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Colesterol, mitos y realidades

Su presencia en el organismo es indispensable para su buen funcionamiento. Ningún alimento dispara los niveles de colesterol, pero su ingesta desmedida sí, afirman expertos

El colesterol es un tema que genera controversia, una palabra que se asocia a una enfermedad y en general, es un enigma, casi un tabú ya que los mitos y el desconocimiento siempre lo estigmatiza.

Según expertos una buena parte de ello se debe a que en la gran mayoría de veces, las 'campañas informativas' solo destacan los aspectos negativos del colesterol.

A continuación se presentan los principales mitos en torno al colesterol, esclarecidos con la ayuda de profesionales de la salud.

¿Es innecesario?

Popularmente se sustenta el mito de que el colesterol es 'malo' y que por lo tanto no lo necesitamos.

Cuando en realidad, el colesterol (una sustancia grasa natural presente en todas las células del cuerpo humano) es necesario para el normal funcionamiento del organismo, aseguró Guadalupe Argueta del Centro de Nutrición Nutrition Works.

Otro de los mitos es que la principal fuente de colesterol proviene de los alimentos, ya que esta sustancia es generada por el mismo organismo.

"Aunque esta sustancia también se obtiene a través de algunos alimentos de origen animal, la mayor parte del colesterol se produce en el hígado, el 70%", explicó Argueta.

El colesterol se encuentra en los tejidos corporales y en el plasma sanguíneo. Se presenta en altas concentraciones en el hígado, médula espinal, páncreas y cerebro. Pese a tener consecuencias perjudiciales en altas concentraciones, es esencial para crear la membrana plasmática que regula la entrada y salida de sustancias que atraviesan la célula.

Además contribuye a proteger la piel y evita su deshidratación, interviene en la formación de la vitamina D, apoya el sistema inmunológico, protege a los diabéticos de daños renales, es esencial en el desarrollo cerebral del recién nacido e impide malformaciones en el embrión.

En el cerebro constituye entre un 10 y un 20% de su masa total y en el corazón alcanza el 10%, mismo valor que en los pulmones.

Alimentos y colesterol

Muchos estudios demuestran la inexistencia de un vínculo entre colesterol alimenticio y sanguíneo. Un estudio de la Universidad de Colorado (EEUU) sobre personas que comían casi dos docenas de huevos al día arrojó datos que tenían el colesterol por debajo de 200 mg.

A mayor aporte nutricional, menor producción corporal; por este mecanismo de autorregulación, el cuerpo mantiene el nivel en sangre necesario, independientemente del aporte nutricional.

"El organismo trata de mantener un nivel individual de colesterol y es capaz de compensar en gran parte el efecto de una dieta para reducir o aumentar el colesterol. Llama la atención que al pasar de una dieta rica en grasas a una pobre, el nivel de colesterol primero baja en forma abrupta, luego sube lentamente durante semanas y meses, para finalmente ajustarse a valores similares al inicial", afirma el profesor Hans Glatzel del Instituto Max Planck para la Alimentación (Alemania).

Según Argueta en ocasiones el consumo de ciertos medicamentos como la cortisona, puede promover como efecto secundario una elevación del colesterol en sangre.

Y agregó que a pesar que un alimento en sí no es capaz de elevar los niveles, la cantidad que se consume sí. "El colesterol se eleva por la ingesta elevada de grasas saturadas (arriba del 7%) que representan las grasas totales recomendadas al día", aseguró.

Colesterol bueno y malo

Erróneamente se habla de colesterol bueno y malo. Ante esto, es importante aclarar que existen dos tipos de lipoproteínas, dijo la nutricionista.

La primera se caracteriza por ser de baja densidad (LDL): se encargan de transportar nuevo colesterol desde el hígado a todas la células de nuestro organismo. LDL promueve el depósito de grasa en la pared de las arterias y forma las placas de ateroma por lo cual es llamado colesterol malo.

Y la segunda, es de alta densidad (HDL): recogen el colesterol no utilizado y lo devuelve al hígado para su almacenamiento o excreción al exterior a través de la bilis por eso es llamado colesterol bueno.

Lo más indicado, según Argueta es mantener una dieta alta en fibra, 30% grasas de las calorías diarias, de las cuales 7% sean saturadas, 13% sean poliinsaturadas (como omega 3), 10% monoinsaturadas. Estas dos últimas mejoran o elevan el colesterol bueno HDL.

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