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De vuelta al centro

Contaba mi abuela Carmela que, recién llegada a la capital, procedente de Sonsonate, su casa sobre la "Doble Vía", esquina opuesta al Café de Don Pedro, era de las primeras que se construyeron fuera del centro. Fue allá por la década de los 50, cuando San Salvador recién emplumaba más allá de su ombligo.

Contaba que su vida giraba alrededor del centro: Comprando el pan de cada día en el mercado, los regalos en París Volcán (el Simán de aquel entonces), visitando el Teatro Nacional en temporada y misa dominical en catedral. Que los domingos también se ponía tipería para salir con su galán (mi abuelo) en el Parque Infantil (el Bicentenario de aquel entonces).

Como muchas ciudades en países pobres, San Salvador sigue creciendo, fuera del centro, sin control; de una ciudad de 200,000 capitalinos en 1950 a una de más de dos millones en el 2014.

Por ahí leí que hoy por hoy el 54 % de la humanidad es urbana, y que en el 2050, el 67 % lo será.

Como que San Chamba ha tomado esteroides para alojar a tanta humanidad. De cipote, ir a Tecla en la noche daba miedo por la oscurana en la única calle entre los cafetales. Si el viaje era a las 6:00 de la tarde, ni La Femenina se oía, por el alboroto de tanto perico.

Ahora ya no hay cafetales ni pericos pues es un solo cuerpo de hierro y concreto, con la mano derecha casi tocando el Boquerón, la zurda casi tocando el mar, la cabeza reposando en Cojute y los Adoc en Lourdes.

Lo queramos o no lo queramos, nos guste o no nos guste, la urbanización es inevitable. Lo que sí es evitable es seguir creciendo de forma desordenada.

Un llamado a CASALCO, a los constructores y al gobierno, para ordenar semejante explosión, y para que se pongan ojo al Cristo con las normas de construcción, pues como que se nos ha olvidado, pero aquí tiembla con odio.

Más aún ahora que el único camino es para arriba, pues ya no hay tierra para seguir creciendo de forma horizontal.

No descabellada es la idea de que el centro crezca en las alturas. Es la puerta de entrada de oriente. Bajo su concreto ya existen tuberías de aguas claras y oscuras; en sus postes, electricidad; en sus calles aledañas, muy pronto el Sitramss.

Espero el día de una oferta accesible de venta y alquiler de apartamentos en el centro. En el que el origen de nuestra ciudad capital sea remozado con nuevos brillos, nueva energía, vida después de que caiga el sol. En el que los vendedores ambulantes hagan plata en un nuevo megamercado. En el que los malacates y vagos sean historia.

Esto mismo ha ocurrido en varias capitales de todo el mundo, incluyendo muchas como el DF, en las que también tiembla de a galán.

Olvidémonos de que en una casita, por más chiquita que sea, uno tiene los pies sobre la tierra y no sobre el aire como en un apartamento; que aunque sea enanito pero yo no dejo mi jardincito.

Ventajas y desventajas como todo en la vida pero, si se le pone coco, complejos como "Torre Central" y "Altos del Centro", pudieran convertirse en una excelente opción habitacional para un San Salvador en pleno crecimiento.

La abuela Carmela iba al centro todos los días. Y usted, ¿cuándo fue la última vez que se dio un vueltín?

*Colaborador de El Diario de Hoy.

calinalfaro@gmail.com