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Vida eterna a un hombre de bien que esta semana nos dejó

Murió con las botas puestas. ¡Misión cumplida! fueron dos frases que cerraron los discursos del hijo de Fernando Basilio Castellanos y del vicerrector de la Universidad Dr. José Matías Delgado, frente al féretro del Dr. Castellanos, como se conocía a este hombre quien falleció esta semana a los 96 años. En el funeral, el sacerdote que presidió la eucaristía, se refirió al difunto no solo como un hombre de bien sino además recalcó que había vivido de manera intensa hasta los últimos días de su existencia, incluso señaló que se preparó con tiempo para bien morir.

Tal como dice José Luis Muñoz, en el libro Mortalidad e inmortalidad en la literatura, "entre las muchas diferencias existentes entre los hombres, dioses y animales, tal vez sea su mortalidad, o mejor dicho, la forma en que estos tres tipos de seres se enfrentan a ella, la más significativa de todas. Dioses y animales adolecen de conciencia de muerte, los primeros porque no la padecen, y los segundos porque viven en un presente perpetuo y son incapaces de imaginar un futuro en el que ya no existan. Frente a la imposibilidad de unos para sufrirla y la incapacidad de otros para pensarla, el hombre se define como el único ser consciente de su propia muerte".

Sin duda, el Dr. Castellanos es un ejemplo pleno de los hombres que prepararon conscientemente su muerte a través de una vida intensa durante casi diez décadas; ciertamente fue así, todavía este año se le veía asistir diariamente a la universidad para desarrollar su trabajo como Secretario General.

En los últimos años se notaba el deterioro propio del paso de los años y el oído le jugaba malas pasadas a este hombre que nunca perdió la lucidez, la ponderación, la firmeza y el espíritu de servicio para llevar adelante una vida institucional dedicada a la educación, así como para fomentar, desde la experiencia personal, los valores propios de los hombres de bien: la honestidad, la sinceridad, el trabajo tesonero, la fidelidad a las personas que forman parte de un proyecto educativo.

A diferencia de lo que suelen ser otros hombres que están cerca del poder político, ya sea en su papel de funcionario, como abogado, como hombre de empresa o educador, el Dr. Castellanos se caracterizó en su vida cotidiana por tres virtudes básicas: una, la coherencia entre lo que se piensa y lo que se hace; dos, la rectitud en su actuar, y tres, el profundo respeto a la institución educativa, al proyecto educativo al cual perteneció por décadas.

Y no se trata de hacer elogios de una persona, después de muerta; no, ese no es el punto, la cuestión es que este hombre sencillo y de parco discurso personal, modesto en sus actuaciones, pero intenso en su labor diaria en su puesto de trabajo, es una muestra de que los hombres valiosos no solo son queridos sino también trascienden y se convierten en referentes para propios y extraños.

Se trata de un hombre consecuente, esto es que logra la coincidencia entre lo que hace y lo que piensa; ser claro y contundente, incluso muy disciplinado y hasta duro, es parte de la vida en la que los principios rigen el diario quehacer.

La fidelidad a una idea, a una empresa, a una persona, por ejemplo, siempre fue una característica del Dr. Castellanos, como también lo fue su rectitud en el ejercicio de su trabajo, de su responsabilidad al frente de la Universidad o cuando fue Viceministro de Trabajo en los años Cincuenta.

Ser recto también implicó para él comportarse como hombre respetuoso de las leyes y las normas sociales, morales y éticas, que trascienden los actos particulares.

Y, por si fuera poco, al igual que los clásicos de la Antigüedad, utilizaba la retórica en su relación con los demás, incluso reuniones de trabajo, levantaba la voz no porque se quería imponer sino solo para enfatizar, remarcar ideas y conceptos, como un recurso para trasladar con mayor claridad su mensaje, académico, profesional, humano. La retórica como disciplina o el arte del bien decir revelaba su intención de conmover, fijar, persuadir o deleitar. Cuando trataba de temas educativos destacaba lo que significa ser correcto, lo que es hacer patria, lo que es ser creyente. Es más, ante los cambios tecnológicos acelerados como el advenimiento de la Internet y la realidad virtual, el Dr. Castellanos era capaz de consultar a quienes sabían más de la cuestión y lograba abrirse paso por los intrincados cibercaminos.

¡Vida eterna a este hombre de bien!

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com