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La vista para arriba

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Me decía un amigo: "Una de las grandes razones por la que nuestro país se fue a la guerra es porque muchas veces simplemente no nos sentamos a platicar las cosas". Me parece que tiene toda la razón, muchas veces no nos damos cuenta los salvadoreños de la cantidad de cosas en las que coincidimos, por el simple hecho de no poder bajar el orgullo para poder escucharnos.

Nuestros problemas se resolvieran si simplemente nos pusiéramos a hablar las cosas. Como me dijo otro buen amigo: "En El Salvador hemos llegado al punto muchas veces que por discutir si se construye un hospital y si se va a pintar de azul o blanco, no se hace el hospital. ¡Lo que necesitamos es el hospital, men!"

Especialmente en estos días de elección, todos los candidatos van a hacernos promesas muy similares. Algunos de ellos van a prometer computadoras para todos los estudiantes, otros van a prometer mejor infraestructura, otros van a prometer uniformes más duraderos. ¡Lo que necesitamos es una mejor educación! Pero si de repente uno ofrece algo, los contrarios lo descalifican de inmediato, simplemente porque no lo prometieron ellos.

Lastimosamente, el gran problema de los políticos salvadoreños, pecando de generalizar, es un fenómeno el cual llamo: "la vista a la tierra". Lo llamo así, por una experiencia personal, sencilla pero profunda, en una de esas meditaciones espontáneas que te regala la vida sin querer queriendo.

A principios de este año tuve la oportunidad de visitar con un grupo de amigos el parque El Imposible. Luego de acampar durante la noche, en la mañana subimos hasta la punta de la montaña del Trifinio.

Pausa. Para los que no lo conocen, es un lugar espectacular, uno de los puntos más altos de nuestro país, donde al pararte en la punta de la montaña, estás a la vez en Honduras, Guatemala y El Salvador.

Continúo. Cuando íbamos caminando hacia arriba, la verdad es que no me parecía que el lugar era tan espectacular como me lo habían "vendido". Consideraba que era bonito, pero tampoco gran diferencia a varios lugares que conozco en El Salvador, me decía. Al llegar arriba, un efecto similar.

Cuando bajamos la montaña, incluso por un momento llegué a desesperarme por ir viendo lo mismo, pues llevaba la cabeza hacia abajo, llevando "la vista a la tierra," por miedo a caerme. En una de esas, una de las personas que iba en el grupo pidió que nos detuviéramos un rato a descansar, pues llevábamos ya algunas horas de caminar entre el bosque.

Cuando nos detuvimos, por primera vez en todo el paseo vi hacia el frente y no abajo hacia el lodo. Es en ese momento que me di cuenta del lugar espectacular en el que estaba parado. Inmediatamente, volteé a ver hacia arriba y me di cuenta que estaba bajo un techo natural de cientos de kilómetros cuadrados de bosque, algo impresionante, difícil de explicar en palabras.

A partir de ese momento, las horas de camino que quedaron en caminata se sintieron como minutos. El cansancio se convertía en motivación en ver qué otras cosas me podía encontrar en el camino. Por supuesto, que no volteé a ver hacia la tierra más que para no tropezarme, pero ya sabía que si me quedaba viendo abajo, no iba a poder apreciar la oportunidad que estaba teniendo en ese momento.

En El Salvador necesitamos líderes y ciudadanos dispuestos a levantar la quijada, a estar dispuestos a ver más allá de nuestros problemas. Que conviertan nuestros problemas en oportunidades, y que su ejemplo arrastre de tal manera que los demás los comiencen a imitar.

*Economista.

Columnista de El Diario de Hoy.

twitter:@SergioTotoR