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Atracón: el comelón nocturno

Comer compulsivamente y a escondidas a altas horas de la noche puede desembocar un patrón alimenticio caótico y crónico, generando obesidad.

Atracón: el comelón nocturno

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Atracón: el comelón nocturno

Si se levanta por las noches, va al refrigerador y sin que nadie le vea, come todo lo que ve a su paso sin cesar, es claro que usted conoce el martirio y el placer de comer compulsivamente. Estos episodios de ansiedad ocurren dos veces por semana, a lo que los especialistas en nutrición han llamado: el síndrome del atracón.

En este trastorno alimenticio y psicológico se conjugan la angustia, la satisfacción y la culpabilidad. Para estos ataques de hambre no hay edad, todo está conectado por los estados de ánimos de las personas. Los más propensos a padecerlo son mujeres. Según el International Journal of Eating Disonders, el 5.5 % de la población mundial son comensales nocturnos, especificando que el 3.5 % son mujeres en las que se manifiesta este tipo de ansiedades.

Luis Mejía es un padre amoroso y se preocupa por la salud de sus hijos. Su hija mayor, Lucía, al contraer matrimonio, cambió su estilo de vida. "Mi yerno (José Antonio) descubrió que mi hija empezó a engordar de la nada. Una madrugada, José Antonio la siguió hasta el refrigerador sin que se diera cuenta, dice que comenzó a comer y comer sin parar. Le siguió el rastro. Preocupado, no le dijo nada, la vigiló durante la semana hasta que una segunda ocasión mi hija bajó a comer", comentó Luis sobre las primeras manifestaciones del síndrome.

"Hay dos criterios clave para diagnosticar el síndrome de atracón: comer en un periodo corto de tiempo (por ejemplo dos horas) grandes cantidades de comidas mayores a lo que la mayoría de personas comería en el mismo periodo de tiempo y en las mismas circunstancias, y si los episodios han ocurrido al menos una vez por semana durante tres meses y la persona tiene una evidente sensación de pérdida de control, una sensación de no poder parar de comer o controlarse", explicó la nutricionista y dietista del Instituto de Neurociencias, Abigail González de Santillana.

Al cabo de tres meses, Lucía comenzaba a consumir más de 2,500 calorías en ataque de hambre. Luis y José Antonio decidieron buscar ayuda psicológica, cuyo fin era volver a la normalidad a Lucía.

"En estas sobreingestas, la persona come mucho más rápido de lo normal, esa sensación de pérdida de control potencia que la persona coma a una velocidad demasiado rápida, también come hasta quedar incómodamente lleno y come grandes cantidades de comida aun sin sentir signos de hambre física y predomina un sentimiento de aflicción, enojo y culpa después por haber comido de esa manera", añadió la nutricionista y dietista.

Según las organizaciones internacionales como NEDA (National Eating Disorders Association), BEDA (Binge Eating disorder association) y la Academy for Eating Disorders (AED) este síndrome es el trastorno de la conducta alimentaria más común en los Estados Unidos, según sus investigaciones el 3 % de mujeres estadounidenses padecen del síndrome, lo que del 30 al 40 % de personas están buscando un tratamiento de reducción de peso pueden ser clínicamente diagnosticados con trastorno por atracón.

"No tenemos datos en El Salvador, sin embargo, sabemos que es un trastorno que no siempre se diagnostica, probablemente las personas que lo padecen no siempre dicen los síntomas que tienen o buscan tratamiento, y los casos van en crecimiento sin estar siendo adecuadamente diagnosticados o tratados", señaló la representante de la Asociación Estima, Julia Raquel de Orellana.

"En mi práctica veo más casos de adolescente con anorexia o bulimia y sobrepeso y obesidad en adultos y niños. He logrado atender algunos casos de trastorno por atracón, aunque algunos casos han sido subtipos, que no cumplen todo los criterios, pero sí hay conductas de riesgo", aseveró de Santillana.

Existen tratamientos eficaces para este síndrome que combinan los aspectos nutricionales, fármacos y tratamientos psicológicos. Porque los atracones son debidos alteraciones del estado de ánimo, con ansiedad, depresión, síntomas que se exacerban con el estrés. Por tanto, es importante que las personas que lo padecen tomen conciencia de lo que les sucede, de su posible cronificación y sus consecuencias, para que busquen ayuda médica y psicológica, y rompan el círculo vicioso compulsiones-obesidad.

"Muchas personas con este trastorno presentan sobrepeso u obesidad, aunque no es la regla, es frecuente encontrar ambas situaciones por lo que en estos casos la persona puede desarrollar las enfermedades relacionadas al sobrepeso y obesidad como diabetes tipo 2, hipertensión, colesterol y triglicéridos altos, infección de vías urinarias, enfermedades cardíacas, problemas gastrointestinales, apnea de sueño, ovarios poliquísticos y en adolescentes también hiperinsulinismo y prediabetes, entre otros", puntualizó la nutricionista.

Además, concluyó que el proceso de recuperación varía de individuo a individuo, no es lineal, es decir, que pasa por varias etapas, pero con la ayuda correcta se logra superar el síndrome.

Asociación Estima asesora sobre alternativas de tratamiento y a qué profesionales recurrir.

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