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Urge recuperar el agro del caos

Superar el rezago y estancamiento económico al que hemos sido sometidos, el cual nos está llevando a experimentar en carne propia consecuencias que nos ubican entre los últimos lugares en la región centroamericana, se ha convertido en uno de los principales retos a superar. Si nos comparamos con Latinoamérica, nuestras calificaciones reflejan bajo crecimiento, la menor tasa de atracción de inversiones y altos niveles de pobreza. El golpe se resume en falta de oportunidades de empleo.

Se suma a esta situación el hecho de contar con un gobierno que no ha sido capaz de establecer un puente con el sector privado, para que éste juegue su rol de dinamizar la economía de una manera conjunta con el gobierno. Por el contrario, el gobierno es signo de una pobre administración de los recursos, lo que le imposibilita garantizar y brindar a los salvadoreños sistemas educativos y de salud eficientes, que promuevan la inversión, una mejor infraestructura y garantice los servicios básicos al ciudadano.

Es de destacar que para avanzar en la construcción de un plan de nación se debe trabajar coordinadamente, en equipo, el gobierno con todos los sectores involucrados. Podemos ejemplificarlo en el sector agropecuario: tanto productores individuales como asociados, proveedores de productos y servicios, ONG, comercializadores, agroindustriales, en fin, todos; entienden que si no se unen en una sola voz, su relevancia y desempeño se desvanecen.

¿Y por qué apostarle al agro en un buen plan de nación? Debido a que el sector agropecuario es un motor dinamizador natural de la economía, aporta un importante valor agregado por dólar invertido, resaltando el punto de vista económico, social, ambiental y especialmente, por su contribución a la seguridad alimentaria del país.

Datos oficiales señalan que en la zona rural se concentra el 50.2% de la pobreza del país, por lo que generar confianza al sector privado para dinamizar las inversiones en el sector rural debe de ser una prioridad.

Actualmente el sector agropecuario ampliado, integrado por la parte primaria y la agroindustria aporta alrededor del 22% del PIB, genera más de 650 mil empleos directos y miles de empleos indirectos. Lo que se suma US$900 millones en divisas.

Un buen diagnóstico del sector agropecuario nos debe dejar claro cuáles son los factores externos como internos que afectan el desempeño sectorial. A nivel externo, estamos influenciados por el precio del petróleo y los fertilizantes, por los precios internacionales de los insumos básicos para la producción como maíz, soya y trigo, y por los precios internacionales del café y azúcar. Además, por la vulnerabilidad climática, exigencias sanitarias y de inocuidad de los principales socios comerciales, así como las condiciones de oferta y demanda.

A nivel interno, vemos un agro sin liderazgo, han desfilado tres ministros en tan importante cartera de Estado. Y lo peor es que se les acabó el tiempo y no se ve el despegue del agro, reportando un bajísimo nivel de crecimiento en este periodo de gobierno.

Por otra parte, no existe una política sectorial definida que estimule la producción primaria y agroindustrial; contamos con instituciones débiles como el MAG, CENTA, ENA e ISTA, descuidándose la política de asistencia técnica y de investigación. Como resultado, tenemos baja productividad y altos costos de producción, abandono de infraestructura productiva agropecuaria, entre ésta los distritos de riego públicos y privados. La delincuencia y falta de oportunidades reales que han hecho emigrar a la ciudad y extranjero a nuestros jóvenes, termina de remachar este caos.

En tal sentido, urge una propuesta seria de desarrollo agropecuario y agroindustrial y medidas transversales que impacten el agro, y medidas subsectoriales, para recuperarlo del rezago económico.

*Colaborador de El Diario de Hoy.

resmahan@hotmail.com