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Y, usted, ¿también hizo cuentas del despilfarro?

A Dios gracias, la era Funes termina. Muchas opiniones que me han compartido coinciden en que el mayor despilfarro de su mal gobierno, ha sido la publicidad. Aunque llamarla "publicidad" es otra soberana mentira: publicidad sería dar a conocer las cualidades reales y los usos y beneficios esperados de un producto o servicio. Pero tratar de convencernos de que "la luna es queso" (comparemos el maravilloso SITRAMSS virtual versus el desastroso SITRAMSS real) es una vil estafa. Y lo digo sin ambages, ya que no soy diputada ni tengo un fuero que el pobre futuro expresidente quisiera quitarme.

En varias ocasiones, cuando era justamente criticado por su gestión, escuché al presidente escudarse en su alto índice de popularidad, defendiéndose así de los señalamientos recibidos. Efectivamente, para asombro de quienes vivimos de la realidad y no de la fantasía, las encuestas generalmente colocaban a Mauricio Funes con una aceptación cercana o por encima del 70%. Esto sólo podía lograrlo mediante una campaña permanente y masiva de propaganda a su favor, comprobando así la percepción ciudadana de que el gasto/despilfarro en ese rubro ha sido estratosférico. Pero, ¿fue efectivo? Mucho: para el presidente y sus mejores amigos. ¿Hubo beneficio económico? Inmenso: para su agencia de publicidad y para los medios de comunicación de sus simpatías (entre los cuales no figura El Diario de Hoy). ¿Y, qué trajo de bueno todo esto para El Salvador? Cero, absolutamente nada. Pero sí causó muchísimo daño.

Para El Salvador, Mauricio Funes ha dejado: la tragedia de haber sido el país líder de la región y haber perdido todo lo ganado, de acuerdo a los índices internacionales que miden el buen desempeño de las naciones; una deuda nacional gigantesca, casi tan grande como el ego del presidente; el incremento de la criminalidad a niveles de pandemia; el fortalecimiento y aumento de las maras, gracias a Munguía Payés, su ministro imprescindible y multifacético; "megaobras": "mega" en sus costos y "mega" en el caos que están causando; inauguraciones de lo que, ojalá algún día, sean proyectos bien terminados y en funcionamiento pero que, en la actualidad, todavía están inconclusos; monumentos por todos lados que, efectivamente, lo son: monumentos al ridículo, al mal gusto y al despilfarro. De todo esto y más quedan pruebas tangibles testimoniando el pésimo gobierno del presidente Funes.

Pero su peor legado es haber denigrado la investidura presidencial con su conducta. Puede hacer el ridículo, acusando de calumnia a los diputados Ana Vilma de Escobar y Roberto d'Aubuisson, puede señalar de corruptos a políticos del pasado, continuar sembrando odio contra el empresariado, pero no puede callar lo que, a todos los niveles, se comenta de él, dentro y fuera de nuestro país. Debería prestar oídos a refranes tan sabios como: "La única defensa contra la calumnia es vivir una vida tan limpia, que nadie la crea". Y otro: "Con la vara que midas, serás medido" (eso dice la Biblia y mi papá añadía: "y con una cuarta más").

Nos preocupa el siguiente quinquenio y existen dudas sobre el próximo gobierno, aunque también hay esperanzas de que la empresa privada será respetada y podrá trabajar como le corresponde. Pero, hoy por hoy, celebremos jubilosamente poder decirle "salú" a Mauricio Funes. Le guste o no le guste.