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Vientos de cambio para recibir el 2016

Los resultados de las recientes elecciones en Guatemala, Argentina y Venezuela fortalecen la tesis de que el péndulo ha comenzado a oscilar en sentido contrario al populismo autoritario y antidemocrático

Una renovada corriente de optimismo empieza a recorrer a Latinoamérica, ya que tras la última década y medio el sol ilumina de nuevo en el Hemisferio. Los resultados de las recientes elecciones en Guatemala, Argentina y Venezuela fortalecen la tesis de que el péndulo ha comenzado a oscilar en sentido contrario al populismo autoritario y antidemocrático representado en el chavismo y que se ha comprendido bien la enseñanza del viejo proverbio chino: “Regala un pescado a un hombre y le darás alimento para un día; enséñale a pescar y lo alimentarás para el resto de su vida”.

Hay que capitalizar, no obstante, las lecciones aprendidas. La primera de ellas es que la clase media ha continuado ampliándose, por lo que hay un mayor grado de educación y de aspiraciones en la vida. El común de los mortales queremos que nuestros hijos partan desde donde nosotros pudimos llegar en la vida, y si bien no es función del Estado velar por la situación económica familiar de cada quien, sí lo es el establecer las condiciones necesarias para la creación de oportunidades.

La segunda es que siguen habiendo amplios sectores en pobreza extrema que necesitan ayudas focalizadas para sacarlos de la economía de subsistencia en que se encuentran; y sectores en pobreza que requieren oportunidades de empleo, pues, como enfatizaba el expresidente del gobierno español, José María Aznar, la creación de empleos es la mejor política social que existe. Por ello se vuelve importante cuidar la relación iniciativa privada-gobierno, porque es a través de la inversión privada grande, mediana o pequeña, de donde surgen estas oportunidades.

La tercera es que las ideologías importan cada vez menos. Lo que se demandan son gobiernos probos que cumplan la ley, respetando y fortaleciendo con ello la institucionalidad democrática, cuya base es el Estado de Derecho. Porque como decía el exprimer ministro británico Sir Winston Churchill, “la democracia es el peor sistema, con excepción de todos los demás (sistemas)”. 

La cuarta lección es que aun cuando soplen vientos de cambio, este no será automático. En cada país se continuarán tomando decisiones y se requiere humildad para escuchar y comprender las necesidades de la población para ser incluidas en planes de gobierno que logren hacer diferencia en el ciudadano promedio; candidatos que junto con los equipos que les acompañen motiven a que los cambios sean para mejorar, sustituyendo a los vendedores de ilusiones que han venido recorriendo el Hemisferio durante la última década y media.

En lo que a nuestro país respecta, tres años y medio en el poder le quedan al segundo gobierno del FMLN. Las encuestas con claridad indican la profundidad de la crisis en que nos encontramos, pocos podrán ganar —o sentir que ganan— con la realidad cotidiana en que vivimos los salvadoreños. Los entendimientos políticos entre ARENA y el FMLN, por básicos que sean, se vuelven indispensables a corto plazo ya sea para la elección del Fiscal General, la elección de miembros del CNJ o para la aprobación de préstamos que tanto requiere el gobierno.

Pero también entre empresarios y gobierno para darle viabilidad a la economía, y entre los diferentes sectores para convivir con un mayor grado de armonía. Esa es para mí la lección principal de la última década y media en el Hemisferio, que aplica también para El Salvador: el disentir con quienes piensan diferente no debe, desde ningún punto de vista, convertirse en enemistad. Que estos vientos de cambio nos den el aliento necesario para iniciar desde 2016, con renovados brillos, una mejora constante en la construcción del país que la mayoría queremos.
 

* Director Ejecutivo de El Diario de Hoy.