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Vaso de leche, vaso de leche con café, nada que ver con PISA

Los resultados del Programa para la Evaluación Internacional de los Alumnos (PISA), revelados la semana pasada, muestran una realidad que nos debería golpear no sólo a los salvadoreños sino a las mayorías en América Latina que no logran montarse en el tren de la educación y convertirla en un elemento estratégico para el desarrollo de nuestros países, inmersos en serios problemas de pobreza, marginación y poco crecimiento. De los diez países mejor evaluados, siete son asiáticos y, de los 10 peor evaluados, cinco son latinoamericanos.

En la prueba participaron más de medio millón de estudiantes adolescentes de 15 años, procedentes de 65 países, por supuesto El Salvador no participó en esta evaluación, pero sí lo hizo Costa Rica, el único país centroamericano al que le interesa este reto. PISA es importante, principalmente para las naciones en vías de desarrollo o desarrolladas porque, además de "medir" las capacidades, en esta ocasión lengua, matemática y ciencias, pone en remojo las "barbas" de los sistemas educativos de las diversas sociedades.

En este sentido, y esa es una de las cosas a las que poca o ninguna importancia damos en El Salvador, la mayoría de países que quieren alcanzar, o mantener los niveles de desarrollo, y con ello mejorar niveles de vida de sus habitantes, apuestan por la educación, pero no sólo como concepto sino también como un eje central de las políticas de Estado. Estas últimas implican operaciones específicas de mejora continua; una de ellas, es evaluar sus sistemas educativos, para lo cual ponen a prueba las competencias de sus alumnos cada dos años.

Insisto, los resultados de PISA, no sólo son una manera de "pavonearse" por los buenos resultados de los alumnos, sino además del sistema educativo de cada nación que sale bien evaluada o de "achicarse" por los malos números alcanzados. La evaluación permite aplicar una serie de medidas correctivas para mejorar los buenos resultados y corregir los malos resultados.

PISA muestra, en el caso de las matemáticas, la puntuación media, la cuota de alumnos con peores resultados y la cuota de alumnos con alto rendimiento; mientras que en lectura y ciencias se expone la puntuación media y el cambio analizado.

Un par de ejemplos: el mejor evaluado es Shanghai, en matemáticas con la puntuación media de 494; el peor evaluado, Perú, es de 368; la cuota de alumnos con peores resultados en matemáticas, Shanghai tiene 23.1 mientras que Perú 74.6 y la cuota de alumnos con alto rendimiento en matemáticas es de 12.6, mientras que Perú es de 0.6.

En el caso de Costa Rica, que está en el puesto 56, del total de 65, arriba de Brasil, Argentina, Colombia y Perú pero por debajo de Uruguay (puesto 55), México (puesto 53) y, el mejor latinoamericano, Chile, con el puesto 51, tiene en PISA el siguiente resultado: puntuación media 407, cuota de alumnos con peores resultados 59.9, cuota de alumnos con rendimiento alto 0.6. Las diferencias con Shanghai son abismales, pero al menos Costa Rica ha decidido poner su sistema educativo a competir y a someterlo a evaluaciones periódicas, lo que le permite tomar acciones correctivas de mejora y por supuesto no nos cabe la menor duda que, a mediano plazo, la educación costarricense será de mayor calidad y, por supuesto, mejor que la del resto de países centroamericanos que aún no se deciden a tomar en serio la educación y convertirla en eje fundamental, lo que va más allá de un gobierno.

Ahora, en El Salvador estamos más preocupados por ver quién ofrece más en la campaña electoral: vaso de leche ofrece uno, vaso de leche con café, ofrece otro, desayuno completo dice uno más, mientras que otro candidato promete clases de inglés y cien dólares a cada joven. Hasta se ha prometido una computadora por alumno y una universidad en línea, cuando todos sabemos, que no sólo hay limitaciones en el presupuesto, sino también se carece de una legislación adecuada que regule la educación virtual. Por otra parte, no existe la adecuada conectividad que abarque al país en su totalidad, como tampoco se tienen los maestros y la pedagogía apropiada para echar andar el tipo de educación 2.0.

Dicho en pocas palabras, tomar en serio la educación es clave y esto comienza con compromisos fácticos que nada tienen que ver con promesas electorales de poca monta.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com