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Andrés Ángel, el pianista salvadoreño que hizo su sueño realidad

El joven ofrecerá un concierto en en museo Marte, junto a la Orquesta de la Fundación Ancalmo

“Yo si creo que uno puede hacer sus sueños realidad”: Andrés Ángel

El joven pianista es salvadoreño de nacimiento, pero en Guatemala encontró la profesión de su vida en el Conservatorio Nacional

Toca el piano desde los cuatro años. Una década después ya lo estudiaba de forma más académica, pero cuando se graduó de bachiller quiso seguir los pasos de su padre y se inscribió en la Universidad Dr. José Matías Delgado en la carrera de Medicina. 

Luego de tres años partiéndose en dos para lograr atender la carrera universitaria y su pasión por el piano, llegó a un punto en que debía optar solo por una de las dos cosas y se decidió por la segunda.

Gerardo Andrés Raymundo Ángel es un joven de 22 años, nacido en El Salvador, que tuvo que irse a radicar a Guatemala para cumplir su sueño: ser pianista de profesión.

Debido a que en su país no existe un título de estudios superiores que lo respalde y lo acredite como profesional en esa rama de la música, se esforzó por conseguir la beca que está haciendo su sueño realidad: una licenciatura en el Conservatorio Nacional de Música de Guatemala “Germán Alcántara”, donde estudia desde el año pasado.

Andrés Ángel, como se está dando a conocer en el mundo artístico, estuvo los últimos días visitando su tierra natal para ensayar las piezas que ofrecerá en concierto el próximo 13 de noviembre junto a la Orquesta de la Fundación Ancalmo.

La noche mágica tendrá lugar a las 7:00 de la noche en el Museo de Arte (Marte) y el costo de la entrada es de $10. Los boletos estarán a la venta en los kioskos de Todoticket. Los fondos serán destinados de forma benéfica para apoyar a los alumnos de la escuela de música de la Fundación.

Entre tanto, el joven artista se tomó el tiempo para hablar sobre su primer contacto con el piano, su formación académica, la triste pérdida de su padre y sobre sus hobbies.

¿De dónde viene tu pasión por el piano?
—Mi primer contacto con el piano fue a la edad de cuatro años. Escuchaba melodías de caricaturas y todo lo que escuchaba me sentaba a tratar de sacarlo con el piano. Luego, alrededor de los 11 o 12 años, más o menos, me matriculé en una academia privada de música en San Salvador. Entonces, terminé el curso de piano que la academia ofrecía con un Diploma de Excelencia en ejecución  del instrumento. Para mis 15 años, ya empecé a tener un estudio más especializado y más formal. Estudié con distinguidos maestros de aquí de El Salvador, pianistas que me prepararon y siempre tuve el hábito de practicar cuatro horas diarias. En la universidad traté de mantener este mismo hábito, pero me topé con aquello de que la carrera ya no me lo permitía. 

Me han contado que estudiabas Medicina.
—Yo empecé a estudiar Medicina, más que todo, por seguir el ejemplo de mi padre, y quizás en el fondo no estaba seguro de qué quería hacer yo con mi vida. Pero ya en la universidad, me topé con la situación de que era tanta mi pasión por la música que yo estaba en semana de parciales, pero prefería terminar de memorizar una pieza de Chopan o de Listz en lugar de prepararme para el examen.

¿Había alguien en tu casa que tocara piano o cómo conociste el instrumento?
— Algo que yo creo que influyó mucho es que, desde que yo era un bebé, mis padres me ponían mucha música clásica y entonces a mí siempre me llamó la atención. Yo me veía frente a mis compañeros que yo era muy diferente a ellos en cuanto a gustos musicales, porque ellos solían andar en su MP3, que estaba de moda en aquel momento, canciones de grupos pop del momento, bandas de rock, cuando yo lo que andaba en mi MP3 era a Chopan, Listz, Mozzart. Y, si de hablar de lo popular se trata, andaba a Richard Clayderman y a Raúl Di Blasio, que son pianistas que tuvieron un estudio clásico, pero se dedicaron más a la música popular. También andaba música del maestro Vinicio Quezada que, por cierto, es uno de mis maestros en la actualidad. Y, por otra parte, mi tío-abuelo tenía un piano, y es con ese piano que yo comencé a tocar desde pequeño. Había un piano en casa, en resumen.

¿Tu tío tocaba el piano por hobbie?
— La verdad y más lo duro es: que lo tenía de adorno; era una reliquia. Conforme yo fui creciendo y llegué a la edad de 11 años, ya mis papás me compraron un piano completo, pero digital, en el que yo podía practicar y todo.

¿Cómo has sentido que ha crecido tu formación en el piano desde los 11 años?
— Yo creo que en gran medida porque con los maestros que yo recibí clase acá aprendí mucho, aprendí el solfeo, la armonía, bastante técnica de ejecución del instrumento, pero mi formación formal y completa la recibí hasta que me fui para Guatemala.

