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Voto analítico versus voto sentimental

Si sumamos los "buenos cambios" que la actual administración dice haber implementado en el país, sobre todo los programas sociales, y los ponemos en el platillo de una balanza y en el otro los "malos cambios" señalados por varias organizaciones civiles y profesionales, además de la ciudadanía sensata y pensante, resulta obvio que estos últimos son los de mayor peso.

Es discutible que los llamados "buenos cambios" hayan causado un impacto positivo de envergadura porque los problemas sociales del país son toneles sin fondo. Por ejemplo, no se necesita de mucho para dudar de los efectos nutritivos de un vaso de leche una o dos veces por semana en niños que evidentemente necesitan también frijoles, huevos, queso, carne, frutas, verduras y sobre todo saneamiento ambiental y agua potable. Tampoco podemos asegurar que el regalar zapatos, uniforme y útiles escolares vuelve locos de felicidad a los infantes, para empezar al regresar a sus hogares muchos de ellos residen en covachas, sus padres carecen de ingresos y viven a lo que da el tiempo.

¿De qué sirve un asistencialismo sin garantías de sostenibilidad que raya en el populismo? ¿De qué sirve que los escolares reciban zapatos, uniformes y útiles aunque sea en forma extemporánea y "disfruten" de su vaso de leche si tienen que asistir a una escuela en ruinas, con servicios sanitarios en malas condiciones, con escasez de buenos pupitres, sin agua potable, sin materiales didácticos, con una calidad de enseñanza que deja mucho qué desear y con maestros amenazados por los pandilleros?

¡Con clases de idioma Inglés y con una computadora por escolar no se va a revertir la situación anterior! Y las cosas no paran ahí ¿De qué sirven esas regalías si los infantes están expuestos a la deserción, a ser reclutados por las pandillas, a recibir golpizas e incluso agresiones más graves, ya que carecen de protección y seguridad?

En El Salvador algunos políticos se han inventado que el hambre se combate repartiendo tortillas y frijoles, el frío distribuyendo cobijas, poco falta que en epidemia de dengue repartan raquetas eléctricas para matar mosquitos al vuelo y se argumente que se pone la tecnología de punta al servicios de los más pobres. Naturalmente con estas formas simplistas de enfrentar los problemas sociales no se alcanzan impactos de envergadura porque no se incide en los factores causales. En realidad la gente no quiere limosnas sino trabajo estable, empleo y oportunidades, en suma ser involucrados en un amplio y vigoroso desarrollo social y económico.

La familia salvadoreña está alarmada, intranquila y preocupada porque además de la inmensa lacra de la inseguridad existe otra media docena de megaproblemas no resueltos como la educación, la salud, la crisis económica y financiera, las pensiones y el endeudamiento que pasa de los catorce mil millones de dólares. El 2 de febrero próximo es la oportunidad de llevar a la primera magistratura a personas mejor preparadas para gobernar.

Sería ideal que los electores usen el voto analítico y se inclinen por un estadista de verdad, un profesional académico comprometido con la democracia republicana y representativa, con liderazgo sereno y unificador, dispuesto a respetar la Constitución, las instituciones y las personas, comedido, prudente y sobre todo practicante de la decencia y ética en las declaraciones públicas.

*Dr. en Medicina. Colaborador de El Diario de Hoy.