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Urge una política de país

Ya es hora que la clase política madure y deje a un lado sus diferencias personales o ideológicas y apuesten por resolver juntos las cuestiones que afectan a la población

Han pasado once días desde que cesó en el cargo el exfiscal general de la República, sin que a la fecha exista claridad, algún tipo de acercamiento o un compromiso de los partidos políticos de sentarse a evaluar a los mejores perfiles que puedan desempeñar el cargo de abogado del Estado. La no afiliación partidaria a una fracción política ha sido probablemente la única discusión sobre criterios técnicos que ha salido a la luz, donde cada partido (e incluso cada diputado) ha dejado en entrever la falta de acuerdo y el desinterés de evaluar cuestiones tan importantes como la meritocracia y la honradez notoria. 

El desacuerdo entre los diputados para elegir fiscal general, sobretodo entre los dos partidos mayoritarios, ha sido el pan nuestro de cada día desde hace varios años. Quizá la voluntad política de alcanzar consensos se acabó con los Acuerdos de Paz, y desde esa fecha no han cesado las confrontaciones por cualquier tema, casi que solo porque sí y sobretodo por la no pertenencia a un mismo partido o ideología. En los últimos años hemos visto que los acercamientos han sido entre un partido grande y uno con poca representación, que muchas de las veces se muestran sin rumbo y principios definidos.

Los ciudadanos estamos cansados de observar los constantes pleitos entre los diputados de las fracciones mayoritarias. A la generación postconflicto armado, quienes poco recordamos o no vivimos esa trágica época de nuestra historia, ya no nos convence el discurso de odio a quienes pertenecen a distintas ideologías. Nosotros, que ahora ya llegamos a la edad adulta, consideramos totalmente válido que cada quien ejerza, pero sobretodo respete, distintos principios ideológicos. Pensar distinto no significa que no podamos tener objetivos afines y trabajar juntos por el desarrollo del país; es imposible pensar que quienes representan a la mayoría de los salvadoreños no puedan encontrar puntos o fines en común por los cuales sentarse a dialogar y trabajar de manera conjunta. 

En una época tan complicada para El Salvador, donde tenemos problemas que aquejan a la población en casi en cada uno de los temas prioritarios del país (económico, social, seguridad, salud, educación, transporte, etc.), ya es hora que la clase política madure y deje a un lado sus diferencias personales o ideológicas y apuesten por resolver juntos las cuestiones que afectan a la población. Si el propósito de un diputado es representar al pueblo, pues es hora que le den prioridad al diálogo, consenso y trabajo unificado, porque eso es lo que necesitamos y queremos los salvadoreños.

La elección de un buen fiscal general puede ser el inicio de un acercamiento que solo traería cosas buenas al país. Enfocarse en resolver cada uno de los problemas en los distintos ámbitos de la sociedad no es una cuestión exclusiva de la derecha o la izquierda, sino algo en que todos podemos colaborar (políticos, sociedad civil, empresarios, cuerpo diplomático) y que nos debe unir como país para salir adelante. Con la idea de minimizar o excluir a quienes tienen diferente ideología no vamos a llegar a nada, ya que eso solo se traduce en la intención de invisibilizar el hecho que la sociedad, hoy por hoy, está dividida en dos partes. Esa postura no nos va a sacar de la crisis ni ayuda al desarrollo del país; a pesar de que la mitad de la población pertenece a una postura ideológica, y el resto a otra, de alguna manera tenemos que aprender a hacer convivir los distintos pensamientos y posturas de quienes vivimos en este país.
 
El llamado es a todos los políticos de las distintas fracciones legislativas, sobretodo a los miembros de las dos fuerzas políticas mayoritarias, que dejen a un lado los intereses personales, los compromisos políticos, los caprichos, las vendettas, etc., y presten su voluntad a construir un acuerdo de país que sea capaz de elegir honrados y competentes ciudadanos para los puestos claves, como la Fiscalía General de la República, además de aprobar leyes adecuadas y conducir juntos a El Salvador por un buen camino. Parece una utopía, pero con un poco de voluntad se pueden lograr grandes cosas. Los ciudadanos salvadoreños se los agradeceremos.
 

*Columnista de El Diario de Hoy.