¿Y cómo surgió la oportunidad de irte a estudiar en el Conservatorio de Guatemala?
— Desde los 15 años comencé yo a dar recitales de piano aquí en el país. Poco a poco, mis maestros me arreglaban recitales y me presentaban como su alumno hasta que en una ocasión tuve la oportunidad de presentarme aquí donde estamos ahorita en el Hotel Crowne Plaza con piano solo  y con música de cámara, interpretando piezas de Chopan, Listz, Rajmáninov (Rachmaninoff) y Ernesto Lecuona. Después de esa presentación, mis maestros contactaron a un clarinetista de la Orquesta Sinfónica de Guatemala que se encontraba realizando un pequeño recital de talentos y me llamaron para una presentación en Guatemala. Y allí recibí otra invitación para ir a Honduras. Y después otra vez para Guatemala.

¿Y que edad tenías para ese entonces?
—20 años. En Guatemala tuve un apoyo bastante grande de la prensa, tuve buenas críticas de mi presentación y recibí una invitación del maestro director en el Conservatorio. Él es pianista, compositor y director de orquesta.

¿Después de tu segunda presentación en Guatemala fue él quién te contactó?
— Correcto. Él se presentó allí y me vio.  Después de mi audición en el Conservatorio fui seleccionado para estudiar allí y tuve una muy buena crítica en la parte interpretativa.

¿Cuánto tiempo vas a estar estudiando allí? ¿Qué has aprendido hasta hoy?
— Es  un gran privilegio para mí estar estudiando en el Conservatorio de Guatemala, porque cuenta con maestros de primera línea. Estudio con el pianista Milton Baldizón, graduado del Conservatorio de Noruega. Estudio con la pianista Zoila Luz García Salas, graduada del Conservatorio de París y con el maestro Vinicio Quezada, que ha sido el arreglista personal de Ricardo Arjona, ha dirigido orquesta para José José, ha sacado como 15 álbumes con la ahora extinta disquera de Centroamérica (Dideca) y es el director del Conservatorio.

¿Cuánto tiempo vas a estar en Guatemala? ¿Estás solo o con tu familia?
— Voy a estar estudiando durante cinco años. Ya vivimos allá con mi hermana y mi mamá.

¿Y tu padre?
— Él murió...

¿Hace poco? ¿O no llegó a saber que ganaste la beca en el Conservatorio?
— No, no lo supo. Él estuvo luchando unos dos años contra el cáncer y murió unos pocos meses antes de que yo me ganara la beca en Guatemala. Fue un momento difícil.

¿Estás 100% dedicado al Conservatorio o haces algo más?
— Ahorita me dedico 100% a la música, sin embargo, en el camino se me ha despertado la afición por los negocios y el emprendimiento, cosa que aplico a mi carrera artística.

Cuéntame acerca de ti: tus hobbies, tu comida favorita, tu música favorita fuera del campo profesional.
— Me apasiona mucho escribir, que es algo que siento que está íntimamente relacionado con la música. Me encanta escribir versos y, generalmente, me inspiro en la música que interpreto para escribir los versos. Me gusta ir al gym. ¿Mi comida favorita? Amo las carnes; me gusta el vino y me considero una persona muy ordenada, bastante disciplinada en cuanto a mi carrera artística se refiere. Me encanta leer novelas. Me considero romántico.  De hecho, la música que interpreto... tengo un gusto personal bastante grande por interpretar música del período romántico, en cuanto música académica nos referimos. Me encanta Chopan y me encanta Listz, me encanta Rajmáninov. Pero si nos referimos a música popular: me gustan los boleros y las baladas. Me considero un poco distinto a las personas de mi edad en cuanto a los gustos musicales.

¿Cómo ves las oportunidades que tienen los jóvenes salvadoreños en torno a la música?
— Creo que en el país hace falta mucho más apoyo al artista, sin duda. Comenzando por que el país no cuenta con una oferta académica profesional para quienes se quieren dedicar a la música. No tenemos el respaldo de un título. En cambio, en Guatemala y en Costa Rica a uno lo respalda una licenciatura. Creo que eso hace falta acá. También hace falta un mayor aprecio del arte y de la cultura.

¿Cómo fue el apoyo de tu familia a la hora de decidir abandonar la carrera de Medicina? Ya me decías que no tenemos esa cultura de apoyar el arte, más bien que los padres suelen decirle a sus hijos: “Eso no te va a dar de comer”.
— Al principio fue duro, porque, más que nada, quizás mi familia esperaba que yo siguiera los pasos de mi papá, pero en la carrera me topé con aquello de que no era lo que me apasionaba, me apasionaba más la música. Sí fue duro, porque al principio es como que no lo aceptan: “¿Cómo vas a creer que vas a hacer eso?”. Y pienso que no importa cuál sea la profesión de uno, sino que lo que importa es qué está dispuesto a hacer uno para hacer sus sueños realidad y salir adelante. Lo que busco demostrar es  que los sueños sí se pueden hacer realidad y todo está en el empeño que uno les ponga.

“Quisiera hacer llegar un mensaje a todos esos músicos, a todos esos jóvenes talentos que hay en el país:que no se rindan por cumplir sus sueños, por realizarse como músicos. Sí, muchas veces se presentan obstáculos en el camino, pero todo está en el emprendimiento y en las cosas que uno está dispuesto a hacer para realizar sus sueños”
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