamos estudiando su estabilidad", puntualizó Weissman. —Reuters

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