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Una vocación especial

El joven médico examinaba con su estetoscopio el tórax del paciente, un hombre de avanzada edad con un cáncer pulmonar. Al llegar a cierta área se quedó quieto, tratando de concentrarse todo lo posible. Su rostro cambió y en un impulso gritó “mierda”, dando un taconazo al piso que resonó en toda la sala. Al ver la expresión de sorpresa del paciente se sintió avergonzado. Le pidió disculpas por su exabrupto y le explicó que había detectado un derrame pleural, signo de que el cáncer había avanzado y que las cosas se estaban complicando. El paciente le dirigió una mirada benevolente y le sonrió. “No se preocupe, doctor” -−le dijo-− “eso para mí indica que le importo”.
Esta historia, narrada por un célebre médico, pionero en medicina de cuidados paliativos, ha permanecido en mi memoria durante muchos años, y la repito a cada generación de estudiantes de medicina con quienes me toca compartir conocimientos y experiencia. Me parece importante ya que nos señala, más allá de lo aparente y de las formas, el interés y los sentimientos de los médicos con vocación por sus pacientes.
La Medicina es una profesión difícil. El largo camino que se recorre y la inmensa cantidad de información que se asimila son solo una parte. Existe asimismo un enorme desgaste físico y emocional. El lidiar día a día con el dolor humano, el enfrentarse con el sufrimiento y con la muerte, no es fácil. Requiere de una fortaleza que no cualquiera tiene.
Ante la pregunta si el médico nace o se hace la respuesta es: ambas, pero lo primero más que lo segundo. Por supuesto que deben adquirirse los conocimientos y las destrezas necesarias, pero el solo hecho de estar conscientes de que esta adquisición supondrá una alta dosis de entrega ya indica una actitud especial. Hay personas que nacen con una propensión a ayudar y también hay algunas que tienen el don de curar, una naturaleza que no se aprende con los libros.
El médico comienza a formarse mucho antes de entrar a la universidad. La vocación se inicia en la niñez y el tiempo le va dando forma. Es algo que se trae. Solo la vocación explica el sacrificio al que se está dispuesto. 
Cuando entrevisto a los aspirantes a médicos siempre les hago la pregunta: ¿Está usted consciente en lo que se está metiendo? Y me conmueve cuando dicen, tal vez con un poco de ingenuidad pero con mirada firme: “Sí”. Me quedo pensando en todo lo que les espera y en su determinación. Porque la Medicina, a la vez que da muchas e inestimables satisfacciones, también produce a veces frustración, penas, y hasta desencanto. Al trabajar con la materia más delicada de todas, los seres humanos y su salud, las expectativas son muy grandes, y las críticas necesariamente surgen. Se pueden hacer quinientos procedimientos exitosos y fallar uno, pero solo este error se nota, los éxitos se olvidan. Eso es duro, muchas veces injusto, pero es parte de la vida del médico. 
De los muchos colegas que conozco, personalmente o por su trabajo, admiro a la mayoría. Siempre hay casos de algunos que no podría tomar como ejemplos, pero son los menos. A todos los colegas que aprendieron a mantener el lado humano a pesar de las dificultades, a los que sabían en lo que se metían y han cumplido, les deseo hayan tenido un feliz Día del Médico.


*Médico psiquiatra.
Columnista de El Diario de Hoy.