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Una tortilla a 10 colones

Volver al Colón, junto con la nacionalización de las pensiones, serían dos de los más grandes errores de política económica que se hayan cometido en la historia de El Salvador

Semanas atrás, el Secretario Técnico de la Presidencia brindó declaraciones en una entrevista televisiva, sobre la posibilidad de “volver al Colón”, es decir, al uso de lo que era nuestra moneda nacional antes de la dolarización; acción la cual se enmarcaría dentro de una “estrategia” económica del Estado a efecto de paliar la insostenible situación de las finanzas públicas.

Al regresar al Colón, el Estado salvadoreño volvería a tener el control de la “máquina de hacer dinero”, que es una forma bastante precisa para describir la nefasta acción que se esconde detrás de elegantes expresiones tales como “política monetaria” y “soberanía económica”.

Lo cierto es que al regresar al Colón, los salvadoreños volveríamos a vivir la zozobra que vivimos durante la década de los ochentas, en donde a la par de las balas, las bombas, los secuestros y las consecuencias de la reforma agraria, vivíamos bajo la posibilidad que los ahorros de toda una vida desaparecieran de un plumazo, en caso de que ocurriese una devaluación, o que simplemente tu sueldo no te ajustara en tu próxima visita al supermercado. 

La “devaluación de la moneda” no es otra cosa más que una reducción en el valor de la moneda de un país en el mercado externo. La fuerza de dinero puede fluctuar de forma independiente o intencionalmente, pero independientemente de la causa, la devaluación de la moneda es perjudicial en muchos aspectos. Está claro que la devaluación de la moneda, estimula la inflación en los países en que ha ocurrido, siendo el caso más emblemático, por lo catastrófico de los efectos que ha tenido la devaluación en los precios de los bienes de canasta básica, la situación que está viviendo Venezuela, en donde la inflación alcanza, según cálculos del FMI para el 2016, en el astronómico porcentaje del 720 %. 

Mientras que una moneda fuerte es buena para la imagen de un país, la moneda devaluada puede tener el efecto contrario. Cuando la moneda de una nación pierde su valor, su economía parece más débil, lo que afecta su crédito internacional no solo en relación a la posibilidad que tiene el Estado para obtenerlos, sino a favor del sector empresarial-productivo, ya que cuando esto sucede, los inversionistas son renuentes a invertir su dinero en economías con monedas débiles. El resultado final es que a un país con moneda devaluada le será más difícil obtener inversionistas extranjeros, lo cual obviamente incide en la creación de puestos de trabajo y redunda en una disminución en la tasa efectiva del pago de impuestos para el Estado, solo por mencionar dos efectos negativos derivados de fuga de inversionistas.

Países con moneda propia que han caído en espirales incontrolables de inflación, tales como Argentina y Venezuela, generan entre los ciudadanos una nula o poca confianza en que la moneda nacional mantenga su valor, lo cual no estimula el ahorro sino que promueve el gasto inmediatista, ya que el consumidor promedio considera que de nada sirve ahorrar en “pesos” si al final de cuentas, por la devaluación de la moneda, simplemente los acabas perdiendo, así que lo lógico es: tan pronto se recibe el salario, se cambian los pesos por dólares (moneda de valor más estable) o bien se procede a gastarlo inmediatamente, provocando que ante una mayor demanda de bienes y servicios y poco ahorro, los precios tienden a subir, generando consecuentemente una mayor inflación, creando de esa forma un circulo vicioso que culmina con un error aún peor: control de precios. El resultado es previsible: anaqueles vacíos en los supermercados y desabastecimiento en general. Ya lo vivimos nosotros durante la década de los ochenta en El Salvador, ahorita lo están viviendo nuestros hermanos venezolanos.

En mi cuenta de Twitter @MaxMojica, lleve a cabo una pequeña encuesta sobre qué pensaba la población salvadoreña sobre un posible regreso al Colón. Los resultados fueron interesantes: De 677 votos, 83% votaron que estarían en desacuerdo respecto a un posible regreso al Colón, mientras que un 17% votó que sí estaría de acuerdo, lo cual demuestra que una vasta mayoría de ciudadanos, aún sin ser economistas, son muy realistas en apreciar la potencial catástrofe que implicaría que un gobierno que no puede controlar su gasto excesivo, posea la llave para encender la máquina para imprimir moneda. 

Volver al Colón, junto con la nacionalización de las pensiones, serían dos de los más grandes errores de política económica que se hayan cometido en la historia de El Salvador, el cual quedará enteramente en la conciencia de aquellos funcionarios que por ignorancia, pasividad o intereses creados, promuevan, voten o aprueben semejantes adefesios legales que afectarían directamente el bolsillo de todos los salvadoreños. Que les quede claro: ¡en El Salvador no queremos tortillas a diez colones! 

*Abogado, máster en Leyes.