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¡Vivan los postes! ¡Mueran los árboles!

Los salvadoreños vemos cómo, por toda la república, espectaculares arboledas son taladas inmisericordemente por compañías telefónicas y eléctricas para plantar sus antiestéticos postes y atravesar libremente sus "decorativos" cables negros, en medio o atrás de los cercenados pintorescos hermosos follajes, quedando los mutilados árboles con todo su peso recargado peligrosamente del lado donde circulan los vehículos sobre calles y carreteras.

Recientemente hubo varios árboles caídos por esto. En octubre 6, 2012, un enorme árbol mochado cayó sobre un vehículo en marcha frente al Parque Cuscatlán en la 6ª-10ª Calle Poniente, dejando lesionado y hospitalizado --milagrosamente no muerto-- a su conductor. En julio 2012, otro árbol amputado sucumbió en el Parque Hula Hula. También por milagro no mató a nadie. En 2010 otro cayó sobre varios buses de la Ruta 119 aparcados en la comunidad Iberia. Así existen muchos más casos anteriores, habiendo algunos provocado muertes.

Es intolerable la arbitrariedad de esas compañías extranjeras, que atropellan nuestros derechos ciudadanos al destruir árboles que han sido sembrados y cuidados por cada vecino, para engalanar tanto sus casas como las ciudades.

Todos los salvadoreños deben saber que en los países desarrollados los "ornamentales" cables aéreos telefónicos y eléctricos los entierran, desapareciendo así los postes. Pero eso parece un sueño imposible en nuestros países subdesarrollados, pues a ciudadanos tercermundistas ignorantes --nosotros--, que no sabemos lo anterior, algunos extranjeros inversionistas deciden irreverentemente hacer gala de desmedido predominio y evitarse ese gasto que mermaría parcialmente sus millonarias ganancias. En Chile ya existe un decreto (#1377) que fue aprobado el pasado diciembre 2012, por la Comisión de Vivienda del Senado, que impone la obligación a las empresas telefónicas y eléctricas de enterrar los cables eléctricos y telefónicos en las ciudades. Esta norma exige que las empresas concreten esta obligación en sólo dos años a partir de la entrada en vigencia de la ley.

Pero el atropello contra la ciudadanía no termina allí. Las compañías que ofrecen servicios de Internet persiguen a morir al consumidor para firmar contratos, ofreciéndole atractivas ofertas como computadoras, lap-tops, meses gratis, etc. Una vez firmado el contrato, cualquier día deciden mantenerte sin servicio de Internet y por más que llames para recobrarlo, sencillamente o no te atienden, o lo hacen cuando quieren. Personalmente, recientemente debí recurrir a la Dirección de Protección al Consumidor, siendo atendida inmediatamente por excelente empleada cuyo nombre era Emilia. Sólo así, la compañía del Internet finalmente decidió reparar el daño.

Cuando construimos nuestra casa, sembramos, como insta la ley, varios maquilishuat en nuestro arriate para adornarlo. Por la mala calidad de la tierra resultó problemático que crecieran y por esto, por décadas, les suministramos suficiente fertilización para que un día pudiéramos gozarlos desde la terraza, donde ahora son nuestro disfrute especialmente los días cálidos. Cada año, sus ramas se llenan de flores rosado-lila o blancas. Hace unas semanas una compañía telefónica, llegó a cortar esas ramas. Ante mi protesta decidieron detenerse. No obstante, plantaron enorme poste de unos 4 metros de alto para una antena de telefonía, a escasos 5 metros de nuestro dormitorio, con el consiguiente comprobado peligro que las ondas electromagnéticas producen a la salud.

Todos los salvadoreños deberíamos empezar fuerte cruzada contra tanto desafuero atentatorio aún contra nuestras vidas, exigiendo, como hizo Chile y muchos países del mundo, enterrar los antiestéticos cables.

* Columnista de El Diario de Hoy.