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Alejandra Nolasco "Mi mamá ahora me presenta como actriz"

Es actriz y docente salvadoreña. La crítica la considera toda una promesa. Hace poco finalizó la presentación de "Escondites", obra escrita e interpretada por ella misma junto a la niña Ximena Vásquez.

Inició sus pasos en el teatro en 2000. Ha actuado en más de una docena de obras en las que ha dejado huella y se ganado los mejores elogios.

Inició sus pasos en el teatro en 2000. Ha actuado en más de una docena de obras en las que ha dejado huella y se ganado los mejores...

Inició sus pasos en el teatro en 2000. Ha actuado en más de una docena de obras en las que ha dejado huella y se ganado los mejores elogios.

La mamá le avisó sobre los talleres universitarios de teatro, pero cuando vio que aquello iba en serio, hizo lo posible para "enmendar el error", pero no pudo, era demasiado tarde. Alejandra Nolasco revirtió el prejuicio de su familia hacia el teatro a través del trabajo constante, disciplinado y abnegado. También ayudaron las presentaciones, los aplausos y los elogios de la gente, las publicaciones de los medios. "Ahora mi familia viene fielmente a todas mi obras", confiesa la actriz, que nació en 1982.

Se fue a Buenos Aires, Argentina, gracias al Premio Ovación (2011) de la Fundación Luis Poma. Allá recibió dos talleres de dramaturgia y otro de creación con Sergio Mercurio, "que fue algo más personal para hallar la médula de algo suyo".

¿Cómo nació el deseo de hacer teatro?

Mi historia no es de esas que comienzan con "…Tuve un tío que era artista o vi una obra de teatro y entonces ahí sentí el llamado". Nada de eso. Mi mamá trabajaba en la Universidad Nacional (UES) y llegó diciéndome, "Mirá, hay talleres de teatro, ¿no te querés meter?". Y así fue que me metí a hacer teatro con César Pineda. Eso fue en 2000 y estuve en el Taller de Teatro Universitario hasta 2003. Luego Fernando Umaña abrió el Teatro Estudio… Fue en 2003 cuando me planteé si era esto (teatro) lo que quería hacer en mi vida, pues me respondí que sí.

¿Y cómo fueron aquellos primeros días de interpretar a otros, subirse al escenario, interactuar con el público?

Fue una locura genial. Me gustaba cada vez más. En el proceso de formación fui identificando mis maneras de trabajar, mis posibilidades, mis puntos en los que flaqueaba y tenía que mejorar. Era muy intenso, estimulante. Recuerdo que la primera obra que trabajamos fue "Mirandolina" (de Carlo Goldoni) y la estrenamos en el Teatro Luis Poma. La gente se reía… No sé, entonces creo que algo empezó.

Una década después de hacer teatro y utilizando la cara alegre y triste que lo representa, ¿qué balance hacés, cómo te sentís?

Muy contenta. Justo hoy recapitulaba que eran diez años… Y justamente empieza otro entusiasmo, muy parecido al de 2003 cuando entré y me dije 'quiero hacer teatro', porque era formarme como actriz, ser actriz, trabajar con varios directores. Y me encanta entender la propuesta de un director, ver en lo que coincido. Apostar por las cosas que a mí me interesa decir, hablar de lo que me duele, de lo que me inquieta. Esto recién lo empecé [a sentir] el año pasado, cuando comencé a trabajar con el Teatro del Azoro. Este año retomé con Enrique Valencia, Acento Escénica para montar la obra que yo había escrito, proyecto que comenzó cuando metí una propuesta al Premio Ovación para decir 'quiero escribir una obra, pero yo nunca he escrito nada nunca. No sé cómo hacerlo...'. Así que ahora tengo un entusiasmo nuevo para hacer cosas más personales.

El teatro tiene sus desencantos, aunque ahora esté mejor establecido que hace 10 años, aún hace falta mucha más cultura del teatro. ¿A qué me refiero? A que la gente lo tome en su agenda de ocio. El Teatro Poma ahora tiene un público bien establecido, muy asiduo. Tiene una cartelera que se te pega en la cabeza. Siempre hay algo que ver. Al Teatro Nacional casi no llega gente...

Interesante... ¿Y por qué creés que sucede eso?

El centro se quedó con el estigma de que te van a matar, [aunque] el Teatro Nacional ha tenido un trabajo constante [pero] creo que lo tenemos descuidado (en el sentido de una continua cartelera).

(Volviendo a la pregunta sobre la cara triste del teatro) La mayoría de la gente no te toma en serio (ríe). La gente no logra entender qué es lo que nosotros hacemos como trabajo. No faltan los típicos comentarios como: 'Vení a hacer una función, pero no te puedo pagar', cuando a mí nadie me da una consulta gratuita.

Y ni hablar del DUI (Documento Único de Identidad) para aceptar tu profesión...

En una renovación me preguntaron si quería cambiar algún dato y dije que el de la profesión. Cuando dije actriz [el encargado del Duicentro] me preguntó, '¿Actriz de Hollywood?'. El bayunco se burló de mí. Me dijo, 'Permítame', y se fue. Volvió y me dijo: 'Vaya, se lo voy a poner'.

