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Vía crucis de un asegurado adulto mayor

"Me espero de tres a cuatro meses para una consulta que dura breves minutos, a veces me recetan medicinas que no hay y tengo que comprarlas, me atiende un médico que no me contesta el saludo y no me da chance de preguntarle sobre mi enfermedad, como siempre me deja exámenes para los que debo hacer cola desde las cinco de la mañana para que me saquen la sangre, también tengo que hacer cola para recibir la consulta y, una vez me han atendido, de nuevo armarme de paciencia para perder otra hora para que me den las medicinas, de volada pierdo de cinco a seis horas cada vez que voy al Consultorio de Especialidades", relata con una mezcla de tristeza y enojo un asegurado que me pide no cite su nombre ni número de afiliación, porque si no logra que lo atiendan mejor, al menos no se expone a que le apliquen represalias por andar de pone dedo.

Y continúa: "Mire doctor estoy hasta considerando controlarme con un especialista privado, porque al menos me van a dar una cita para dentro de pocos días, el doctor me va a llamar por mi nombre, me preguntará qué síntomas siento, me explicará cómo salí en los exámenes de laboratorio, me dirá qué enfermedad tengo, me examinará acostado sobre un canapé, me orientará sobre las medicinas, cómo debo tomarlas y seguramente se va a despedir como la gente al finalizar la consulta, porque en el Seguro me doy cuenta de que la consulta terminó cuando el facultativo se levanta y sin decir media palabra ya no regresa".

Mi amigo es un asegurado de la tercera edad que se controla periódicamente en el Consultorio de Especialidades del ISSS, desde hace un par de años aproximadamente, el médico que lo atiende en todo ese lapso nunca le ha explicado cuál es su padecimiento ni cuál es el plan de tratamiento. Cuando le pregunta por los resultados de los exámenes solamente se encoge de hombros, no le contesta ni tampoco levanta la vista del expediente, como si este ultimo fuera más importante que el enfermo de carne y hueso que tiene enfrente. El galeno es de mediana edad, de rostro como esculpido en piedra, inexpugnable e inexpresivo que mantiene durante la consulta una actitud robótica y mecanizada. Ahí en la silla, le introduce el estetoscopio entre la camisa para auscultarle el pecho por breves segundos y luego interrumpe el silencio y le dice siempre sin mirarlo: "Ya vi su cuadro y los exámenes, siga con el tratamiento" y lo deja con dudas y la palabra en la boca.

En el ejercicio de la medicina es parte vital la comunicación médico paciente, porque permite desarrollar la fe y confianza del enfermo, lo que a su vez, coadyuva al tratamiento. Por otra parte, las notas de evolución, interpretación de exámenes y exploración física no deben faltar en el control de un paciente conocido como es el caso. De acuerdo con nuestro amigo, el galeno jamás le ha practicado una exploración física completa, ni siquiera le observa los tobillos para comprobar la presencia de edemas.

*Colaborador de El Diario de Hoy. Doctor en Medicina.