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La verdadera encuesta electoral

Este debería ser un tiempo de regocijo. La peor administración en la historia del país está llegando a su final. Las elecciones abren la puerta para que el electorado y los partidos políticos rectifiquen sus errores y elijan a un nuevo líder que dé una nueva confianza al pueblo y desencadene la inversión que ha estado entrampada por la incompetencia, las amenazas contra los inversionistas y la burocracia que han caracterizado a este Gobierno.

Los efectos de este regocijo deberían de sentirse ya en términos del desempeño económico del país porque es bien claro que los problemas económicos del país tienen un origen político. El poco crecimiento que ha caracterizado al país en este Gobierno se debe a que la inversión es muy baja, y la baja inversión se debe a incertidumbres políticas que desaniman a los empresarios de todos los tamaños. La ciudadanía tiene enormes cantidades de dinero depositadas en el sistema financiero, que no están siendo utilizadas por falta de la confianza en el país que es necesaria para la inversión. Tratar de atraer recursos si no hay confianza es absurdo. Sólo se puede lograr aumentando la deuda sin que aumente la producción, que es lo que este Gobierno ha hecho.

Para deshacer este círculo vicioso es necesario resolver el problema político, que es lo que tiene entrampado al país. Esto ya debería estar pasando, ya que la inversión depende de las expectativas. Si la gente creyera que este período de pesadilla está a punto de terminar, la inversión ya estaría aumentando, el país ya estaría creciendo.

Pero esto no está sucediendo. El estado de angustia se mantiene. La gente se vuelca hacia las encuestas para ver si tal o cual, zutano, mengano o perencejo va a ganar las elecciones, y para hacerse una idea de si el que gane resolverá los problemas que están deteniendo el progreso del país. Estas muestran que la situación no es esperanzadora. Pero la mayoría de la gente ignora la encuesta que más refleja el estado anímico del país: la situación de la inversión y el crecimiento económico. Los resultados de esta encuesta son contundentes. Es evidente que ni la situación política del momento ni los actores que prometen cambiarla en las elecciones están generando la esperanza real que es esencial para que haya más inversión y para que la economía comience a crecer nuevamente.

Como muestra de la profundidad del problema que nos aqueja, se habla de que lo que necesitamos es un nuevo plan económico. Es lo que siempre se ha hecho, con pobres resultados porque la naturaleza de nuestro problema fundamental es política, aunque se manifieste económicamente. Antes de enfrascarnos en otro carísimo ejercicio de planificación económica, que se sumaría a muchos ya elaborados y archivados, debemos de comprender que lo que necesitamos es un plan político para dar fuerza a las ideas de la democracia y el respeto a los derechos individuales, que genere un ambiente de seguridad legal y optimismo democrático que libere las inversiones ahora entrampadas por las amenazas y los insultos del Gobierno.

Dicho plan debe estar basado en un número pequeño de ideas poderosas emitidas directamente por el líder o candidato, y ser expresadas de una manera corta y sencilla para que el votante promedio las entienda. Sólo así pueden las ideas afectar los resultados de las elecciones. Los grandes líderes de la historia están ligados a una o dos ideas fundamentales, no a carísimos mamotretos producidos por "técnicos". Éstos nadie los lee.

Y, más que nada, debemos seguir atentamente los resultados diarios de la mejor encuesta que tenemos, el curso de la inversión y el crecimiento. Si estos no caminan, es claro que los candidatos no están generando la esperanza que deberían de estar generando. No estamos resolviendo nuestro problema sino haciendo cosas para sentirnos bien aunque las amenazas sigan creciendo. Igual que hace cinco años. Igual que siempre.

*Máster en Economía,

Northwestern University.

Columnista de El Diario de Hoy.