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Washington y La Habana. La relación se profundizará

Como ya se conoce, Washington y La Habana acordaron intercambiar prisioneros bajo cargos de espionaje, y además acordaron celebrar conversaciones con el objetivo de establecer relaciones diplomáticas entre los dos países. En esta jornada no se llegó a un acuerdo sobre el fin del embargo estadounidense a Cuba, ya que este paso requiere la aprobación del Congreso de Estados Unidos.

Fue un acuerdo modesto, pero a su vez noticia de impacto global. Las relaciones entre Estados Unidos y Cuba se mantuvieron congeladas durante décadas, ambas partes no estaban dispuestas a hacer concesiones significativas. Las causas que propiciaron el descongelamiento fueron en buena parte las políticas internas de cada país.

Del lado estadounidense, la coalición de cubano-americanos, conservadores y defensores de derechos humanos, todos denunciando el récord de Cuba en violaciones de derechos humanos, lo que bloqueó el esfuerzo. Por la parte cubana, la "enemistad" con Estados Unidos juega un papel fundamental en la legitimación del régimen comunista de la isla que nació en oposición al imperialismo estadounidense y ha utilizado el embargo para explicar los fracasos económicos de Cuba.

Los cubanos están ahora bajo un poco de presión para cambiar sus políticas. Se las han arreglado para sobrevivir la caída de la Unión Soviética con cierta dificultad. Ahora se enfrentan al problema de la incertidumbre económica y política en Venezuela. Caracas suministra petróleo a Cuba a bajos precios. Resulta difícil pronosticar qué tan cerca del colapso se encuentra la economía cubana, pero no hay duda de que el petróleo venezolano hace una diferencia en su advenimiento.

El gobierno de Nicolás Maduro enfrenta una creciente inquietud e incertidumbre popular por los fracasos económicos. Si el gobierno venezolano cae, Cuba perdería uno de sus soportes estructurales. Ante esa incertidumbre Cuba tiene que prepararse ante la posibilidad de un desastre venezolano y por ello, la apertura a los Estados Unidos cobra sentido en términos de preservación del régimen.

La razón norteamericana para el cambio de política es menos clara. Tiene sentido pragmático desde el punto de vista de Obama. En primer lugar, en lo ideológico, ya que se busca poner fin al bloqueo. En segundo lugar, tiene pocos éxitos en política exterior en su haber. Por ello, la normalización de las relaciones con Cuba es algo que podría ser capaz de lograr esta Administración, ya que grupos como la Cámara de Comercio de Estados Unidos está a favor y proporcionará apoyo político dentro del Partido Republicano. En suma, la normalización de relaciones ya no representa una amenaza estratégica.

Cuba necesita mejores relaciones con Estados Unidos, particularmente si el gobierno venezolano cae. La pobre economía de Venezuela podría, teóricamente, forzar un cambio de régimen en Cuba a partir de la presión interna. Por otra parte, Raúl Castro está anciano y Fidel Castro todavía más. Si pretenden resguardar el "espíritu castrista" en el futuro, la dictadura debe actuar lo más pronto posible, porque los Castro se acercan a la jubilación política.

Pero Estados Unidos tiene tiempo y es parte de su estrategia. Al no tener intereses ahora, no tiene sentido mantener la presión. Pero tampoco hay una urgencia para que Washington le dé tregua a La Habana. Obama puede querer un legado, pero la lógica de la situación es que los cubanos necesitan esto más que los estadounidenses y el precio que los americanos fijen para la normalización será mayor de lo que parece en este momento, ya sea fijado por Obama o por el sucesor.

Intercambiar prisioneros es interesante. La apertura de embajadas es importante. Pero todavía existen muchas preguntas sin sus respuestas.

* Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com