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El uso de la propaganda presidencial en la campaña proselitista

Tres hechos, entre otros, que se han producido durante la actual gestión sientan un pésimo precedente y nos hacen volver a un pasado supuestamente ya superado: el empleo de la propaganda oficial para apuntalar la propaganda electoral de un partido político; la presión que por naturaleza ejerce la Presidencia para "hacerse invitar" a los programas de entrevistas en televisión, y, tres, la pérdida de la credibilidad que, en principio, tiene o debería tener todo funcionario. Los tres hechos son ejemplo claro de cómo no hacer las cosas si queremos un gobierno integrado por funcionarios probos y transparentes.

Permítanme explicarme.

La campaña proselitista, iniciada con más de un año de antelación y tolerada por el TSE incumple la ley y se ha caracterizado, por lo menos la oficial, la del FMLN, por entrelazar la propia propaganda del partido, clara, positiva, bien orquestada y colorida, con la de Alba Petróleos que brinda la "dimensión de la empresa social", ocultando la mala relación que el Gobierno guarda con el sector privado; esto se fusiona, asimismo, con la presencia del Presidente por dos vertientes: por un lado, la propaganda haciendo ver "las buenas obras del Gobierno" y, por otro, poniendo en la agenda temas conflictivos y de denuncia, por ejemplo el caso del expresidente Flores y los señalamientos de corrupción en los 20 años de gobierno arenero.

Desde hace varios meses he analizado este fenómeno político-partidista que, en las últimas semanas, ha adquirido dimensiones abrumadoras, a tal grado que, el mismo día de los comicios, al mediodía, de manera grosera, decenas de spots televisivos invadieron los diferentes canales de televisión, "promoviendo las buenos cambios del Gobierno". El TSE, poco antes de que finalizara la votación, suspendió la racha de anuncios televisivos que, por momentos, impedían, estorbaban, la cobertura noticiosa que los canales hacían "de la fiesta cívica".

Una pregunta y una hipótesis: ¿Cuánto costó este alud proselitista el día de las elecciones, claramente financiada con fondos gubernamentales? Es probable que nunca sepamos no solo el precio de esta medida, sino también de toda la campaña que, por meses, ha desarrollado el gobierno del "cambio".

En cuanto a la razón que les indujo a hacerlo, no cabe duda de que se trató de un distractor que pretendía ahuyentar a los potenciales votantes televidentes quienes, disgustados, apagaron sus televisores y que, por supuesto, no acudieron a las urnas. Los electores efemelenistas ya habían votado por la mañana. Eso explicaría, en parte, que existen otras razones, a lo mejor de mayor peso, que propiciaron la baja votación de ese día.

Otro mal precedente, que por cierto lo padecí personalmente en tiempos de los gobiernos militares, es cuando se recibía la llamada de algún coronel, en el pasado, y ahora del Secretario de Comunicaciones o del mismo Presidente, para entrevistar en un programa especializado al gobernante quien, además de llegar tarde se extiende más allá del horario establecido. Sé que de manera oficial ningún entrevistador ni canal de televisión confirmará este inaudito hecho, sin embargo, ninguno lo podrá negar porque así son las cosas.

Un tercer punto, el que me parece más grave y de profundas consecuencias para el desarrollo de la comunicación oficial en el futuro: tanto el Presidente como su flamante Secretario de Comunicaciones han dicho a diestro y siniestro que el gobernante no iba en el lujoso Ferrari del año que se estrelló, el pasado martes, en los alrededores de Casa Presidencial y, para darle mayor "fuerza" y tratar de detener la avalancha de dudas, señalan que están dispuestos a suscribir una declaración jurada sobre los hechos. Parece que la palabra no basta.

El gran error político de Bill Clinton, en ocasión de su amorío prohibido con Mónica Lewinsky, fue el haber mentido. Casi le cuesta la Casa Blanca; pero por lo general, una fuente oficial se presume tiene "palabra" y no necesita hacer una declaración jurada para que se le crea, excepto cuando hay indicios de lo contrario o hay casualidades y coincidencias como que el aparatoso accidente, ocurre cerca de Casa Presidencial y un día después el Presidente es sometido a una cirugía mayor de cadera, fruto de una supuesta caída "mientras se amarraba los zapatos". Y, vale decir que, hasta la fecha, se desconocen los motivos del viaje a Panamá para visitar al presidente Martinelli, y no lo encontró.

*Editor Jefe de El Diario de Hoy.

ricardo.chacon@eldiariodehoy.com