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Descubre el Golfo de Fonseca, fusión de mar y montaña

Si todavía no sabes dónde descansar estas vacaciones te recomendamos visitar los paradisiacos terrenos que se esconden al sur del país, capaces de enamorar a los más exquisitos

Vista desde el punto más alto del Volcán de Conchagua, en el departamento de La Unión. Foto EDH/María Pintado

Vista desde el punto más alto del Volcán de Conchagua, en el departamento de La Unión. Foto EDH/María Pintado

Vista desde el punto más alto del Volcán de Conchagua, en el departamento de La Unión. Foto EDH/María Pintado

Bajo un cielo limpio de nubes, con un sol radiante entre el mar y la montaña se encuentran los paradisiacos terrenos del Golfo de Fonseca. Una ruta turística mágica, capaz de encandilar a cualquier amante de la naturaleza, a tan sólo cuatro horas de la capital, en el departamento de La Unión.

Dos días son los suficientes para conocer uno de los lugares más exóticos del país.

Golfo de Fonseca

El viaje comienza en el Golfo de Fonseca. Allí podrás subirte a una de las embarcaciones capitaneadas por guías locales. Tras comenzar la ruta, lo primero que se puede divisar, a donde se llega en tan sólo unos minutos, es la atunera Calvo, la principal productora de atún en el país.

El viaje continúa bajo los rayos de sol y el siguiente destino es Punta Chiquirín que constituye el punto más al este de El Salvador. Sin incluir las islas, es el primer punto de tierra salvadoreña que se ve en el mapa en la costa este. Se puede llegar por mar o por tierra y se caracteriza por la tranquilidad de su playa y la costumbre de no consumir alcohol.

Pero no es la única vista que resalta a los ojos, ya que a lo largo de todo este recorrido, se mantiene siempre visible el Volcán de Chonchagua, creando una estampa perfecta para los aficionados al mar y a la montaña.

La primera parada que se realiza, luego de la salida del puerto, es en los embalses de agua caliente, con una temperatura de entre 60 y 100 grados, proveniente del volcán. Se trata de un pequeño rincón rodeado de rocas que muchos lugareños utilizan para abastecerse.

Continuando con el recorrido establecido, las primeras islas que contemplamos son Conchagüita y Meanguera. Esta última es conocida por ser la más grande de la zona, además de una de las tres habitadas.

La isla, ocupada antiguamente por tribus Lencas y Potones, cuenta con, aproximadamente, 5.000 personas que se dedican, en su mayoría, a la pesca y a la producción de mango. Llama la atención por su abundante vegetación, así como por la alegría y frescura de sus ciudadanos que parecen vivir sin problemas en su pequeño paraíso, fácil de recorrer en tan sólo media hora. Su punto de referencia quizá sea la Iglesia de San José, singular por su estilo colonial con paredes blancas y azules

El trayecto continúa, la siguiente vista la forma el trifinio marítimo, un lugar donde se pueden divisar tierras nicaragüenses, hondureñas y salvadoreñas. Durante la época de invierno, sobre todo en el mes de enero, es un canal de paso para delfines.

La siguiente isla es Zacatillo, otra de las tres habitadas, con alrededor de 2.000 personas, pero mucho más salvaje y virgen que la anterior. El embarcadero esconde una solitaria playa que recibe a sus visitantes con grandes brotes de armonía y paz, perfectos para alejarse de la rutina y del estrés, acompañados por un relajante sonido de las olas mar; donde tres restaurantes son los encargados de saciar la gula y el hambre gracias a sus fantásticos platos con productos de la zona.

Pueblo de Conchagua

EL golfo y las islas no son los únicos encantos que existen en la Unión, a tan sólo unos minutos del puerto, está el pueblo de Conchagua, famoso por tener la segunda iglesia más antigua del país, con más de 300 años a sus espaldas, situada en su centro histórico, y que se mantiene intacta desde su construcción ya que no se ha visto afectada por ningún desastre natural. Esta joya arquitectónica fue construida en 1630 por Wenceslao Ramírez.

No hay que olvidar el gran mercado de artesanías, muchas realizadas con bambú, el material más común de la zona. Su plato típico son las pupusas de atún y de calamares que pueden degustarse en el pupusodromo de la plaza del centro.

La tranquilidad de sus calles y la seguridad son dos de sus características más notables que permiten que pueda ser visitado por el día y por la noche.

Volcán de Conchagua

Para descubrir los encantos del golfo de Fonseca es necesario apreciar sus vistas desde las alturas, y la mejor opción es subir al área natural protegida del Volcán de Conchagua, uno de los seis activos del país, junto con el de Izalco, el Boquerón y el Chaparrastique, entre otros.

El pico más alto, que se sitúa a 1243mts de altura, deja ver una de las vistas más maravillosas que existen en el mundo. Se trata de una panorámica de la fusión de las aguas del pacífico nicaragüense, hondureño y salvadoreño; y sus respectivas islas.

Además, cabe destacar su fauna, entre las que predominan las aves y los pequeños mamíferos.

Playa las Tunas

Para terminar con buen sabor de boca, es parada obligatoria la playa Las Tunas. Cuando la marea está baja, la preciosa playa de arena de origen volcánico, fina y negra, ofrece al visitante un increíble espectáculo de enormes olas que mueren en la orilla. En sus inmediaciones, es posible visitar pequeños restaurantes con comida a base de mariscos, saludables, frescos y recién salidos del mar. La amabilidad de los trabajadores y su hospitalidad hacen de Playa Las Tunas un lugar verdaderamente acogedor.

Si todavía no tienes plan para estas vacaciones de Semana Santa no dudes en acercarte a esta pequeña localidad y descubrir los maravillosos encantos que se esconden al sur del valle de las hamacas, El Salvador. En esta web podrás descubrir más información.

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