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Debate sobre riesgos de investigación

Los médicos y creadores de experimentos deben informar a los participantes sobre los riesgos que correrán

Los padres de Dagen Pratt inscribieron a su bebé nacida prematuramente en un estudio sobre tratamiento de oxígeno creyendo que recibiría el mejor cuidado posible. No entendieron que era un experimento para medir la dosis más efectiva. Nadie mencionó riesgo alguno.

Ahora, con seis años, Dagen padece parálisis cerebral y se preguntan: ¿Hay que atribuirla a ese estudio de hace tanto tiempo?

"Díganme que el estudio Support no dañó en modo alguno a Dagen", desafió su padre, Shawn Pratt, el miércoles a una comisión gubernamental acompañado por su hija.

Una gran polémica ha surgido sobre lo que parece una respuesta simple: ¿Hasta qué punto deben ser informados los pacientes sobre los riesgos potenciales antes de que se inscriban en ciertos tipos de investigación médica?

El tema no reside en cómo estudiar una terapia nueva y no confirmada. Todas las partes concordaron que esos estudios deben informar plenamente a los participantes que no hay garantías de que funcione el experimento ni incluso si es seguro.

En lugar de ello, el debate versa sobre uno de los secretos de la medicina moderna: los médicos recetan con frecuencia un tratamiento en vez de otro sin prueba alguna de cuál de los dos será mejor.

No hay requisito alguno de que deban informar a sus pacientes cuando asumen una hipótesis ni que describan los beneficios y los efectos negativos de cada alternativa.

Los investigadores deben describir todos los riesgos cuando estudian cuál es la mejor alternativa. Empero ¿ello podría hacer creer a los pacientes que la investigación es más peligrosa que lo calculado por sus propios médicos?

Los funcionarios federales de salud plantearon el miércoles la pregunta al público, al debatir la forma de regularizar este tipo de investigación, un debate desatado por el estudio de bebés prematuros que incluyó el caso de Dagen Pratt.

Los prematuros más pequeños encaran graves riesgos, incluyendo la muerte y tareas físicas.

El oxígeno ha sido un tratamiento común en esos casos, pero los médicos no sabían qué cantidad debían utilizar. Demasiado oxígeno causa un tipo de ceguera llamada retinopatía prematura.

Pero muy poco oxígeno puede causar daños neurológicos, incluso la muerte.

Por ello los hospitales usan una amplia gama de oxígeno, en la que algunos médicos se inclinan por la dosis máxima y otros por la mínima. —AP

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