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Opinión

Desde otro ángulo de la realidad

"Cada época busca su realismo". Bertold Brech

La producción cinematográfica de nuestro país está en un momento intenso, podemos arriesgarnos a decir que estamos saliendo del oscurantismo, poco a poco nos vamos despojando del anonimato y tomando fuerza para proponer y construir una imagen propia a través de la producción audiovisual a pesar de las dificultades.

Generalmente las películas que producimos tienen una vida frágil y clandestina, no porque los creadores así lo deseen si no porque son producidas en un contexto desigual y con poca proyección, competimos diariamente con la oferta que nos seduce por su propuesta alucinadora, sin embargo, caminamos en la dirección de remover los obstáculos que nos impiden hacer nuevas propuestas cinematográficas.

Nos encontramos, pues, en el limbo de la creatividad donde producir arte propio es sinónimo de quijote, loco e irresponsable, sin embargo, los artistas solo tienen una forma honesta de comunicarse y es a través de la obra, sea esta mala, buena o regular.

La producción del documental "El tigre y el venado" es una propuesta estética que cabalga entre el cine antropológico y el documento histórico-social, con una propuesta narrativa desde el propio personaje, la cámara se muestra como un espectador, parecería que el personaje don Chelino, un hombre centenario sobreviviente de la insurrección y genocidio de 1932, utiliza la cámara a su antojo para decir lo que quiere, cuando lo quiere y como lo quiere.

En el documental, el personaje don Chelino se presenta ante nosotros con naturalidad y nos invita a compartir su vida, su forma de ver su entorno, su autonomía y autogestión para decirnos que a pesar de su precariedad es un hombre sabio y con un acumulado histórico.

Al no usar textos explicativos, el documental va entretejiendo situaciones y ambientes que logran que los espectadores integren el entorno natural con las acciones del protagonista, usando como recurso narrativo la pista de audio del sonido ambiente y la música ejecutada por el protagonista para entender plenamente la propuesta que nos seduce hasta el final de la pieza, manteniendo una actitud reflexiva.

En la propuesta del documental hay varios niveles de interlocución, el propio personaje don Chelino, que cuenta su historia, el joven alumno, los personajes de su memoria que cobran vida en la narración y los ambientes naturales que logran armonizarse en una sinfonía bucólica para trasladar al espectador a otra época y a otra dimensión.

En la producción del documental se puede apreciar el grado de compromiso del equipo y esto solo es posible por el trabajo que el equipo supo establecer antes y durante la grabación y así se va pasando de locación a locación sin que el personaje se quede en el vacío narrativo.

La propuesta de nutrirse de la realidad para convertirla en obra artística, es una apuesta que grandes documentalistas como Jean Rouch y Joris Ivens llevaron a la práctica, heredando al cine una nueva vertiente narrativa para contar historias desde la vivencia de los propios personajes para reflexionar sobre su entorno social.

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