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Emprendedores sociales

No se conforman con lamentarse de la inoperancia del gobierno: se arremangan y ponen manos a la obra. Los mueve el deseo de corregir deficiencias sociales a través de soluciones de mercado.

Vivimos en un país desbalanceado social y económicamente. Las necesidades de educación, salud, cultura, seguridad y recursos económicos de las personas son ingentes. En los últimos doce años, a pesar de los esfuerzos gubernamentales para disminuir la pobreza –y hay quienes aseguran que precisamente por ellos–, el número de personas pobres ha aumentado, tanto absoluta como porcentualmente. 

Por otra parte, de acuerdo con lo que se ha visto en estas semanas, el gobierno sigue empeñado en su política de subsidios. Una estrategia que, está demostrado, nunca ha sacado a ningún país de la pobreza, sino más bien lo contrario: recrudece la indigencia crónica e impide la movilidad social, por el simple principio de que el “pan para hoy, hambre para mañana” se instala no solo en el ánimo de los que gobiernan, sino también en el de los que se acostumbran a estirar la mano para recibir gratuitamente, sin mayor mérito que el de ser “necesitados”.

Algunos tienen la esperanza de un cambio en el gobierno, mejor dicho, de un cambio de gobierno… pero eso, ya se sabe, lleva su tiempo. Por lo que otros se plantean algo así como: ¿además de crear fuentes de trabajo, educar a mis hijos en un espíritu de solidaridad, pagar impuestos y confiar en que se inviertan inteligentemente, qué más podría hacer por El Salvador, por mi gente?

Si usted se ha preguntado algo así, no es un caso aislado: alrededor del mundo hay más que se han planteado lo mismo, y no se quedaron en intenciones. Son los llamados emprendedores sociales: ciudadanos comunes y corrientes que combinan conciencia social y una intuición empresarial peculiar. 

Antonio Vaccaro, catedrático de una escuela de negocios europea, hace una suerte de descripción anatómica de un emprendedor social, explicando que se articula en cuatro áreas: agudeza empresarial, motivación social, coraje, y pensamiento rápido a la vez que alternativo.

Parte de una idea básica: los problemas y las injusticias que observan en su entorno no les dejan indiferentes, y por eso, apoyándose en su intuición empresarial, crean proyectos que cambian personas. No solo se ocupan de cambiar condiciones económico políticas abstractas, de hacer planteamientos teóricos, o de ofrecer consultorías brillantes: cambian la sociedad cambiando a las personas una a una. 

Vaccaro explica: “miran con otros ojos. Detectan oportunidades para crear nuevas empresas que sean económicamente sostenibles y resuelvan problemas sociales (…) Al generar empleo o flujos de ingresos para personas desfavorecidas, las fortalecen y las alejan de la pobreza”. No se conforman con lamentarse de la inoperancia del gobierno: se arremangan y ponen manos a la obra.

Los mueve el deseo de corregir deficiencias sociales a través de soluciones de mercado. Mejorar la vida de las personas y atender sus necesidades básicas. En sus empresas, los beneficios se sitúan en segundo plano.

No les asustan los entornos complicados, y suelen luchar contra la tradición, el statu quo, las mafias locales y hasta con burocracia gubernamental.

Para ejemplo, cuatro botones: Bridges Ventures, fundación que aglutina, promueve y financia emprendedores sociales; Addiopizzo (literalmente “adiós extorsión”), que otorga a empresas italianas para hacerlas más competitivas, certificados de no-pago-de-renta a la mafia; Tesla, cuya intención es ganar dinero con carros de lujo, con ánimo de financiar vehículos eléctricos para personas de escasos recursos; o Ashoka, cuyo lema es elocuente: “Los emprendedores sociales no se conforman con dar un pescado o enseñar a pescar a la gente. No descansarán hasta revolucionar la industria pesquera”.

El techo para las empresas sociales, es decir, iniciativas de mercado cuyo principal fin es la persona y no los beneficios, es la imaginación de los emprendedores con causa… Entonces, sigamos preguntándonos: si ha funcionado en otras partes, ¿por qué no podríamos hacer aquí algo semejante? 

*Columnista de El Diario de Hoy.
@carlosmayorare