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¿Debe existir el salario mínimo?

Dos ciudadanos debaten sobre la temática en #ElRingdeHoy. Únete

Ivette Contreras

Considero que el salario mínimo debe existir porque contribuye al poder de negociación de aquellos trabajadores más desfavorecidos y garantiza que el crecimiento económico se desarrolle con mayor equidad. Además, como presentaré más adelante, no hay evidencia económica de que el salario mínimo aumente el desempleo. Más aún, creo que la verdadera interrogante en torno a este tema debería enmarcarse en cuál es el nivel óptimo de este salario mínimo y no en su existencia.

En la vida real, la definición de un salario se basa principalmente en el poder de negociación de ambas partes. Una característica común en los trabajos no calificados y que ofrecen salarios bajos es que las habilidades para realizarlos no son especializadas y, tristemente, eso implica, desde el punto de vista del empleador, que los trabajadores son sustituibles de manera rápida, por lo que el poder de negociación de ellos es prácticamente nulo.

Por ejemplo: imaginen una fábrica que contrata 1,000 personas seleccionándolas a partir de 10,000 personas que por apremiante necesidad hacen fila para ser contratados. Es claro que sin límites la empresa tomará el más barato o al más necesitado, independientemente si este salario corresponde o no a su verdadera productividad. De esta manera, un salario más bajo no necesariamente reduce el desempleo (la fábrica no contratará más de 1,000 empleados que necesita) y lo que sucede es que hay una efectiva trasferencia de riqueza del trabajador al empleador. Un salario mínimo bien calculado, evita que factores ajenos a la productividad de una persona definan su salario.

Un argumento clásico para desacreditar al salario mínimo es que genera desempleo. Desafortunadamente, esta es una idea demasiado simplista. Por ejemplo, supongamos que el salario que corresponde a la productividad de un trabajador no calificado es de $300 mensuales. Si el salario mínimo se fija en $600 es claro que habrá desempleo, pero si se fija cerca de $300 no tendría por qué hacerlo.

No se trata de desacreditar una medida de protección solamente porque puede ser abusada. Más aún las investigaciones en torno al tema no dan indicios de que los gobiernos fijen salarios mínimos excesivos que generan desempleo. Por ejemplo, en el estudio realizado por el CEPR (Centro de Investigación Económica y de Políticas) en el año 2013 para Estados Unidos se demuestra que pequeños aumentos del salario mínimo actual no afectan significativamente el nivel de desempleo, lo que parece indicar que en la práctica los gobiernos fijan salarios mínimos que están cerca o abajo de los niveles que corresponden a la productividad de los empleados no calificados.

También se culpa a las políticas de salarios mínimos por los niveles de informalidad en nuestros países. Sin embargo, la informalidad no es causada por la existencia de un salario mínimo, se genera por la falta de monitoreo en relaciones laborales. El salario es tan solo un componente porque personas en informalidad no cuentan con contratos, prestaciones laborales o incluso beneficios como vacaciones y aguinaldo. Y aquí salimos perdiendo todos, los trabajadores por no contar con sus derechos, el gobierno por no recibir impuestos y las empresas por no poder operar fuera de las sombras.

En resumen, la discusión debería enmarcarse en fijar un nivel de salario mínimo efectivo. Es decir, aquel salario que corresponda a la productividad de los trabajadores, un salario que efectivamente les ayude a los empleados a recuperar su poder de negociación con los empleadores. Esto implica un seguimiento serio de los resultados laborales del país y compromiso a que no sea tan solo una medida política.

Economista de ESEN
 
Candidata en Maestría de Desarrollo Internacional en Washington DC. 
 
Twitter: @ivettemcg

No

Rafael Ruiz Monroy

¿Quién no desearía un aumento en sus ingresos? Claramente creo que todos quisiéramos uno. Sin embargo, se nos olvida que más dinero, implica ganarlo, la riqueza posee sus propias causas.

La pobreza en cambio, es el estado natural del hombre, pues se nace desnudo, y es a través del trabajo coordinado de millones de personas que fabricamos vestimenta y todo aquello que nos ha otorgado una vida más cómoda y alejada de la intemperie. Pero a todo esto es importante reflexionar, ¿cómo hemos logrado producir tantos bienes y servicios? La respuesta es compleja, pero si la queremos simplificar, podemos decir que ha sido a través de la libre asociación para la producción o lo que también llamamos Capitalismo.

Las teorías más clásicas de producción han planteado tres elementos necesarios, el uso de la tierra, trabajo y capital, cada uno de estos con sus respectivos "salarios": renta para la tierra, salario para el trabajo y utilidades para el capital. Esta premisa clásica fue muy criticada en sus tiempos por Marx, él predecía que esta visión de la economía haría que las personas dejarán de ser dueñas de factores concentrando así en pocas manos el capital, dejando a los trabajadores con nada más disponible para ganar que el salario.

Hay que tomar nota que cuando se habla de salarios rara vez se piensa en este origen complejo de participación entre factores productivos. Sólo se habla de lo bien que le haría a las personas un poco de dinero extra. Lo cual es un análisis demasiado superficial. Por ello, conceptos como el del salario mínimo deben quedar en desuso, pues se encuentra en un graso error así como la predicción de Marx sobre nuestro presente.

Pues el Capitalismo, permitió un aumento de la productividad sin precedentes, la división del trabajo generó una especialización del conocimiento de tal grado que hizo necesaria la creación de redes en grandes cadenas de suministro gestionadas alrededor de todo el globo, las organizaciones modernas cuentan con expertos en temas de producción, diseño, comercialización, ventas, finanzas, contabilidad, recursos humanos, logística, impuestos, contratos, etc.

El mundo moderno se encuentra lleno de asalariados que han venido a convertirse  en el factor productivo más importante, incluso que el mismo capital. Los individuos de hoy cuentan con la capacidad de trabajar por cuenta propia brindando sus conocimientos a múltiples compañías, en EE.UU. son 9 de cada 10 y en la India 19 de 20 los que trabajan en un esquema de emprendimiento.

¿Y el Salario mínimo? Ha sido siempre inservible (hoy más que nunca), pues su objetivo ha sido proteger a aquella mano de obra que su valor producido a la compañía es tan mínimo que su salario en términos de su productividad resultaría muy chico. Eso nunca funcionó pues cada aumento al salario mínimo siempre ha significado un encarecimiento del trabajo poco calificado, acotando las oportunidades de empleo. Hoy eso resulta aún más difícil de cumplir en el actual esquema de economía del conocimiento, pues seguir insistiendo en aumentos al salario mínimo o tan siquiera permitir su  existencia apresuraría dos grandes situaciones de desempleo:

-  Se acelerarían aquellos procesos de automatización para sustituir a los trabajos menos calificados por máquinas.

-  Dificultades para la creación de redes de emprendedores, con deseos de realizar proyectos, pero con costos muy altos debido a los salarios mínimos.

Ante este contexto de gran innovación y conocimiento, la garantía de los trabajadores no puede ser un salario mínimo, sino lo debe ser su productividad y la gran cantidad de información y tecnificación disponible gracias a la informática.

Puestos actuales: 

  • Bayer HealthCare, Supply Chain Project Analyst
  • Miembro Comité Académico    CREO

Formación Académica:

Estudiante a egresar de Lic. En Economía Empresarial, Universidad Dr. José Matías Delgado

Twitter: @Rafa_Ruiz

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