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Urge superar la división que nos tiene estancados

Con la división ?halfa-halfa? electoral y la poca credibilidad en los políticos e instituciones, un verdadero cambio en la construcción de la paz se pide a gritos por la forma que se lleva a cabo la política salvadoreña. La polarización es como una extensión a la guerra civil, y esto no permite al país salir adelante. Los recursos de las principales dos fuerzas se agotan en dividir, y ningún lado puede trabajar positivamente en resolver los problemas que atañan a la población. En esta guerra no hay disparos, pero sí se sacrifican vidas, oportunidades y muchas otras cosas.

El objetivo de la guerra política es el control del Estado y el manejo de su millonario presupuesto, que se financia con nuestros impuestos y que se mal gasta sin consciencia y sin mayores consecuencias. Para lograr la victoria se hace de todo: mentir, difamar, desviar fondos, abusar de los poderes del Estado, comprar voluntades, negociaciones oscuras y prácticamente cualquier artimaña que se pueda utilizar en contra del adversario, sin consideración al detrimento que implique al país. Lo vemos a diario y se permite, porque el sistema jurídico es débil, porque no hay acuerdos básicos aceptados por la sociedad que se respeten, y porque no se aplican parámetros de medición estándar, que permiten evaluar objetivamente a los gobiernos y a los políticos. Todo es subjetivo.

Cada nuevo gobierno entra con su propio plan, y luego presentan sus resultados y cifras manipuladas a su conveniencia. Meten propaganda al tope (a costo nuestro) para decirnos que las cosas están bien, cuando en realidad no es así. Repiten mentiras muchas veces para que algo se quede. Ahora hasta hacen rendiciones de cuentas anuales para dar la ilusión de transparencia. Por supuesto que salen bien los evaluados, ¿cómo no, si al final son juez y parte?

Un buen trabajo se reconoce y no requiere tanta fanfarria. Sin embargo, para ganar popularidad y votos los políticos recurren a costosas estrategias y planes de comunicación para así manipular la opinión pública. Sus asesores expertos saben cómo llegarle a las grandes audiencias con gran efectividad de convencimiento "por unos dólares más". El sistema democrático no es perfecto y por su naturaleza permite cosas que se prestan para el abuso político, y esto molesta a algunos, a otros los confunde y a otros les conviene. Todo es subjetivo.

Lo único que da esperanza, luego de lo anterior descrito, es la fuerte corriente de participación de jóvenes y personas que antes estaban apartados de asuntos políticos, que han demostrado su capacidad de revolucionar tendencias y balancear resultados para el bien. Hay caras y organizaciones civiles nuevas que están generando entusiasmo y cubriendo lo que han descuidado los partidos políticos. Realizan un servicio y defensa auténtica a los intereses de la gran mayoría de personas atrapadas en medio de la guerra y que sólo comparten su costo. Esta mayoría no recibe ningún beneficio de la polarización. Por eso, la tarea prioritaria que queda después del 9M es superar la división que nos tiene estancados. Los nuevos jugadores tienen mucho qué aportar porque no están viciados y pueden provocar diálogos para lograr acuerdos básicos entre los distintos sectores. Sólo con mentes abiertas y dispuestas es posible definir un "Plan de país" que sea aceptable para la mayoría.

Una nueva forma de plantear las metas, de exigir y de medir el trabajo público, debe servir como base para que los nuevos gobiernos den mejores resultados. Esto puede ser el aporte de los líderes que están surgiendo. La política salvadoreña necesita paz y se tiene que enderezar para dar un rumbo al desarrollo, para incentivar la eficiencia, para sacar la basura, para garantizar estabilidad y para disminuir los riesgos cuando hay alternancia. Cuando esto se logre, una elección no implicará tanto drama. Cambio de gobierno será solamente una rotación de gerentes y no cambio de dueño. Ojalá que esta corriente suba como espuma y sea lo que marque los próximos 5 años. Es necesario que se dé la oportunidad para que tome su lugar "la gran mayoría" (el centro) que anhela un mejor país, un país unido.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

luis@elsalvador.com