¿Y ahora que en tu DUI dice actriz...?

En una clínica médica llené un formulario y cuando escribí la profesión tal y como está en el DUI (o sea, actriz) y me dieron la tarjeta de la clínica, esta decía 'estudiante'. Uno lucha por su identidad, por reconocimiento de lo que hace, pero bueno...

Eso sí: una de las mayores satisfacciones es que mi mamá, después de tantas veces que se peleó conmigo para que no hiciera teatro, sino algo productivo con mi vida, ahora me presenta con quien sea y dice: 'ella es mi hija Alejandra, la actriz'. Ahora dice, 'Dejá que la niña aprenda inglés, francés, piano, teatro, todo. Qué lindo'. Pero cuando le dije que quería ser actriz, que iba a dejar la carrera porque no podía con las dos cosas, todos entraron en 'shock' y la respuesta fue 'No y no y no y no', porque la preocupación era que me iba a ir mal, que de eso no se come. Y he comido. A veces un poquito menos, pero he comido.

Desde aquella primera obra escénica hasta esta última que has presentado, ¿cómo te ves?

La etapa de Teatro Estudio fue muy interesante porque era montaje tras montaje y yo iba entendiendo cuáles eran los mecanismo de creación, que son distintos en cada actor y actriz, y fui entendiendo maneras de trabajar, mecanismo que me podían llevar a donde yo quería llegar con los personajes. Pasé casi dos años sin hacer teatro porque estaba replantéandome las cosas y estaba cansada por algunas transiciones personales. Luego me llamó Jorge Ávalos para el proyecto de La balada de Jimmy Rosa (interpretó a Maya Marley) y yo le dije sí de inmediato. Me salió muy de adentro. He empezado a trabajar con Enrique Valencia en cosas que los dos queríamos experimentar y desde el año pasado me estoy metiendo en la introspección de lo que me gustaría hablar a mí desde el teatro.

Alejandra, a tu edad, ¿qué te ha dado el teatro?

(Ocho segundos después, responde): Me ha dado libertad, mucha empatía con la gente, con las cosas. Me ha dado una conciencia propia, de ser la mujer que soy, de ser la Alejandra que soy sin pelearme mucho con lo que pude haber sido, sin pelearme con lo que pude haber cambiado. No digo que me conformo con lo que tengo, pero el teatro me ha dado la tranquilidad de lo que soy, de estar donde estoy. Lo más importante es que me ha dado ganas de hacer cosas por el país, por la gente.

Sobre vos se dice que sos una nueva actriz y de un nuevo tipo. ¿Qué opinión das sobre eso?

No sé... Yo solo sé que soy de una generación a la que le pasó algo en medio, el hueco de la guerra. Somos una generación que estamos haciendo cosas nuevas como Alicia Chong, Egly Larreynaga, César Pineda, Jennifer Valiente. Entonces creo que todos somos de un nuevo tipo... (Ríe).

Hablemos sobre tu última obra, "Escondites". ¿Cómo surgió la idea de incorporar a un niño en la obra?

Yo nunca lo pensé. La gente en general estaba confundida y me preguntaba que si mi proyecto se trababa de una obra infantil, si iban a actuar niños y, como trabajé con Sergio Mercurio, que si mi trabajo iba a ser de títeres. Teresa Huezo (trabajó como administradora del Teatro Luis Poma y falleció recientemente) también me preguntó si iba a actuar con niños, entonces me dije que no era mala idea e inmediatamente pensé en Ximena (alumna de Alejandra). Pero realmente es una obra de adultos que trata sobre la niñez, porque se trata de un encuentro con la niña que fui. Con el niño que fuimos.

¿Y por qué Ximena?

(Ximena acompañó a Alejandra en la entrevista. Al escuchar la pregunta dejó a un lado su juguete y miró a su maestra y compañera de escena. Estaba esperando la respuesta...)

Pensé en ella porque sí. No quería pensar en nadie más... Tenía la experiencia de trabajar con ella en el colegio. Agarraba bien rápido las indicaciones, entonces me dije que ella, que iba a probar con ella. Además, le encanta el escenario.

¿Y qué fue lo más difícil? Los niños son inquietos, espontáneos, no son mecánicos...

Mirá, en lo que no me di cuenta y ya tenía todo encima, es que yo tenía que concentrarme en mis cosas y ella estaba ahí y también tenía que estar para ella. Nunca tomé en cuenta que también necesitaba atención para mí, en que no podía manejar dos cabezas. Pero ella es una niña muy inteligente.

¿Quién es Alejandra Nolasco fuera del escenario?

Alejandra Nolasco es una mujer despistada. Muy despistada. Me gusta caminar. Detesto que no haya lugares para caminar. Detesto que se me acabe la calle. Tengo una gata. Se llama Rodolfo. Me la dieron por gato y yo me confié. Soy muy confiada, me gusta. A estas alturas no quiero desconfiar solo por desconfiar. Aunque por ser confiada me pasan muchas cosas. Me gusta cocinar, lo disfruto un montón. Si no hubiera sido actriz, sin duda hubiera sido chef. Seguramente vendería comida en algún lado.

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