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¡Voy a votar!

e he despertado muy temprano. He esperado con ansias este día, por mi familia y por mi país. Salgo renovado, temprano, a cumplir con mi deber con alegría y optimismo… ¡Voy a votar!

Lo hago con la convicción y la esperanza de…

-Que mi pueblo ya no sufra cada día por decenas de homicidios ni de ver en cada noticiero a madres, abuelas, padres y hermanos llorar por sus hijos asesinados, incluyendo policías y soldados, sin que no haya para ellos una sola consideración o condolencia en los discursos oficiales.

-Que los gobiernos no hagan pactos siniestros con la criminalidad para justificar las extorsiones y bajar artificialmente las cifras de homicidios mientras las víctimas han sido enterradas en secreto en cementerios clandestinos en las zonas rurales y comunidades enteras siguen siendo rehenes del chantaje.

-Que mis compatriotas no tengan que andar deambulando en busca de trabajo o traten de irse al Norte, en medio de peligros, porque las promesas de "cambios" y más seguridad no se hicieron realidad en sus vidas y porque lo que quieren es ganarse el pan con el sudor de su frente y no que los acostumbren a extender la mano como pedigüeños.

-Que los que ostenten el poder no se sientan con la licencia para imponer su voluntad y manejar a su antojo a los diputados a la Asamblea Legislativa o al Fiscal General; que queden en el pasado las imágenes de televisión de congresistas subordinados a los caprichos y la intolerancia del Ejecutivo de turno.

-Que la Asamblea Legislativa no vuelva a ser apéndice de Casa Presidencial, al punto que baste una sola llamada telefónica para que los legisladores se olviden de que juraron servir a la Constitución y se vuelvan verdugos de sus adversarios políticos o de los del gobierno de turno.

-Que los medios estatales dejen de ser cajas de resonancia de solapados ataques políticos o resentimientos personales ni que intenten hacerme creer que lo perverso es lo correcto y que el bien es lo incorrecto.

-Que nazca una nueva clase política tolerante y democrática que no se ufane de que sólo ellos "son progresistas" y que respeten y no estigmaticen a sus adversarios.

-Que fortalezcamos las instituciones, como la Sala de lo Constitucional y la Fiscalía, para que frenen los abusos o caprichos de pequeños dictadores o tiranuelos, así como los de sus títeres y, sobre todo, la compra de voluntades en la política.

-Para que los gobiernos no dejen tirados puertos, represas, carreteras y otras obras multimillonarias pagadas con los impuestos que entregamos todos los salvadoreños, aunque nos quedemos sin comer y llenos de "chillos".

-Para que no nos hagan pagar altos precios por la energía eléctrica y la gasolina, después que nos prometieron que siempre las tendríamos baratas.

-Para que podamos entender que el progreso de un país, el "buen vivir" y la generación de empleo no dependen de un demagogo de oficio (o sin oficio), sino de que trabajemos todos con empeño y que le ofrezcamos garantías a los empresarios que quieren venir a invertir desde afuera.

-También lo haré por la memoria de tantos que cayeron en la guerra, pensando en un país mejor, no sojuzgado por la imposición y los caprichos de gobernantes absolutistas o títeres de proyectos de hambre y miseria, que creen que la Constitución y las leyes son para que las cumplan los demás, pero no ellos.

En la anterior columna dije que las elecciones de 1982 fueron las de nuestros padres y abuelos, porque ellos fueron sabios y visionarios y, dejando de lado si eran de derecha o izquierda, fueron a las urnas masivamente bajo las balas, dando un mensaje de que el país no quería proyectos marxistas o socialistas como el que había llevado a la ruina a Nicaragua y ahora a Venezuela.

Hoy, con mucha alegría y emoción, tengo que reivindicar a nuestros jóvenes, nuestros hijos, y decir que estas serán sus elecciones, porque reconozco el empeño de todos ellos, universitarios, empleados, obreros, campesinos, profesionales, grandes y pequeños empresarios, para lograr que el mayor número de salvadoreños vaya a votar y que estos comicios tengan la participación de TODOS y no sólo de una maquinaria militante, disciplinada, tenaz, pero ciega y subordinada ideológicamente y sin derecho a pensar.

Esos jóvenes --a los que les pido disculpas por subestimarlos y considerarlos indiferentes en un inicio-- le han puesto frescura y aspiración a nuestros espíritus y han levantado su voz y su testimonio patriótico para darnos la lección que merecemos de mantenernos en pie y no ser conformistas ni agachar la cabeza; para desterrar lo fácil como aquello de que "no importa quién gane, con sólo que tengamos trabajo…" y pensar que en momentos como estos nos jugamos nuestra libertad, dignidad y el futuro del país.

Hoy, 9 de marzo, por ellos y por todo El Salvador, ¡yo voy a votar!

*Editor Subjefe de El Diario de Hoy.M