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La violencia: reto humanitario contemporáneo

El Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) llegó a El Salvador por primera vez en 1980, cuando la guerra civil alcanzaba un grado de intensidad que provocaba graves consecuencias para la población civil, con un saldo de miles de personas muertas, desaparecidas, heridas, desplazadas, detenidas o psicológicamente afectadas.

Durante doce años, brindamos ayuda a la población salvadoreña, asistiendo a las personas desplazadas que huían de la violencia, evacuando a los heridos, prestando servicios de salud, visitando a personas detenidas, apoyando a los familiares de las personas desaparecidas, y recordando a las partes en el conflicto su obligación de proteger a los civiles de conformidad con el derecho internacional humanitario.

En 1992, con la firma del Acuerdo de Paz de Chapultepec, el CICR se retiró de El Salvador, dejando tras de sí un país lleno de esperanza para el futuro.

Sé que los recuerdos de la guerra civil siguen vivos en la memoria del pueblo salvadoreño. Más de la mitad de la población perdió por lo menos un familiar durante el conflicto, y unas tres mil familias siguen sin conocer el paradero de al menos uno de sus seres queridos. Sin embargo, mientras que el conflicto pertenece al pasado, hoy en día, los preocupantes niveles de violencia armada que se registran en el país, causan graves consecuencias humanitarias para miles de personas. Este problema no es exclusivo de El Salvador, sino que afecta a toda la región.

Por ello, el CICR regresó a El Salvador en 2012, para contribuir a prevenir y mitigar las consecuencias y necesidades humanitarias ocasionadas por la violencia armada. La responsabilidad principal de la respuesta a esta violencia incumbe al Estado pero, en alianza con los organismos de la sociedad civil y con organizaciones afines al CICR, podemos trabajar juntos para mejorar la vida de la población de El Salvador.

El CICR realiza actividades en beneficio de las personas que sufren las consecuencias de la violencia armada, en particular los familiares de los migrantes desaparecidos y de las personas que desaparecieron durante el conflicto armado pasado o la actual situación de violencia, así como también, las personas que corren el riesgo de ser captadas por los grupos armados.

Cientos de miles de jóvenes están atrapados en una espiral de violencia. Viven en circunstancias en las que la violencia armada les niega la oportunidad de desarrollar su potencial. En respuesta a ello, el Movimiento de la Cruz Roja crea espacios para la participación comunitaria en los que ayuda a las personas a hacer frente a la situación y lleva adelante actividades recreativas, educativas y psicosociales.

Para romper el círculo de exclusión y de violencia, hay que generar más oportunidades. De lo contrario, existe el riesgo objetivo de que estos jóvenes se transformen en parte del problema, sin saber cómo ser parte de la solución.

Sus cien años de experiencia trabajando en el ámbito de la detención, permiten al CICR llevar a cabo evaluaciones sobre el trato que reciben los detenidos y sus condiciones de reclusión, y colaborar con las autoridades para implementar medidas que garanticen el respeto de la dignidad humana. La Institución trabaja junto con las autoridades penitenciarias en muchos países, incluido El Salvador, para prestar asesoría técnica especializada acerca del derecho internacional y las normas internacionalmente reconocidas que protegen a las personas en detención. Las personas privadas de libertad son parte de la sociedad. Es fundamental velar por que sus condiciones de detención sean dignas: deben tener acceso al agua, a alimentos, a servicios de salud, educación y recreación, al trabajo y a la rehabilitación, y deben recibir un trato humano conforme con la ley, que facilite su rehabilitación y su futura reinserción en la sociedad.

Una de las principales actividades del CICR en el mundo, incluyendo a América Central, es la promoción del respeto por el derecho internacional humanitario (DIH) y otras normas que protegen a las personas en situaciones de violencia. Es esencial que las autoridades respeten las leyes en toda circunstancia.

El CICR despliega su misión exclusivamente humanitaria y apolítica en más de 80 países, en los que se esfuerza por prevenir y mitigar las consecuencias humanitarias de los conflictos armados y otras situaciones de violencia. Nuestra experiencia nos ha enseñado que la labor humanitaria se desarrolla mejor a través de un diálogo constructivo y confidencial con las personas afectadas, con las autoridades competentes y con quienes influyen en el destino de estas comunidades, un diálogo que promueve el respeto por la dignidad de las personas, independientemente de las circunstancias y de su pasado o su estatuto jurídico.

*Presidente del Comité Internacional

de la Cruz Roja (CICR).