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Una sugerencia al inicio del nuevo gobierno

El gobierno que se inauguró el domingo 1 de junio tiene características que debemos tomar en cuenta y que no repetiré, dado que analistas, medios de comunicación, políticos, iglesias y académicos nos las han dado a conocer ampliamente durante toda esta semana. Me centraré en el que, aparentemente, será el lema de Sánchez Cerén: "Unidos crecemos todos". Una máxima sabia que, esperemos en Dios, sea también verdadera. Una máxima que, a este momento, es ineludible; una máxima de efectos ventajosamente comprobados en otros lares y que, por desgracia, el expresidente Funes practicó al revés, sembrando odio, envidia, división y malestar general, lo que resultó en un quinquenio perdido.

Si de verdad el nuevo gobierno pretende hacer realidad la frase escogida por ellos como su distintivo, todos, sin excepción --pero con prudencia y conservando nuestros principios-- debemos acompañarles en su empeño. Y tengo una sugerencia para dar un primer paso que facilite el camino, largo y difícil, que nuestro país tiene por delante.

En las postrimerías de la incalificable "era Funes", se le reconocieron muy pocos aciertos. En cambio, las instituciones privadas ---gremiales, universidades, ONG, analistas independientes y el partido ARENA, por la oposición--- hicieron graves críticas a la situación nacional, analizaron a fondo cómo está nuestro país e, incluso, hubo propuestas para encontrar soluciones. Mi sugerencia es que alguna institución independiente, de prestigio, o varias de ellas, trabajando en equipo, recopilen toda esa información, positiva y negativa, sin descartar ninguna, y se presente al nuevo gobierno una especie de "matriz" que, de un vistazo, les haga ver en dónde estamos parados, lo que debe corregirse, qué debe implementarse y cuáles soluciones aplicar.

Para realizar esta matriz, abundan las instituciones con la capacidad y prestigio necesarios. Pero, ¿estará el nuevo gobierno dispuesto a una radiografía tan detallada y a un diagnóstico público tan grave?

Por su propio bien, debería estarlo. Este gobierno debe comprender que, quienes no votamos por ellos (la mitad de los votantes), tomamos nuestras decisiones buscando lo mejor para El Salvador; somos gente pensante, conscientes de que, muy por encima de nuestras simpatías políticas, está nuestro país y es nuestro deber salvarlo, para las actuales y futuras generaciones. Pero, para saber qué hacer, debemos conocer la verdad y, sobre ella, cimentar nuestros esfuerzos.

Además, Sánchez Cerén tiene sus propios pecados y no debe cargar con los de Mauricio Funes. Debe admitir que su partido, apoyando al peor presidente de nuestra historia, ha hecho ya mucho daño, pero una actitud de reconocimiento y enmienda, aglutinaría a partidarios y opositores para la consecución del bien común. A mi entender, ninguna otra acción podría enviar una señal más clara sobre las buenas intenciones del nuevo gobierno, como aceptar algo similar a esta sugerencia.

Esto conviene también al sector privado y a la oposición, porque habría un documento sobre el cual cada quien tendrá que adquirir y cumplir determinados compromisos y se contará con una herramienta adecuada para darle el seguimiento necesario, corrigiendo el rumbo cuando sea preciso.

Los salvadoreños no necesitamos ni queremos más ministerios, mucho menos más préstamos, impuestos y leyes imposibles de cumplir. Queremos que funcione bien lo que ya tenemos, que haya respeto, trabajo, educación de calidad, salud, buenos servicios públicos, seguridad física y jurídica para, efectivamente, hacer realidad nuestro lema nacional: Dios, Unión, Libertad.

*Columnista de El Diario de Hoy.