Lee la versión Epaper
Suscríbase
Lee la versión Epaper

Usando las herramientas de la democracia para destruirla

¿Qué pensar de un expresidente que no da respuestas sobre el uso de fondos provenientes de donaciones? ¿De un presidente que ha utilizado tanto su cargo, como recursos del Estado, para favorecer al partido oficial, con el fin de lograr la permanencia de éste en el poder?

En la visión de un país moderno y democrático se presupone que tanto los ciudadanos, como los funcionarios públicos, cumplen con la ley y cuando alguien la transgrede, las instituciones están listas para poner orden. De igual manera, se presupone que el actuar de los funcionarios se legitima ante la ciudadanía a través de la rendición de cuentas y la transparencia. Pero, ¿es esto lo que hemos visto en el país?

Hemos visto cómo la lucha contra la corrupción ha tenido en los últimos meses un gran realce; desafortunadamente, estando en un contexto electoral, ésta ha sido utilizada como herramienta de manipulación política. También hemos visto el uso ilimitado de recursos públicos que ha hecho la presente administración en publicidad.

Ante ello, hemos tenido un TSE que será recordado por su parcialidad en favor de este abuso de la Presidencia, permitiendo la divulgación de propaganda en beneficio del FMLN hasta el propio día de las elecciones, ante los sorprendidos ojos de observadores internacionales. Esto condujo a que la OEA hiciese un llamado al TSE para que ejerciera control sobre este tipo de intervenciones, buscando corregir dicha situación y asegurar confianza en la segunda vuelta electoral. Recientemente se impuso una multa tardía e irrisoria, pero la propaganda continúa.

La Constitución es clara al prohibir que los funcionarios y empleados públicos se prevalezcan de sus cargos para hacer política partidista. El presidente Funes, así como varios miembros de su gabinete, han violado flagrantemente estas disposiciones. Recordemos que las elecciones deben darse en condiciones de equidad.

Se espera que las instituciones funcionen y que hasta el presidente, pasado, presente y futuro, de cualquier signo político, se someta a la ley. Nadie está por encima de ella en un Estado de Derecho.

Por otro lado, a pesar del intento de manipulación numérica del TSE, la realidad es que ha habido una reducción del nivel de votación desde 2009, debilitando el proceso democrático. Se han escuchado voces de jóvenes cansados de politiquería, desesperanzados de la política, lo cual es uno de los desafíos más importantes para incentivar el voto.

El problema de los partidos políticos que ahora van a la segunda vuelta, ARENA y FMLN, es que en ninguno ha permitido democracia interna. El argumento es que se debe propiciar la cohesión del partido y tal vez más adelante se darán las condiciones adecuadas. Este es el pecado original de ambos. Las cúpulas deben entender que existen contradicciones y tensiones dentro de cada partido, pero sólo cuando se crean mecanismos democráticos internos, éstas pueden ser superadas, fortaleciendo así sus agrupaciones políticas. Al no resolver las diferencias internas, tratan de esconderlas, pero sólo por un momento, para luego surgir de formas desordenas y autodestructivas. Los actuales partidos no han sabido canalizar sus fuerzas renovadoras, más bien las han desestimado.

Graves amenazas se ciernen sobre el país, al debilitar las instituciones mediante manipulaciones políticas y actuaciones poco transparentes. Se ha violado la Constitución en forma sistemática y se acecha a la Sala de lo Constitucional. Todo parece indicar que la reforma constitucional es sólo un tema de aritmética política, buscando cambiar las normas pétreas.

Es muy peligroso utilizar mecanismos democráticos para cambiar elementos esenciales de una democracia. Los discursos hablan de respeto a la Constitución, pero ciertas actuaciones dicen otra cosa. El desafío se presenta cuando se utilizan elementos de la democracia para debilitarla. Hemos visto cómo representantes del FMLN proponen introducir el referéndum; una figura que en nuestro contexto resultaría un experimento, con altas posibilidades de manipulación, cuyo uso en forma acomodaticia posibilitaría a unos perpetuarse en el poder. Ya lo hemos visto en otros países cercanos.

Los embates que empezaron desde el Decreto 743, han debilitado la institucionalidad. El proceso electoral ha develado aún más debilidades. La izquierda populista está a punto de lograr grandes triunfos usando herramientas de la democracia para debilitarla y finalmente tomársela.

Realicemos que esta es la realidad actual. Tomemos un tiempo para reflexionar y en conciencia, adoptar las mejores decisiones. El 9 de marzo es una gran oportunidad para escoger el rumbo que seguirá la democracia en nuestro país.

*Columnista de El Diario de Hoy.