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Zapatero, ¡a tus zapatos!

Entusiasma escuchar al doctor René Portillo Cuadra refiriéndose a sus planes para el Ministerio de Educación, al ganar ARENA las elecciones presidenciales de 2014. Destaca las áreas que abordará, siendo una principal la medición de lo realizado, elemento imprescindible para ejecutar exitosamente cualquier proyecto, público o privado. Determinar el costo/beneficio de lo actuado es parte esencial de la efectividad. Saber qué, por qué y para qué se harán mediciones, enfoca a todos los participantes hacia un mismo fin.

Educar no es entregar uniformes, zapatos y útiles escolares. Esa responsabilidad --y su medición-- correspondería a la Secretaría o Ministerio de lo social, donde llevarían el registro del beneficio o fracaso de esos programas, comprobando si, efectivamente, mejoran la vida familiar o solamente contribuyen al parasitismo; si las familias ahorran e invierten en mejorar, o gastan en consumo inútil el equivalente de esa ayuda. Las correcciones se harían sobre bases sólidas.

El vaso de leche (o desayuno) para los escolares debería depender del Ministerio de Salud, en complemento a las campañas de vacunación, etc. Es claro que un niño saludable y, además, bien equipado, estará más capacitado para el estudio.

Al Ministro de Educación no le corresponde realizar esos programas, sino velar porque sean los adecuados. Sí es responsable de que las escuelas estén en buen estado y debidamente equipadas y, principalmente, que los maestros llenen los requisitos MORALES, intelectuales y académicos que tan loable profesión necesita.

La educación de los pueblos determina su desarrollo y los salvadoreños estamos conscientes de que nuestros problemas se resolverían o disminuirían dramáticamente, con una población educada. El Ministro de Educación debe estar exclusivamente dedicado a la EDUCACIÓN, revisando los programas de estudios de los alumnos y los de capacitación y actualización de los maestros, para que enseñen y dirijan con excelencia a sus estudiantes.

O sea: zapatero a tus zapatos. El Ministerio de Salud, que proporcione escolares sanos, el Ministerio ¿Social? que ayude con los uniformes, zapatos y útiles escolares. Ambos, trabajando coordinadamente con el de Educación, para beneficio del alumnado y de la niñez en general.

Es insoslayable impulsar, a través de la educación, un cambio de actitud, especialmente respecto a la disciplina, requisito indispensable para el desarrollo, como individuos y como nación. Paralelamente, nuestros escolares deben practicar el orden y la limpieza, desde los primeros años. Pequeñas rutinas, como presentarse limpios y bien peinados, cómo hacer los deberes sin borrones y con buena letra, como depositar la basura en su lugar, contribuyen a estos valores. Incluso aprender a manejar los cubiertos en lugar de comer con la mano, fomentan la disciplina, el orden y la limpieza. Le guste o no le guste a doña Vanda Pignato.

Recordemos que quien vive rodeado de orden y limpieza, procurará ser limpio y ordenado en todas las áreas de su vida, incluyendo sus finanzas.

Ayudar a cubrir las necesidades básicas a quienes realmente lo necesiten, es un deber. Pero esa ayuda debe ser temporal y efectiva, para superar esa situación prontamente, a fin de que puedan valerse por sí mismos. Y, como contrapartida, debe exigirse a los beneficiados que se eduquen, convirtiéndose en buenos ciudadanos. La finalidad de los programas sociales debe ser construir civilidad mediante la educación; cambiar nuestra actual actitud del "deme" a la correcta actitud del "cumplo".

Doctor Portillo Cuadra, usted podrá lograrlo.

*Columnista de El Diario de Hoy.